Las Provincias

«Quiero ser independiente, pero en Tavernes hay muchas barreras arquitectónicas»

  • Vicent Montagud hace fotos de las calles de la Vall para denunciar los obstáculos que le impiden desplazarse en silla de ruedas

Vicent Montagud Martí es un vecino de Tavernes de la Valldigna que desde hace más de nueve años padece una movilidad reducida y tiene que desplazarse por el municipio en una silla a motor. A sus 54 años, Vicent se muestra como un ejemplo de luchador y por ello se ha propuesto poner de manifiesto las múltiples barreras arquitectónicas que tiene la ciudad vallera. «No lo hago sólo por mí, lo hago por mis vecinos, especialmente por la gente mayor y quienes tienen movilidad reducida», aseguró.

No es raro verlo con su silla de ruedas por las calles de Tavernes: «Quiero ser independiente, pero tal y como está el pueblo es muy difícil. Quiero servir para algo. Mis hijas no quieren que cruce la carretera porque tienen miedo, pero yo soy valiente y quiero sentirme útil», remarcó el vecino lleno de coraje.

Con una cámara fotografía en mano capta las barreras arquitectónicas que encuentra a su paso. El objetivo es que la gente y los políticos tomen conciencia de las dificultades a las que se enfrenta la gente condenada a ir en silla de ruedas y que se vayan subsanando.

En esta particular cruzada, familiares, vecinos y amigos le apoyan. Montagud vive en la calle Buenos Aires, una de las vías más elevadas del casco urbano. Cada día baja con su silla motorizada sorteando barreras que se convierten en un peligro para su integridad física. Quiere seguir adelante, ir a la compra y valerse por sí mismo, aunque hay barreras que se lo impiden. Agradece el esfuerzo de sus hijas y allegados pero deja claro que quiere que «hagan su vida y yo ser lo más independiente que pueda».

Con mucha voluntad, Vicent recorre las calles de la Vall: «He hecho fotos de media ciudad, me queda otra mitad, pero es casi imposible acceder con la silla de ruedas. Hay zonas que no pueden estar tan deterioradas como lo están».

Comenta que le gusta la calle La Barca porque «tiene las aceras muy amplias, pero han cortado palmeras y dejado el hueco. Lo mismo pasa en la carretera o Els Sequers, que en las aceras han quedado huecos al cortarse los árboles».

Cada día sale de casa y se desplaza hasta un centro de día: «Soy consciente de que hay calles muy estrechas, pero si las aceras no están bien es un peligro para los carros de bebés, personas mayores o gente con movilidad reducida».

«Las aceras deberían estar en condiciones para permitir el paso», añade. Muchas veces se arriesga a bajar de la acera por una rampa de garaje y espera a que no pasen vehículos para poder desplazarse.

«El mal estado de las aceras, la estrechez» o la inconsciencia de la gente a la hora de aparcar dificultan el paso de personas con escasa movilidad. Como ejemplo pone la carretera, donde hay desagües en los que las ruedas de la silla se quedan atascadas en las rejillas. Vicent sabe lo que es pasar dificultades. Estuvo un año en casa sin poder salir esperando una silla motorizada: «De la cama al sofá y así todo el día». Para Vicent ir a la playa resulta un suplicio: «Tengo que alquilar un taxi adaptado y me cuesta 50 euros. Uno de los autobuses no tiene operativa la rampa. Una vez tuvo que venir la policía a ayudarme a subir. Es un peligro». Ahora pide sensibilización, y que se vayan eliminando las barreras que le impiden a él y a otras personas con movilidad reducida poder disfrutar de su ciudad plenamente.