Las Provincias

¿Quién es Alberto Soler?

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/ IRENE MARSILLA

  • Internet lo ha convertido en un gurú de la educación infantil hasta el punto de ser reconocido por la calle. La popularidad sonroja a este hombre que rechaza la etiqueta de padre ejemplar. «A mi mujer, que hace el doble que yo, nadie le dice ‘qué buena madre que eres’. Yo hago lo que me toca», reivindica

Podría haber sido un psicólogo como hay decenas salpicando los despachos de una ciudad, de aquellos que se centran exclusivamente en atender a personas que necesitan alguien a quien contarle sus problemas, sus frustraciones. Pero Alberto Soler decidió un día ponerse delante de una cámara y colgar vídeos en la red dando consejos sobre cómo educar a un hijo o cómo relacionarse con la pareja. Y así se ha hecho un nombre, tanto que su blog está a punto de ser elegido como el mejor sobre crianza infantil en España. Ha encontrado su gran pasión y aprovecha incluso un ratito antes de la entrevista para conectarse con el ordenador portátil y unos cascos en la terraza de una cafetería.

-¿Por qué psicólogo?

-No sabía si ser informático, no se crea, porque siempre me ha gustado la solución de problemas. Recuerdo que de pequeño iba a la ferretería a comprar trastos y me encantaba hacer circuitos. Después empecé a interesarme por la personalidad de la gente, por hacer ver que las cosas pueden ser de otra manera.

-Al final parece que ha acabado uniendo los dos mundos que le gustan.

-Sí, por eso ahora estoy muy a gusto. En un primer momento programé mi web y ahora los vídeos me los grabo y me los edito. Hay toda una parte técnica que también me gusta. A veces cuando renuncias a algo puede existir una frustración o incluso acabas odiando aquello por lo que te decantaste.

-¿Nunca le dijo nadie que igual la informática tenía más futuro que la psicología?

-A mí me decían que tenía que ser abogado, que lo de hablar se me daba muy bien, e incluso hubo algún profesor que se llevó un disgusto cuando elegí Psicología.

-¿Ha encontrado comprensión en su pareja?

-Mi mujer es más psicóloga que yo, porque es doctora y se dedica a la investigación. Hicimos toda la carrera juntos, llevamos quince de pareja y diez años de casados. Los dos tenemos una forma similar de ver la vida y la educación pero además compartimos un respeto muy grande por el otro. Si hace las cosas de otra forma yo no pienso que se está equivocando, sino que lo está haciendo diferente. Y eso nos fortalece como pareja.

-¿Por qué eligieron Meliana para vivir?

-En Valencia no podíamos comprar piso porque en aquel momento era muy caro, pero además teníamos muy claro que queríamos vivir cerca de la huerta. Poder ir a trabajar en bicicleta o pasear entre campos es un privilegio.

-Para la gente que se interesa por el mundo de la infancia es usted una persona famosa. ¿Le reconocen por la calle?

-Sí, y no se imagina hasta qué punto me da vergüenza. En la piscina con los niños, recogiéndolos en la escoleta, por la calle, la gente me reconoce.

-¿Ha cambiado mucho su forma de pensar después de tener hijos?

-El hecho de estar diariamente conviviendo me ayuda a la hora de relacionarme con ellos, empatizar, ponerme en su lugar, saber cómo viven las cosas, que cuando tienen una rabieta no te están desafiando, que no tienen el cerebro acabado de cocer... El único objetivo que persiguen es agradar a los padres, pero el contexto social no facilita el criar a los hijos. Las madres viven aisladas, sin soporte, con dificultades para conciliar…

-¿Se ha implicado usted?

-Yo no me he implicado, lo que hago es mi trabajo como padre. A mí me da mucha rabia cuando intentan ponerme una medalla diciéndome «qué buen padre eres», «cómo te lo curras»... Y a mi mujer, que hace el doble que yo, no va nadie a decirle «qué buena madre que eres porque los sacas a pasear». Yo hago lo que me toca, reduje mi trabajo cuando nacieron, vendí mi moto porque no quería dejarlos sin padre y procuro pasar todo el tiempo que puedo con ellos, cancelando cosas de trabajo, de vida social, de aficiones… Para mí es la única manera que hay. No soy buen padre: soy padre y punto.

-¿Le pesan las renuncias?

-Yo antes tocaba la guitarra varias horas al día y ahora toco unas pocas al mes. Formaba parte de un grupo de música. Disponía de más tiempo para programar en el ordenador, viajar... Pero tampoco lo añoro porque si sólo te enfocas hacia las cosas que pierdes al final piensas que no merece la pena. Son épocas. Pienso que ya volverán.

-¿Qué más ha dejado para el futuro?

-¡Esa pregunta la hago yo! Estoy en un punto bastante equilibrado, aunque dentro de cinco años me gustaría tener el libro acabado. Me está costando, porque el tiempo no me da y por la noche tengo mucho sueño (ríe).