El viaje inolvidable de...Steve Anderson

Steve, visitando una plantación local en Birmania./LP
Steve, visitando una plantación local en Birmania. / LP

El chef volvió al sudeste asiático para reencontrarse con las raíces de su madre, nacida en Birmania. De Bangkok dio el salto a la capital de Laos, donde conoció los 'homestay' y aprendió a liar cigarros. Luego vendría Vietnam

ELENA MELÉNDEZ

Por las venas de Steve Anderson corre sangre británica, pero también birmana, pues su madre nació en ese país asiático, luego fue a vivir a India y después continuó sus estudios en Inglaterra. Allí conoció a un joven galés mientras estudiaba Medicina y se enamoraron en clase de anatomía. «Compartían el mismo cadáver para hacer las prácticas», puntualiza Steve con una sonrisa. A los pocos años nació él y, aunque fue criado en Inglaterra, siempre tuvo curiosidad por sus orígenes asiáticos, así que hace quince años realizó el primer viaje a Birmania en busca de sus raíces. Habría una segunda parte, ya que el pasado enero decidió emprender un recorrido de dos semanas por el sudeste de Asia junto a Guillermo, jefe de cocina de Ma Khin Café, su negocio en el Mercado de Colón. Volaron a Bangkok, donde el principal atractivo era visitar Chef Nahm, uno de los mejores restaurantes de Asia. «Me encantaron los ravioli de carrillada en su propio caldo. El reto es comerlos con la destreza suficiente para no quemarte la boca».

Aprovecharon para comprar en el mercado de fin de semana en Chatuchak, con puestos para utensilios de cocina, vajillas, ropa o electrodomésticos. Allí descubrieron el quiosco de un cocinero español que vendía raciones de paella, pero prefirieron una receta local, el Pad Thai. «Fuimos al Pad Thai Thip Samai, un clásico. Los cocineros saltean tallarines en la calle en unos woks gigantes. Añaden tofu, huevo, verduras, gambas y salsa de tamarindo y soja».

Un mortero de som tam

Steve se trajo de su viaje este mortero para hacer som tam, una ensalada de papaya verde de la provincia de Isaan que se acompaña con arroz glutinoso, 'Soom' significa 'agria' y 'tam' viene del sonido del mortero.

De Bangkok viajaron en tren a Vientián, en Laos. Se alojaron en lo que llaman ‘homestay’, casas particulares cuyos propietarios acogen a turistas. «Nos dio la oportunidad de ver cómo viven de verdad y conocer sus costumbres». Al día siguiente alquilaron dos bicicletas para ir al campo. Por casualidad dieron con una plantación de tabaco. «Me enseñaron a liar cigarros. La gente es muy abierta y comparte lo que tiene con los viajeros. Para su dignidad es importante sentir que ellos también te dan algo». Después cogieron un taxi a Kong Lor, pueblo de montaña que alberga una famosa cueva.

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Para cruzar la frontera con Vietnam debían hacerlo en autobús. Compraron el billete en la estación a una empleada uniformada, pero a los diez minutos los buscó para darles otro billete. Al poco llegó una furgoneta llena de cajas de contrabando con tabaco, electrodomésticos y alcohol y unos almohadones en el suelo donde les indicaron que se sentaran. Delante iban el chófer y cuatro vietnamitas. «En la zona superior estaban las mochilas atadas y un cerdo vivo, gigante. Durante todo el viaje el cerdo hacía ruidos. Fueron quince horas a muy poca velocidad que se hicieron eternas», recuerda.

Así es Vietnam

Otra instantánea del viaje de Anderson.
Otra instantánea del viaje de Anderson. / LP

Llegaron a Vinh y de allí se trasladaron a Hanoi en tren. Compartieron compartimento con dos señoras que ocupaban las literas de arriba. De repente una de ellas sacó su placa de policía. «Nos quedamos parados al pensar que nos iba a pedir dinero. Al final sólo quería presentarse. Nadie hablaba el idioma del otro, pero nos entendimos». En Hanoi visitaron el mausoleo de Ho Chi Min, donde no se puede reír, hablar o llevar las manos en los bolsillos. Esa noche cenaron en Huong Lien, restaurante muy humilde que parece un comedor social y en el que en su día comió Obama. «En las paredes cuelgan fotos suyas y un menú lleva su nombre. A pocos metros hay un restaurante de lujo. Pensé: ‘¿Cómo les sentará que el presidente de EEUU prefiera un local tan sencillo al suyo’?»

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