Las Provincias

¿Quién es Iker Marcaide?

Iker MArcaide, sentado sobre uno de los pupitres del colegio
Iker MArcaide, sentado sobre uno de los pupitres del colegio / MANUEL MOLINES
  • Se autodefine como ‘emprendedor bobo’ porque necesita sufrir un problema en primera persona para adivinar en él una oportunidad

  • Su currículum le desmiente. De estudiante convivió con las matrículas de honor, se formó en EE UU, creó la mejor startup del mundo y ahora se centra en un colegio que rompe esquemas

Iker Marcaide se sienta tras la única mesa de una sala medio vacía en su colegio Montessori, que ha abierto las puertas hace apenas una semana. Echa el cuerpo hacia adelante, dispuesto a entregarse al cien por cien a la entrevista. No parece prestar demasiada atención a la ropa que viste, porque lo que transmite no es el color de su camisa, sino la fijeza con la que atiende, su habla hipnótica y la pasión que irradia y contagia. En la veintena se convirtió en un emprendedor de éxito, gracias a su galardonada startup de transferencias internacionales. En la treintena su mente ya está en otras cosas, como un centro escolar que no sigue los cánones de la educación tradicional. Y en muchos otros proyectos.

-¿Se considera un emprendedor?

-Hay gente que tiene la vida muy pensada y meditada, pero no es mi caso. A mí me han ido surgiendo oportunidades y las he aprovechado. Yo en realidad me denomino el emprendedor bobo, porque parece que tenga que sufrir algo en primera persona para ver que ahí hay una oportunidad. Así monté mi primera empresa, cuando me fui a estudiar a Estados Unidos y tenía que mandar dinero para pagar la matrícula. El año pasado me encontré buscando colegio para mi hijo, que ahora tiene tres años, y me llamó la atención que con un mundo tan cambiante la educación era muy parecida a la que yo estudié, dictada por el profesor, memorística y pasiva. Yo querría que mis hijos fueran autónomos y críticos y además que disfrutaran aprendiendo. Así que decidimos entre varios padres crear este centro.

-¿Usted ha sido buen estudiante?

-Lo he sido, vengo de una familia donde se valoraba mucho la excelencia académica y para mí era una prioridad. Sin embargo, no me privó de hacer más cosas, y durante el instituto y la carrera he sido desde socorrista hasta organizador de fiestas latinas en Alemania. Incluso he recogido tulipanes en Holanda. Tenía 14 años.

-No podía quedarse quieto.

-Terminé Industriales segundo de la promoción y recuerdo que tenía con mis padres un acuerdo para que cada matrícula de honor que sacara, del ahorro que generaba, la mitad se lo quedaban ellos y el resto yo. Eso es algo que te permite hacer cosas. De todas formas, yo entonces pensaba que académicamente tenía que ser genial para conseguirlo, y luego te das cuenta de que no es así, que hay muchos tipos de inteligencia y muchas habilidades. Es más, yo creo que lo más importante que me aportó la facultad fue conocer a mi mujer.

-Estudió en el prestigioso Instituto Tecnológico MIT de Massachussets, se presentó en Silicon Valley, pero usted decidió volver a Valencia.

-Yo tenía claro desde el principio que las experiencias a lo largo del mundo son enriquecedoras pero luego uno piensa dónde a largo plazo le gustaría que creciera su familia. Por ejemplo, para mí era importante que mis hijos estuvieran cerca de sus abuelos, y que pudieran verlos no sólo una vez al año. Hay que ser agradecido con los que te han ayudado y me pareció egoísta montar mi vida en Estados Unidos y olvidar España.

-Tienen además sus ideas un componente social.

-Yo pienso en aquellos proyectos que pueden hacer el mundo un poco mejor. Por ejemplo, transformar la sociedad a través de la educación. En otra firma en la que estoy involucrado ayudamos a familias en África a dotarse de energía con paneles solares. Y también estoy vinculado en alguna otra fundación como patrono. La empresa es como un cuchillo, puedes usarlo para cortar un trozo de tarta de manzana o cogerlo para matar al vecino. Y es la misma herramienta. Yo prefiero estar en el lado de los que usan la empresa para hacer el bien.

-¿Es usted como los buenos artistas, que todavía no han creado su mejor cuadro?

-A veces está bien dar un paso atrás y tomar una perspectiva más amplia. Me encanta pasear por la montaña. Ahí te das cuenta de que eres una parte muy pequeña del mundo. Y entonces me pregunto: «¿Estoy haciendo algo realmente importante en la vida?» El capitalismo juzga por el saldo en la cuenta bancaria, pero yo intento pensar que por encima de todo están las personas.

-¿Es un emprendedor que no piensa en el futuro?

-Yo creo que con el tiempo empiezas a pensar mejor en el hoy que en el mañana, en lo que estoy haciendo y me motiva. Por ejemplo, cada vez trabajo menos en la oficina y más en cafeterías y bares. Así disfruto de mi entorno.

-¿Le gusta experimentar esa desconexión, valorar las pequeñas cosas?

-Cuando estoy con mi familia lo intento hacer. Ayer jugaba con mi hijo y una amiga a ser exploradores por la casa. Entonces intento minimizar el teléfono (ríe).