Las Provincias

¿Quién es Laura Oliver?

¿Quién es Laura Oliver?
/ DAMIÁN TORRES
  • La familia lo es todo para esta mujer sin horarios que presume de equipo, el que capitanea junto a un marido comprensivo y unos niños que ya «asistían en la barriga a las juntas de gobierno»

  • La hija del ama de casa y el carnicero hace una lista de planes para el día en que deje el cargo

A pesar de lo temprano de la hora la mujer que abre la puerta, perfectamente peinada y vestida con suma elegancia, es un torbellino de energía. Habla algo atropellada al principio, quizás fruto del nerviosismo de quien no está acostumbrada al relumbrón que tienen otros decanatos, como el de abogados o médicos. Ha preferido realizar la entrevista en un ambiente en el que se siente segura, en el salón de su casa, rodeada de las fotos de la familia que la apoya y a la vez la reclama, convertida su vida en una vorágine de la que sólo salta en marcha al llegar el sábado a mediodía.

-Confiéseme qué le atrajo de un cargo que no tiene ninguna remuneración y sí mucha dedicación.

-Yo creo que es la consecuencia de una forma de ser. Tienes unas inquietudes que te llevan a preguntar, a asistir a las reuniones, y poco a poco te vas involucrando. No es una decisión meditada e incluso tiene algo de inconsciente. Pero ya le digo que esto es el final. Ocho años es lo necesario, porque nadie, nadie debería estar más tiempo, ni siquiera el presidente de la comunidad de propietarios.

-La mayoría de decanos en colegios son hombres. Parece que sean ellos los que tienen más tiempo. ¿Por qué en su caso dijo: «Yo también puedo»?

-Tengo una suerte infinita, y es que entro en mi casa y somos un equipo. Mis dos hijos han asistido en la barriga a las juntas de gobierno y mi marido siempre me ha apoyado. Además, tengo una madre y unos suegros maravillosos y sin ellos no hubiera podido cuando eran pequeños.

-Primero fue abogada, y de ahí se convirtió en procuradora. Parece que al tratarse del eslabón menos conocido de la Justicia nadie quiera serlo.

-En mi caso fue una decisión personal obligada por las circunstancias que me rodeaban, pero también le digo que me he sentido igual de realizada como letrada que como procuradora. Al final somos las trincheras, la primera línea, una profesión bastante silenciosa. Eso es una asignatura pendiente, desde luego.

-¿Ha llegado a cumplir las aspiraciones que tenía cuando era estudiante de Derecho?

-En mi época la figura del procurador prácticamente no aparecía en la universidad, o el día en que salió no fui yo a clase. Entonces parecía que lo único era ser funcionario o ejercer. Yo lo que tenía muy claro es que no servía para opositar, porque he sido siempre una persona de metas cortas y de acción.

-¿Se ha considerado una persona muy activa?

-Mucho. Ni siquiera tenemos cafetera en esta casa (ríe).

-¿A su marido lo conoció en la facultad?

-Nos encontramos en la universidad, aunque primero fuimos compañeros, luego amigos y ya más tarde vino el noviazgo.-

-Ahora es cuando me dice que sus hijos también quieren estudiar Derecho.

-(Interrumpe) Para nada. Creo que no les debe de atraer mi estilo de vida. Cualquier familia en la que exista un procurador sabe que no hay horarios. Así que ellos no se lo plantean ni de lejos. Yo lo prefiero, porque a mí lo que me gustaría es que fueran médicos, quizá para ver si me cuidan de mayor (ríe).

-Deben de pensar que ese trabajo les ‘roba’ a su madre.

-Además, en cualquier informativo raro es que no salga algún procedimiento judicial, así que en casa lo comentamos y mis hijos resoplan. En realidad no hablamos de nuestro trabajo pero ellos lo entienden así.

-Es que la actualidad se ha judicializado mucho.

-Todo. Llegas a la Ciudad de la Justicia y aquello parece un plató de televisión.

¿Quién es Laura Oliver?

-¿Cómo le gustaría que la recordaran el día en que se vaya del colegio?

-Como una compañera normal y corriente. Es verdad que ha habido una evolución, antes las juntas de gobierno estaban llenas de personas no terrenales. Se han terminado ya las divinidades y las estirpes.

-¿No pertenece a una familia de abogados?

-En absoluto. Mi madre era ama de casa, mi padre carnicero. Normales y corrientes. Y superorgullosos.

-¿Le gusta mirar hacia atrás?

-No. Hay que aprender de los errores y seguir. No me gusta la gente que se instala en la queja. Nunca he añorado nada pero si le soy sincera ahora pienso más en cuando era joven.

-¿Se considera una persona optimista?

-En realidad soy bastante realista. Lo que sí tengo es ilusión. Estoy haciendo una lista de cosas que me gustaría poner en marcha cuando termine el decanato. Me encantaría volver a las clases como alumna de Bellas Artes o Criminología y como docente, donde viví los mejores y los peores momentos de mi vida.