Sergio Devece, aquella guitarra tenía razón

Cuando necesita inspiración, Sergio la busca en este micrófono de su estudio de Alboraya./Irene Marsilla
Cuando necesita inspiración, Sergio la busca en este micrófono de su estudio de Alboraya. / Irene Marsilla

Se la quitaba a su hermano siempre que podría y rascado sus cuerdas halló el camino. La adolescencia le trajo un premio de rock. A partir de ahí militó en infinidad de combos y exploró la producció musical. Hoy es un multiusos que da soporte a grupos, actúa en directo y triunfa tanto en su tierra como en México

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Es un misterio, pero el caso es que algunos encuentran su vocación, su lugar en el mundo, a una edad tempranísima, mientras que otros nos limitamos a deambular algo funambulistas y pasmados sobre ella para, finalmente, gracias a las cornadas del destino así como a unas cuantas carambolas, lograr cierto acomodo en una determinada profesión y en ese marco vamos, sin prisa pero sin pausa, prosperando o sobreviviendo. Los primeros, me barrunto, pierden menos el tiempo porque encauzan sus energías y sus talentos desde la casilla de salida. Mostrar claridad de ideas, sin duda, evita contratiempos...

Cuando el productor y músico valenciano Sergio Devece gastaba pantalón corto mostraba fiel querencia hacia la guitarra de su hermano. A la menor ocasión, zas, aquel chaval rascaba las cuerdas y trasteaba el instrumento de caderas onduladas mediante primitivos acordes como maullidos de gatos callejeros. A sus padres esta afición no les pasó inadvertida. Por lo tanto, apuntaron al pequeño Sergio en el Conservatorio. Convenía aprovechar esa natural disposición. Un par de temporadas caminó nuestro personaje de hoy entre los rigores academicistas que, si bien favorecen la técnica y fomentan tanto el estudio como la disciplina, cercenan las aspiraciones aéreas de las almas libérrimas que necesitan lirili, lolailo, desacato y un poco de desparrame. La bohemia, la golfemia, el rock y la noche, ya sabemos que huyen de los horarios fijos, de las jaulas de oro y de todo lo que destile cierto tufillo a oficina que abre sus puertas de nueve de la mañana a cinco de la tarde. Sergio siguió empuñando la guitarra, pero esta vez progresó bajo la batuta de academias y profesores particulares. De nuevo, un buen tanto para sus generosos y sensibles padres.

A los diecisiete años ya militaba en una banda llamada ‘La oración’. Y con esa edad él y sus compañeros vencieron en el concurso de rock Carabanchel. La bomba. Más tarde militó en infinidad de combos de entre los cuales destacamos los legendarios ‘Los magnéticos’. Y, de nuevo, más premios en otros concursos. Sin embargo alcanzamos otros instante supremo en su carrera: el día en el que entró en un estudio musical situado en Meliana. Lo recuerda vivamente, Sergio. Lo que para los profanos son maquinitas incomprensibles trufadas de botoncitos y palancas como de cabina de piloto, para él supuso una descarga que le traspasó el alma. Con esa maquinaria se componía, se perfilaba y se dibujaba la música que amaba. En aquel estudio sufrió una iluminación a lo Rimbaud y supo que, además de la música, esa actividad de producción musical le consumiría la ilusión.

Empolló los meandros de la ingeniería de sonido y abrazó esa fe. Conviene explicar, llegado este punto, a qué se dedica un productor musical. El propio Sergio nos lo detalla: «El productor orienta el sentido de la música de la banda. Orienta el estilo y la instrumentación. A veces percibes que necesitas añadir un sonido sesentero, o setentero, y te aplicas a ello». Claro que, con las estrecheces de la crisis, las labores del productor se han ampliado. «Hoy en día, por los presupuestos más reducidos, el productor musical también se convierte en arreglista y, si hace falta, desarrolla tareas de ingeniero de sonido», añade. Aquí en España ha producido, entre otros, a Doctor Divago, Nacho Vegas, Javier Corcobado, Mist, Sr Cometa, Jordi Cassette, Pentatronika, Petit Mal, Fuzzy Clouds, La Muñeca de Sal, Chesterton y... Sergio Devece produce una media de quince discos al año y se casca unas ciento cuarenta actuaciones en directo. Se dice pronto. Al otro lado del charco, en México, ha producido a artistas como Lola Barajas o Penny Pachuco. Y es que México ocupa un lugar de privilegio en su corazón. Sergio, con ese lado multiusos que tiene, es el bajista de la banda de Corcobado desde hace seis años. Ha disfrutado enormemente durante aquellas giras, pues el público de aquella latitud les adora y muestra un apasionamiento de primera división. O te aman o te odian, pero cuando te aman acuden a tus conciertos veinte mil personas, llenan durante varias noches seguidas la sala de conciertos y te respetan sin fisuras. «México es la panacea de los músicos», me confiesa Sergio.

Otro proyecto suyo muy comentado es ‘Ramonets’. Se trata de una banda que versionea los clásicos de los ‘Ramones’ en valenciano. El año pasado ofrecieron ciento treinta conciertos en colegios, teatros y calles, y gracias a ‘Ramonets’ y a ese no parar capeó con donaire los estragos de la crisis. Ahora mismo anda enfrascado en un tema que alumbrarán los ‘Ramonets’ para la EMT y está ultimando la producción del nuevo trabajo de Doctor Divago.

La escena musical valenciana la chequea con un punto de melancolía. Considera que la administración de Ribó aprieta demasiado las tuercas a los pocos garitos que brindan actuaciones en directo. Pediría mayor libertad para los que sólo desean proyectar sus gotas de arte. Me sumo a esta sabia precisión. Sergio Devece, entre Valencia y el lindo México, donde acude, como mínimo, una vez al año. Viva la horchata de chufa y el tequila.

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