Las Provincias

¿Quién es José Payá?

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/ DAMIÁN TORRES

  • El gusto por el arte guió la infancia del director del centro de estudios de arte y restauración Gaia, aunque tardaría en cuajar. Primero quiso dar satisfacción a sus padres y estudió Derecho

Se atisban por la ventana los maravillosos tejados del Mercado Central. Parece que el arte se cuele a raudales en una escuela donde José Payá ha pasado ya media vida, siempre rodeado de pinceles y lienzos, sembrando en otros el amor por la pintura o la restauración, infectándoles del virus de la creatividad. Quién le iba a decir a él, artista de vocación, que aprendería de números para cuadrar las cuentas que ha costado tanto sacar adelante.

-Qué entorno más estimulante para alguien a quien le guste el arte.

-Eso dice la gente que viene aquí, que se respira creatividad. La escuela ahora está consolidada, pero la crisis económica ha sido dura, y también los inicios, hace ya muchos años. Los tres socios, Juanjo, Susana y yo, nos conocimos en la Facultad de Bellas Artes, en la primera promoción de Restauración, y teníamos claro que trabajaríamos juntos. Éramos muy jóvenes y el primer taller estaba en una garita de portero. Luego nos salió la oportunidad de montar una escuela de restauración en México, que se desinfló, y ya que teníamos el proyecto tiramos adelante en Valencia. Al principio lo hacíamos casi todo: limpiar, atender la puerta, cambiar las bombillas... Lo pasamos muy mal y trabajamos cuatro años gratis.

-Tras tantos años, ¿es difícil mantener la relación entre los socios? Suele ser el principal problema en las empresas.

-El secreto es la confianza absoluta de los unos en los otros, pensar que somos todos buena gente y que, aunque opinemos distinto, si el otro se equivoca lo hace por el bien de la escuela. Y poner la empresa como objetivo común de los tres.

-Como todo buen artista debe de haber tenido una vocación temprana.

-Desde niño siempre me gustó la pintura, el arte, los monumentos, el urbanismo..., lo que en esa edad no es muy común. Cuando empezaron las peatonalizaciones en Valencia me hice un plano coloreando las calles donde dejaban de circular los coches. Recuerdo la primera fachada que se restauró en la ciudad, en la esquina de la plaza del Ayuntamiento y la calle Calvo Sotelo. Entonces Valencia era muy gris, sucia y oscura. Iba yo en el autobús, en el 81, camino del colegio y cuando quitaron los andamios. Me quedé de piedra.

-¿No le consideraban un niño algo raro?

-Un poco sí (ríe), aunque mi familia en ese aspecto siempre ha sido muy abierta. Nos mandó a mis hermanos y a mí a un club a aprender a pintar y dibujar. Pero cuando me tocaba ir a la universidad, en plena crisis de los ochenta, la ambición de toda familia era que su hijo fuera funcionario. Por eso empecé Derecho, el año más infeliz de mi vida.

-Un artista en Derecho... Ahí sí se sentiría el bicho raro.

-En la carrera era todo memorístico y yo tenía una sensación de frustración, rodeado de compañeros dispuestos a todo por prosperar. Me sentía fuera de lugar. Al comenzar el segundo curso ya planteé en mi casa que lo iba a dejar y entré en Bellas Artes, que era otro universo.

-¿Se sintió allí al fin a gusto?

-Lo que pasa es que yo siempre he estado como en medio, tampoco era de los modernos. Considero que soy muy artista, pero no un bohemio excéntrico, que son dos conceptos que parece que tienen que ir unidos. En mi caso no es así y yo creo que igual me ha perjudicado. Mi carrera como pintor no ha llegado a fructificar, aunque también ha sido porque me he centrado mucho en la escuela.

-Tiene hijos. ¿Han heredado la vocación artística?

-Tengo dos mellizos de once años y lógicamente imitan lo que ven en sus padres. Aparte creo que los dos tienen un componente artístico muy acusado, y además con talento. Están ahora en el conservatorio, él en piano, ella en flauta. En el colegio van fenomenal y tienen muchas inquietudes.

-¿Le gustaría que heredaran algún día la escuela?

-Desde pequeños han pasado mucho tiempo aquí. Además, ninguno de mis socios tiene hijos y les decimos que si algún día quieren esto será de ellos. Me gustaría que hicieran lo que ellos quisieran, porque esto es duro. Durante la crisis económica, las noches sin dormir era lo habitual.

-Al margen de esto, ¿tiene tiempo para algo más?

-El poco que queda lo dedico a la familia, y en verano a pintar. Puedo hacer un cuadro al día. Quizás por esa falta de horas me he dedicado a una técnica muy rápida, el pastel.