¿Quién es Rosario Velarde?

Rosario Velarde, presidenta del colegio oficial de Higienistas Dentales. /DAMIÁN TORRES
Rosario Velarde, presidenta del colegio oficial de Higienistas Dentales. / DAMIÁN TORRES

La presidenta del Colegio Oficial de Higienistas Dentales presume de ir al grano, fiel al principio de que «si para conseguir algo sólo necesitas una acción, por qué vas a hacer dos»

MARÍA JOSÉ CARCHANOValencia

Rosario Velarde ya ocupaba una silla en la primera reunión que se celebró en Madrid para regular la profesión de higienista dental. Era 1989. «Parecíamos paletitas de pueblo yendo a la capital», recuerda entre risas. Han pasado casi treinta años y echar la vista atrás le hace darse cuenta de todo lo que se ha avanzado, en gran parte gracias a su labor. Esta mujer fuerte y peleona, escondida tras una mirada de ojos verdes que no agacha ante nada ni nadie, sigue al frente del colegio, ya en la recta final hacia la jubilación como funcionaria en la Fundación Lluís Alcanyís de la Universitat de València.

-¿Cuáles eran sus objetivos en aquellas reuniones?

-Lo primero, nuestro reconocimiento, sentirnos profesionales y no las chiquitas de la clínica. Teníamos que creérnoslo, y yo creo que ese objetivo se ha conseguido.

UNA ESPINA CLAVADA

Antídoto contra la «titulitis»

No duda al afirmar que su gran espina clavada será no ver cómo la formación de higienista dental se convierte en un grado. «Cuando se consiga, yo ya estaré jubilada seguro». Justifica su demanda porque en España se padece «titulitis» y te pueden ningunear «sólo por el hecho de no tener una carrera universitaria».

-¿Ha luchado mucho?

-Casi todo el mundo habla de que soy dura, y yo pienso que sí, que siempre digo las cosas claras. La gente me respeta porque, además, nunca he pretendido hacer amigos cuando toco puertas.

-Parece una persona muy resolutiva.

-Me considero efectiva, a base de ser ergónomica, ya que si para conseguir algo sólo necesitas una acción, por qué vas a hacer dos. Si tengo que decir cualquier cosa intento ser siempre educada, pero la digo directamente. Asimismo, es importante la inteligencia emocional, y cuando tengo a alguien delante ya sé de qué pie va a cojear, porque son muchos años y la experiencia es un grado. Por ello, si veo que no va a haber un acuerdo, lo tengo claro. No procrastino.

-¿Se ha levantado de alguna reunión?

-Sí. Y he dicho: «No merece la pena pelear en este foro porque no se va a conseguir nada».

-Muchas mujeres que ocupan cargos critican que los hombres tienen un concepto distinto del tiempo.

-En general ellos dedican toda su vida a la profesión, y por eso disponen de más tiempo. Nosotras estamos despuntando, estamos creciendo, estamos invadiendo, pero seguimos cumpliendo con todas las funciones. El reparto continúa siendo desproporcionado.

DAMIÁN TORRES

-¿Se ha sentido sola como mujer?

-Nunca he tenido problemas. Yo siempre he dicho que no pido permiso para hacer las cosas. Cuando estaba casada, y estoy hablando de hace treinta años, decía: «Me voy a Madrid». O a Australia. Y lo he hecho sin hablar inglés. Sin miedo.

-¿Quién le contagió esa fuerza?

-Sinceramente, no lo sé. Mi madre es una mujer con carácter, desde luego, y mi padre fue militar. Tengo la creatividad y la imaginación españolas, pero en escenarios internacionales he llegado a oír de mí que soy muy nórdica, porque me da igual que se ponga el mundo en mi contra cuando tengo claros mis objetivos. Mi hermano me dice: «Charo, siempre vas nadando contracorriente, ¿no te agotas?» Pues no, no me canso. Creo que es mi carácter, sobre todo cuando veo una injusticia, que algo funciona mal. Es que hay mucha amoralidad.

-¿Le ha enseñado a su hija a hacerse valer?

-Yo creo que sí pero, más que eso, lo ha visto. No hay nada como predicar con el ejemplo. Y, en ese sentido, creo que va a ser más dura que yo, pero también es más dulce. Ha estado muy mimada y muy cuidada durante su infancia y adolescencia y hasta que acabó la universidad. Yo le decía: «No te voy a enseñar a cocinar, ni a limpiar, ni a nada; el día que vivas con un hombre tendréis que aprender los dos a la par».

«Nunca he pretendido hacer amigos cuando toco puertas»

-¿Han ido acordes las aficiones con su carácter?

-He hecho deporte muchos años. A mansalva. He practicado aikido, y recién operada de menisco y ligamento por una lesión, con 49 años, conseguí el cinturón negro. Además, me encantan la música, la lectura y la montaña, donde hago puenting, rafting..., deportes donde soltar adrenalina. En casa tengo un huerto y planto tomates, berenjenas, pimientos, y recupero olivos centenarios situados en campos abandonados.

-¿Se permite perder el tiempo?

-(Ríe) No. Bueno, a veces pierdo el tiempo observando. Mi hija me decía en verano, al bajar a la piscina comunitaria en El Saler, que no me juntaba con las mamás de sus amigos. Yo contestaba que sí, que les decía hola y adiós. Pero me lo pasaba mejor mirando. Si te empiezas a relacionar estás siempre comprometida.

-¿Ha sido muy independiente?

-Sí, y no me molesta la soledad.

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