¿Quién es Rosa Santos?

Rosa Santos, en su galería de arte del barrio del Carmen./Damián Torres
Rosa Santos, en su galería de arte del barrio del Carmen. / Damián Torres

«Mis padres me inculcaron que debía encaminarme hacia las cosas que amaba», cuenta la presidenta de la Asociación de Galerías de Arte Contemporáneo

MARÍA JOSÉ CARCHANOValencia

Se quedó un edificio de la calle Bolsería, quitó paredes, llenó de blanco los espacios. En pleno barrio histórico del Carmen, Rosa Santos abrió una galería de arte contemporáneo y a ello dedica su vida, que no ha sido fácil, porque no resulta sencillo dedicarse a una profesión que durante la crisis lo ha pasado rematadamente mal. Pero es lo que tienen las pasiones. Por ello sigue subiendo y bajando, cada día, las estrechas y empinadas escaleras que unen las salas. Y entre instalaciones y proyecciones del siglo XXI todavía uno se pregunta quién viviría entre esas paredes.

-Siempre me ha intrigado esta profesión. Por qué alguien, en un momento de su vida, decide hacerse galerista.

-Galerista de arte contemporáneo, ¿eh? Ante todo hay un amor hacia lo contemporáneo, nos gusta vivir la actualidad, y vivirla desde el presente, aquí y ahora. Mis padres me inculcaron que debía encaminarme hacia las cosas que yo amaba. Y por ello decidí estudiar Bellas Artes. Pero no quería ser artista, porque es una profesión muy complicada, desde el punto de vista psicológico y económico, y muy dura. Así que quise vivirlo a través de ellos.

-Es admirable tener clara una profesión como la suya.

-Lo tenía claro sin saberlo. Desde los diecinueve años monté un espacio alternativo, reivindicativo, con dos socias, en este mismo lugar. Eran finales de los ochenta, y nos creíamos posmodernos. Fue muy bonito porque visto desde la distancia soy consciente de que viví un momento especial dentro del mundo del arte. Y más en Valencia, en el barrio del Carmen.

-¿Cómo ha sido su evolución desde entonces? Porque el lugar es el mismo.

-Sí, pero lo del lugar es casualidad. En aquella época intentábamos conocer todo lo que era revolucionario, revulsivo, y reivindicarlo desde el espacio. Lo hacíamos de una manera visceral, no teníamos nociones de cómo se llevaba una galería. Todos hemos aprendido con el tiempo. Lo que pasa es que tuve la mala suerte y la desgracia de empezar la galería y a la vez la crisis. Así que hemos vivido unos años muy malos, económica y culturalmente, porque no ha habido ningún apoyo. Hemos tenido que sobrevivir. Muchos ni eso, cerraron. Por eso es tan importante la asociación.

-Además, como presidenta.

-Es que mucha gente no se atreve a entrar a una galería, piensan que no tienen acceso a ellas, que es muy elitista. Desde la asociación trabajamos para que eso deje de ser así.

Una espina clavada

La revolución femenina

«¿Espinas? No me quiero morir nunca, a mí que me congelen.. ¿Vale esa?» Rosa Santos, ya sin bromas, habla de la lucha por la igualdad. «Creo que tenemos mucho potencial, porque nos han dejado ser, pero todavía las direcciones de los museos de arte contemporáneo están en manos de hombres». Además, intenta apoyar a las mujeres artistas y cree que ahora, por fin, se ha hecho mucho más visible «esa revolución feminista tan necesaria».

-¿Hasta qué punto termina llevando su profesión a la vida personal?

-Si mi pasión es el arte contemporáneo, yo soy arte contemporáneo. Lo que más me gusta en la vida, además de mi familia y mis hijos, es esto. Lo es todo para mí. He visitado ciudades movida por exposiciones, por estudios de artistas o por bienales, y en los últimos años por ferias. No nos quedó más remedio a los galeristas de esta ciudad que salir fuera. La próxima será en abril en Buenos Aires. Basel, Miami, Turín. Incluso arrastro a mis hijos y a mi pareja.

-¿Ha transmitido a sus hijos la pasión por el arte?

-Lo hago de una manera consciente pero intento no machacar, que vean como algo cotidiano que a casa vienen artistas, que mamá tiene inauguraciones, que se va de ferias. Es que al mismo tiempo que a mí me apasiona este mundo y lo quiero para mí y para los míos, sé que resulta muy duro y que a veces es mejor dedicarse a otras cosas para no sufrir. Debe de ser como el amor, que no quieres enamorarte pero en el fondo te gusta la vivencia.

-Porque, evidentemente, de esto no se hace uno muy rico.

-Al contrario, los galeristas llegamos muy justos a fin de mes, si es que lo hacemos. Y estos años pasados hemos perdido dinero. Es muy difícil sobrevivir como galerista y también como artista.

-¿Con la madurez ha desarrollado un ojo clínico para ver a los grandes artistas?

-No es exactamente así, porque lo que haces con la madurez es no engañar a nadie, siempre tienes muy claro lo que te interesa para tu galería, y por mucho que veas a artistas que te gusta lo que hacen, si luego no van con tu trabajo les dices que no. Tienes que ser honrado y comprometido. Que no sólo les vas a apoyar emocionalmente, sino además les vas a dar de comer. Y es muy importante para eso tener la cabeza muy fría.

-¿Ejerce también de psicóloga?

-Soy una persona muy positiva y siempre veo el punto medio de las cosas. En las discusiones creo que analizo todas las propuestas y tomo una decisión. A lo mejor, lo de ser psicóloga, lo hago más de lo que pienso, pero aunque se ve a los artistas como personas desequilibradas eso es un absurdo y un ridículo. Sí son muy intensos, pero al mismo tiempo constantes, tozudos, egocéntricos muchas veces, y con un potencial y una energía envidiables.

-¿Cómo acabó en Valencia?

-Me vine a estudiar aquí a los dieciocho años porque cuando mi hermano y yo éramos adolescentes mis padres se trasladaron hasta Benidorm, donde hicimos BUP y COU. En realidad yo nací en San Sebastián, y a veces digo que he hecho una diagonal que une el Cantábrico con el Mediterráneo.

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