¿Quién es Rodrigo Hernández?

¿Quién es Rodrigo Hernández?
Damián Torres

A los 25 años no sabía qué hacer con su vida, pero un viaje a Nepal disipó todas las dudas. Cambió el marketing por los derechos humanos, asumiendo una labor tan intensa en lo emocional que en ocasiones necesita «escapes mentales». Se los brindan las manualidades, y entre ellas nada le relaja más que fabricar bicicletas

MARÍA JOSÉ CARCHANOValencia

Cuesta que Rodrigo Hernández hable de sí mismo, de sus sentimientos, acostumbrado como está a denunciar situaciones en las que los niños sufren, donde son otros los protagonistas. Quizás le parezca una frivolidad, por eso pide «no poner el foco en mí». Rodrigo Hernández ha llegado, sin embargo, a ser delegado de Save The Children en la Comunitat Valenciana precisamente por esa implicación emocional, por esa necesidad interior de hacer cumplir los derechos de las personas más vulnerables y de no conformarse con una realidad que todavía le parece demasiado injusta. Habla rápido, seguro de sí mismo, pero sobre todo convencido de lo que hace. Por ejemplo, los informes que tras él se alinean en una estantería repletos de cifras, el último sobre abusos sexuales infantiles, que demuestran que todavía queda mucho por hacer. «Ojalá algún día dejemos de ser necesarios».

-Debe de ser el suyo un trabajo gratificante y duro a la vez.

-En efecto, la satisfacción diaria por el trabajo realizado es muy alta. Cada paso que damos, cada éxito, supone una mejora para los niños, aunque a veces también puede ser muy frustrante y te llevas a la cama muchas preocupaciones.

-Al contrario que los avances que se han producido en la concienciación contra la violencia machista, aún mucha gente piensa que pegar a un niño no es tan censurable.

-Yo estoy absolutamente en contra de la violencia física contra los niños, pero también la psicológica o las humillaciones. Los niños tienen derecho a que no se les pegue, y hemos de educar desde ese punto de vista.

-¿Tiene hijos? ¿Se ve distinto su trabajo por ello?

-Desde que soy padre aún me es más desgarrador ver casos de maltrato infantil. Tengo una hija de seis años y si antes era fácil empatizar con los problemas de los niños, ahora se hace aún más duro descubrir una situación de abuso sexual infantil o ver a alguien en condiciones de pobreza severa. Porque cuando tienes un hijo te golpea más internamente, imaginas que él estuviera en esa situación... Y al mismo tiempo refuerza el trabajo y las ganas de cambiarlo.

-¿Intenta hacer consciente a su hija de las desigualdades que existen en la sociedad?

-Explicar la pobreza a un niño de seis años es muy complicado. Yo tengo los datos, las cifras, la respuesta institucional, pero ella quiere otro tipo de información, adecuada a su edad. Y en casa se habla de esas cosas, claro, pero lo que yo considero fundamental es el ejemplo. A todos los niveles. El hecho de que vea a su padre, a su familia, que intentamos ayudar a la gente, que hacemos por distinguir lo justo de lo que no lo es, y luchamos porque las cosas cambien es quizás lo que más llega.

-¿Usted también recibió ejemplo?

-En mi casa siempre se habló de estos valores, aunque no fuera de una manera profesional. De hecho, yo nací en Zaragoza porque mi padre estaba allí construyendo una autopista, aunque a los seis años ya volvimos a Valencia. Aquí inicié Historia y comencé como voluntario, si bien luego he cursado parte de la carrera en París e Italia.

-¿Se le quedó corto lo de dedicarse a ayudar a los demás a tiempo parcial?

-A los 25 años no sabía qué hacer con mi vida, y de hecho comencé a trabajar en una empresa de marketing. Pero tras volver de Nepal y otros países decidí profesionalizarme, estudié varios posgrados en derechos humanos, internacional y de la infancia y después de ocupar varios puestos en la organización ahora soy el delegado.

-Con un trabajo tan implicado como éste, uno necesita abstraerse de vez en cuando.

-Tengo mis escapes mentales, que no sólo consisten en estar en el parque con mi hija o pasar tiempo junto a la familia. Después de una jornada laboral donde la cabeza te va a mil por hora necesito compensar y a mí me funciona mucho hacer cosas con las manos. Busco piezas y construyo bicis, y más o menos cada seis meses termino una. Es un hobby tonto, luego no sé qué hacer con ellas, pero me libera la cabeza porque utilizo mis capacidades de forma muy distinta. Porque, además, tenemos las manos olvidadas. Bueno, al final me sirve además para venir a trabajar y moverme.

-¿Dimensiona al tener una ocupación como la suya lo que es importante y lo que no?

-A veces te gustaría poder viajar, disponer de más tiempo libre e incluso no tener un trabajo en el que te implicas tanto porque te puede pasar una factura personal, pero me parecería de niño mimado no ser consciente de que soy un privilegiado. Por mi vida, por mi trabajo y por poder ayudar. Me sentiría mal diciendo que quiero un coche mejor porque en realidad ni siquiera es verdad. No me hacen falta ese tipo de cosas.

Cuestión de prioridades

Contesta rápidamente Rodrigo Hernández a la pregunta de si le han quedado tareas por hacer en el pasado. «No me gustaría pensar que me falta algo». Es muy consciente de su situación, tanto que afirma: «Las cosas que me podría haber dejado en el tintero son bastante insustanciales en relación a todo lo que sí tengo»

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