Las Provincias

¿Quién es Xavi Montava?

Xavi Montava.
Xavi Montava. / IRENE MARSILLA
  • Sus joyas han seducido a muchos rostros populares y reciben el apoyo del proyecto Lanzadera de Juan Roig. Es la recompensa para un joven apremiado por el tiempo. «Soy más feliz el sábado por la noche trabajando en el ordenador que dando botes en una discoteca», afirma. Por eso ve ahora imposible encontrar pareja

Cristina Pedroche, Paulina Rubio, Eugenia Silva o Lara Álvarez ya han lucido los diseños de Xavi Montava, quien con su firma de accesorios El Mito de Gea ha sido seleccionado de entre mil proyectos por la Lanzadera de Juan Roig. Este valenciano de trato cordial, extrovertido y apasionado, forjado como creativo en el mundo de la moda, trabaja a destajo para conseguir su sueño, el que comenzó hace quince años como estudiante de Bellas Artes y que ha materializado en unas joyas con mucha personalidad.

-Qué sueño estar aquí, ¿no?

-No creo en las casualidades, pienso que se trata del resultado de todo lo que he hecho durante diez años. Es una satisfacción muy grande que unas personas hayan creído en esto. Hay un momento en que necesitas financiación para acelerar los proyectos, porque no estamos en la vida para siempre.

-¿Se imaginaba usted aquí cuando terminó la carrera de Bellas Artes?

-Recién terminada la licenciatura me llamaron de las islas Baleares para formar parte del claustro docente de una escuela de arte. Lo rechacé. Me acuerdo de aquel funcionario que me preguntó: «¿Sabes que te vas a arrepentir toda la vida?» Pero yo a nivel profesional no me veía ligado a un lugar de trabajo, a un salario, a un horario… Tenía muchas cosas que hacer.

-¿Quién atisbó en usted ese creativo en el que se ha convertido?

-A mi madre le ha gustado analizar el porqué de mis inclinaciones y dice que es una mezcla. Ella ha sido una mujer muy creativa, que se hacía sus dibujos en los jerséis de punto que tejía, y mi padre, que regentaba una empresa de construcción, tenía mucha mano en la distribución de espacios. Pero si hay una figura concreta que a mí me ha marcado es la de un profesor ya retirado, Manolo Cervera, que fue el que en sexto de EGB le dijo a mi madre que yo tenía que estudiar Bellas Artes.

-¿Se lo han puesto fácil?

-He superado muchos obstáculos, porque en las familias era una formación de segunda categoría. Mi madre me insistía en que estudiara Derecho, ya que siempre he tenido un expediente muy bueno. Así que lo puse de primera opción y me inventé que no me habían cogido cuando superé la prueba de acceso a Bellas Artes. Y pensé: «Si durante cinco años tengo que aguantar la cantinela de que esto no es una ingeniería, la única manera de demostrar que no me he equivocado es intentar ser el mejor». Acabé con un 9,5 de media y me dieron el premio extraordinario de la Generalitat. Fui Erasmus en Venecia, donde estudié cuarto, y acabé con una luxación en la espalda porque dibujaba quince horas al día.

-Con ese expediente podría haber desarrollado una carrera como artista.

-No creo en parte del arte contemporáneo. Yo era de esos bichos raros a los que les gusta estudiar anatomía. La mayoría decía: «¿Para qué? Si lo que se lleva es el performance». Pero yo no estudié Bellas Artes para ponerme desnudo con pintura encima y restregarme por el suelo.

-Ha vivido en Barcelona, viaja muchísimo, pero usted se ha establecido en Valencia. ¿Por qué?

-Considero Valencia como una habitación, no doy importancia a la ciudad en sí. Está muy bien comunicada, aunque mi retiro es Muro. Allí me voy con Napoleón, mi perro, que ahora está con los abuelos (bromea). Y donde conservo a los mismos amigos que tenía con diez años.

-¿Y para que le cocine su madre?

-Es verdad que con el frenesí del día a día comes fatal, e incluso a veces paso sin comer.

-¿Le absorbe mucho el trabajo?

-El otro día unos colegas me dieron un toque de atención. Me decían: «¿Te das cuenta de que hace dos años que no sales de fiesta?» Pero es que yo soy más feliz el sábado por la noche en casa trabajando en el ordenador que dando botes en una discoteca. No me considero una persona adicta al trabajo, sino que soy adicto a lo que me gusta. Quizás tengo una cierta obsesión por el tiempo, veo que me hago mayor, que quiero conseguir metas y voy contrarreloj. Eso me ha hecho descartar la parte lúdico-festiva.

-¿Lo comparte con alguien?

-No, pienso que ahora mismo es imposible.

-Le gusta la soledad.

-Sí, aunque no vivimos solos. Si la relación con los amigos o la familia es sana, siempre están. Quizás este ritmo no sea para siempre, pero ahora me siento feliz con lo que hago.