La cultura de Xàtiva está llena de espías

Cerdà, junto a varios compañeros de partido.
Cerdà, junto a varios compañeros de partido.

El mundillo cultural setabense se ha puesto imposible. Parece Tánger durante la II Guerra Mundial. El historiador Josep Lluís Cebrián i Molina ha denunciado la presencia de espías en cuantos actos culturales que se celebran en Xàtiva y en especial en las ya tradicionales Jornadas de Arte e Historia que él promueve. El autor de numerosos libros sobre pintura, cerámica y antropología asegura en un escrito publicado en 'Art i Patrimoni' que desde 2009, año en que se celebraron las primeras jornadas antes aludidas, no ha habido una sola convocatoria en la que no hayan sufrido «espionaje local». Soplones por cuenta de «partidos políticos e incluso poderes fácticos». «Lacayos al servicio de algunos especímenes del ecosistema faunístico 'xativí'». «Setabenses ilustres», cuyo nombre no desvela más que de manera enigmática cuando alude a que la función de los dos espías más perseverantes era, hasta que «se quemó» uno de ellos, «informar al Manifasser y a su amigo de lo que se habla en las jornadas» y proporcionarles inmediatamente un ejemplar del «libro de actas de las ponencias».

Un ejecutivo a las 4 de la madrugada. Roger Cerdà no ha podido resistir la tentación de tirarse el nardo, que diría Umbral, de que ha entrado a formar parte de la ejecutiva del PSPV. Un órgano de dirección tan numeroso como el comité central del PCCh, pues desde el último congreso lo integran 74 militantes. A las 4 de la madrugada del sábado 2 difundió tres fotos de la reunión de la nueva ejecutiva nacional de los 'Socialistes Valencians' -Eufemismo que emplean quienes abjuran del pasado del PSPV- y un autorretrato en el que aparece junto a Toni Francés, Lázaro Azorín y Conxa García. «Empezamos el trabajo con ilusión, fuerza y ganas de hacer posible la vía valenciana», terminaba diciendo.

Éxito memorial más que relativo. Conseguir 300 fotos más de las 500 previstas de la vida cotidiana de la ciudad durante el siglo XX es un éxito para el concejal de Memoria Histórica Alfred Botella. Y no será este columnista quien se lo discuta. Pero tendrá que convenir que es un logro a todas luces insuficiente. No hay más que recordar que los últimos carretes eran de 36 fotografías y que estamos hablando de las imágenes captadas en una ciudad de 20.000 habitantes a lo largo de más de cien años, porque se renunciaba a los orígenes de la fotografía en Xàtiva. Algo ha fallado, pues, en la campaña de recolección. O no se ha difundido como debía o no se ha explicado bien que el cedente no perdía la propiedad de los originales. El derecho a la privacidad no puede haber sido el impedimento en un momento en que la gente ha renunciado casi completamente a él. Por lo que convendría prorrogarla en el tiempo. Si se airean por Internet y no se prestan al ayuntamiento para que el archivo guarde copia de ellas, de cómo eran y cómo vivían los setabenses y qué aspecto presentaba la ciudad en otros tiempos, en definitiva, es que algo no se ha hecho bien.

Delicada intervención junto a la Seo. Mosqueante. Que las primeras intervenciones del programa ARRU de regeneración del casco antiguo de Xàtiva afecten fundamentalmente a tramos de calles, entre el campanario de la Seo y la embocadura de la calle de San Vicente, y en el entorno de la plaza de San Jaime, resulta inquietante. Necesitados de una intervención que realce la belleza de ambos marcos están. Y reasfaltarlos no los va a reasfaltar la concejal de Urbanismo Cristina Suñer porque para tirar de asfalto bituminoso ya está el edil de obras públicas, Miguel A. Lorente, autor de impresionantes carreteras como la que une la plaza de San Pedro con la de la Trinidad. Máxime siendo de partidas distintas. Pero quizá convendría que la edil repasara el álbum de fotos antiguas de la plaza de la Seo antes de tomar una decisión irreversible o, para ser más precisos, costosamente reversible. Observará la cantidad de veces que sus predecesores quisieron extraer el enorme potencial que entraña el recinto y cómo ninguno de los arquitectos que intervinieron en la oficialmente llamada plaza de Calixto III terminó de dar en el clavo. Eso, sí: el nivel de la plaza no ha parado de subir.

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