Las Provincias

El peligro que corre Santa Clara

Quiera dios que el paralelismo entre el convento de San José de Caravaca (Murcia) y el Real Monasterio de Santa Clara no llegue a ser completo. Las carmelitas caravaqueñas también se tuvieron que trasladar, en su caso a Tallante (Cartagena) en 2003, llevándose consigo todas las obras de arte que poseían. Al igual que el imponente edificio de la calle Montcada, el suyo también fue adquirido en 2004 por una empresa, Parador del Convento, SL, que deseaba convertirlo en hotel. Transformación que no se llevó a cabo por lo mismo que Santa Clara no es hoy el establecimiento hotelero que precisa Xàtiva para crecer turísticamente: por el estallido de la burbuja inmobiliaria. Una crisis que abocó al cenobio carmelita al abandono y el saqueo. Y que obliga al Ayuntamiento de Xàtiva a escarmentar en cabeza ajena.

Por un lado exigiendo a los actuales propietarios del Real Monasterio que establezcan las máximas medidas de seguridad en el recinto y, por otro, permaneciendo en cualquier caso vigilante por lo que pudiera ocurrir. Más de lo que destrozó y arrambló la chusma en 1936 no se van a llevar los chatarreros del s. XXI. Pero cualquiera sabe. En Caravaca han arrancado suelos, puertas, angelotes situados a varios metros de altura. Cualquier cosa que pudiera ser vendida.

Piscinas en forma de cruz. No nos cansaremos de informar al concejal de Deportes Pedro Aldavero de Xàtiva de cómo son de grandes las cruces que se obligan a cargar aquellos ayuntamientos que careciendo de una masa crítica suficiente para mantenerlas, mínimo 50.000 potenciales clientes, se empeñan en tener piscinas cubiertas. La de Mula, según acaba de publicar La Verdad, se construyó en 2003 y cerró en 2012, tan sólo nueve años después, tras acumular un déficit anual de 630.000 euros. Sin embargo, el calvario oficial de las arcas municipales de esta localidad murciana no acabó ahí porque desde entonces han tenido que continuar pagándole a la empresa concesionaria la suma estipulada en el convenio, 245.000 euros anuales, y haciendo frente a otros 100.000 en concepto de gastos de mantenimiento. Entre los que no figuran el coste de la vigilancia ni el importe de las salvajadas que ha sufrido el recinto en diversas ocasiones.

Botifarra se va a quemar. Es extraño que con la de gente que asesora, biografía y narra las gestas que Pep Gimeno 'Botifarra' logra llevar a cabo a golpe de voz, picardía y ternura nadie le haya aconsejado algo fundamental para la longevidad laboral de un artista. Y es que ha de dosificarse. Debe dejar de actuar un tiempo más que prudencial allá donde haya actuado porque si no se quemará más que una 'aixumenera' o 'funeral'. 'Botifarra' mal no va a quedar con nadie porque el artista setabense ya ha trabajado gratis para cuantas asociaciones, entidades o clubes existen en la ciudad de Xàtiva y parte de los alrededores. Y en algunos de los casos hasta más de una vez. Y las cuerdas vocales se lo agradecerán.