Dejadez en el Monasterio de la Valldigna

El techo de la iglesia del Monasterio de la Valldigna aún no tiene instalados los seis florones barrocos. :: lp/
El techo de la iglesia del Monasterio de la Valldigna aún no tiene instalados los seis florones barrocos. :: lp

El jardín del taller ocupacional está abandonado, el ascensor del trascoro no funciona correctamente y nada se sabe del museo previsto

R. T.

El Monasterio de la Valldigna, uno de los elementos patrimoniales más importantes de la Comunitat Valenciana, ha entrado en un silencioso olvido. Sin inversiones claras a la vista, el cenobio cisterciense de Simat presenta elementos que muestran un cierto abandono por parte de las Administraciones.

En primer lugar, han pasado cinco años y medio desde que se anunciara la recuperación de seis florones de la iglesia del Monasterio de Santa Maria, pero ha pasado el tiempo y estas piezas artísticas siguen sin estar en el techo del templo.

En febrero de 2011, la Conselleria de Cultura aseguraba que había adquirido estos florones y que en unos meses se colocarían en el cenobio. Estas piezas se encontraban en la parroquia Sant Joan Evangelista de Benifairó de la Valldigna. Fueron a parar allí y la intención del departamento de Cultura de la Generalitat era que regresaran a su emplazamiento original, tal y como había pasado con otros elementos tales como el Claustillo del Palau de l'Abat o la Fuente de los Delfines.

Mediante un acuerdo entre la Conselleria de Cultura y la parroquia, se decidió que los florones regresarán al monasterio.

La Generalitat compró las piezas a la parroquia por 35.000 euros, además de otros 5.000 euros con los que la parroquia incorporó seis nuevos florones para reemplazar los que se trasladaban al cenobio.

Los florones del monasterio fueron desmontados y mandados a ser restaurados. Estas piezas barrocas fueron llevadas al Instituto Valenciano de Conservación y Restauración (Ivacor) para ser rehabilitados y tratarlos para que quedaran protegidos contra inclemencias meteorológicas. La actuación se fijó en 2011 en 76.000 euros más.

Pero el tiempo ha pasado y el techo de la iglesia monacal sigue sin revestir sus florones originales. Estos están realizados con madera de pino trabajada y una decoración barroca. Dos de ellos son de gran tamaño, 150 centímetros de ancho, y presentan elementos florales y querubines.

Los otros cuatro tienen un metro de diámetro y cuentan con ornamentos florales. Estas piezas, con la desamortización de Mendizabal, fueron a parar a Benifairó. El cura de la parroquia los compró para su templo y en el monasterio quedó el florón de la cúpula, que no pudo desmontarse por tratarse de una tarea muy complicada para el siglo XIX, dadas las sus grandes dimensiones del florón principal.

La Fundació Jaume II el Just adquirió los florones a finales de 2010 y poco después se desmontaron. A principios de 2011 ya estaban en el instituto para ser restaurados. En aquella época se anunció la reproducción de uno de los florones para instalarlo en la nave de la Iglesia del Monasterio para completar así el conjunto. Sea como sea, a día de hoy, el cenobio valldignense aún no cuenta con los florones en cuestión. Desde la Conselleria de Cultura apuntaron que se pronunciarán sobre ese tema cuando se anuncien las medidas en el Monasterio de la Valldigna.

Jardín seco

Por otro lado, lo que hace unos años se presentó como un jardín de flora propia de la Valldigna, realizado por un taller ocupacional que tuvo al propio monasterio como base, ahora es un secarral en el que nada crece y mucho se ha mustiado.

Además, el ascensor que debía llevar a los visitantes al trascoro de la iglesia monacal tiene un cartel en el que advierte que hay que mantener presionado el botón si se quiere que el ascensor se eleve o descienda.

Ese mismo elevador conduce a una puerta cerrada que impide el acceso al trascoro y a la sacristía de la iglesia. En esas estancias se había programado un museo del que nada se sabe. Llama la atención ver a palomas volando dentro de la iglesia y refugiándose entre los trabajos de escayola que se realizaron para devolver parte de su esplendor al monasterio. Por último, una exposición en el refectorio permanece allí sin apenas información para los visitantes.

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