¿Quién es Vanesa Felip?

Vanesa Felip, en un balcón de la sede del colegio. / Juan J. Monzó

La presidenta del Colegio de Secretarios, Interventores y Tesoreros de la Administración Local (COSITAL) dice sentir pasión por el trabajo, pero aun así necesita el respiro que le dan las tardes con su hija, el tenis, la natación y las excursiones en familia por la montaña

MARÍA JOSÉ CARCHANOValencia

Vanessa Felip es secretaria en un ayuntamiento. Y no, no le lleva la agenda al alcalde ni le pasa llamadas. Es la persona garante de que las decisiones de los políticos estén dentro de la legalidad, un puesto de enorme responsabilidad por el cual ha luchado hincando codos. Tiene una mirada clara desde la que se asoma su lado más personal, dulce y a la vez fuerte, de quien sabe lo que quiere y lo reivindica, ahora como la primera mujer al frente del colegio de secretarios e interventores.

-Sacar oposiciones, su trabajo de secretaria, no parece la vocación de una niña. ¿Cómo llegó hasta aquí?

-De muy pequeña, sobre octavo de EGB, decía que quería ser abogada, y lo veía muy claro. Lo de opositar fue porque en mi familia tenía fama de reivindicativa y mi padre me decía: «Tú mejor que oposites o tengas tu propia empresa, porque si no vas a tener muchos problemas». A eso hay que sumarle que me gusta la tranquilidad y la rutina y que yo tenía clarísimo que quería tener tiempo libre, porque desde siempre me ha gustado mucho escribir, e incluso en una época participaba en concursos literarios, y algunos de mis relatos están publicados. Además, alguien le dijo a mi padre que ser secretario era un puesto muy importante en los ayuntamientos y me acuerdo de que vinimos aquí los dos para que me informaran cuando estaba en último curso de carrera.

-¿Cumplió con sus expectativas?

-Cuando opositaba mi mayor preocupación era: «¿Y si luego no me gusta?» Pero aprobé y no es que me gustara, sino que me apasionaba. A veces mi madre comenta: «No me digas que disfrutas con ello». Y yo le digo que sí, aunque en ocasiones sea muy estresante.

-Representará un honor ser la primera mujer en el cargo...

-Tradicionalmente ha sido una profesión de hombres pero cada vez somos más en las universidades. Incluso en el entorno en el que trabajo nos ha costado garantizar la paridad en el último proceso selectivo precisamente porque eran casi todo mujeres. Así que sí, me produce mucha satisfacción, y no puedo decir que no sabía dónde me metía porque ya estaba en la junta con el anterior presidente, y aunque primero no pensaba entrar ni siquiera de vocal porque tengo una niña de tres años y no quería sacrificar ni un minuto de mi tiempo, consideraba que moralmente tenemos la obligación de hacerlo. Que no podía decir que no, porque además me cuesta trabajo estar a medias.

-Y aquí está, de presidenta.

-Yo siempre digo que me ha caído el cargo -su antecesor renunció por un traslado a Castellón-, pero es que tampoco hay mucha gente dispuesta a ocuparlo porque es tiempo, tiempo y más tiempo. Yo ahora mismo debería estar en el ayuntamiento y tendré que ir otras horas porque si no las cuentas no salen. Lo bueno, que me encanta la posibilidad de aportar cosas, y de momento no me ha pasado factura.

-Esa manía que tenemos las mujeres de rentabilizar cada minuto.

-Es totalmente cierto. Tengo fama de ser muy habladora pero en cuestiones de trabajo siempre intentas ir al grano, y en las reuniones muchas veces pienso: «Esto ya no me interesa, ya lo hemos solucionado». De hecho, me he dado cuenta de que me estresa tener tiempo libre. Si me sobran cinco minutos entre una cosa y la siguiente parece que tenga que llenarlos con algo y me he de decir a mí misma: «Ya». La suerte es que nuestro trabajo nos deja las tardes libres y eso es un verdadero lujazo que me permite estar con mi hija desde que la recojo hasta que se acuesta. No somos víctimas.

-Tener las tardes libres es un sueño para muchos. Alguien tan activo seguro que lo aprovecha.

-El ejercicio es para mí la mejor terapia contra el estrés, porque además paso muchas horas sentada. De hecho, ahora he retomado una afición que tenía de pequeña, que es el tenis, y me apunté a clases porque jugaba sin saber. Además, me gusta nadar, y saco tres o cuatro días a la semana para hacer ejercicio, aunque sea ponerme en el iPad una clase de pilates. El cuerpo me pide movimiento, y con mi pareja hemos hecho excursiones por la montaña con la niña en la mochila.

-Usted es de Valencia pero ahora trabaja en una población, l’Alcúdia, relativamente pequeña. ¿Ha notado el cambio?

-Además, vivo en l’Olleria, mi primer destino y donde me quedé por amor (ríe). Sí que es verdad que me llamaron la atención algunas cosas de los pueblos, que personalmente me gustan. A veces añoro estar en el centro de Valencia por todas las posibilidades de ocio pero cuando salgo a almorzar al pueblo me doy cuenta de todo lo que me aporta esa forma de vida.

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