Pedro Quiralte-Gómez, el barítono que viaja con un paellero

Pedro Quiralte-Gómez. / LP

El torrente de su voz le ha abierto todas las puertas del universo operístico salvo las que más querría atravesar, las del Palau de les Arts. Es el gran reto de este talento castellonense que tiene en Roma su segunda ciudad y vende valencianía por el mundo

RAMÓN PALOMAR

La voz. La voz es ese otro instrumento que llevamos incorporado pero que la mayoría no sabemos usar. Nuestra voz, en realidad, emula la de un grajo. Y, por culpa de nuestro desafinado oído, ante cualquier trovador catódico de programa tipo karaoke una parte de la gente se rinde. El estribillo facilón, las melodías simplonas, esos intérpretes que gustan de trinar mientras efectúan cabriolas consiguen un reconocimiento que sólo se debe al triunfo de la banalidad, a las modas impuestas por la mercadotecnia, a la horterada imperante que llegó para quedarse y a la fácil digestión de esas actividades seudoartísticas. La voz, emplear la voz desde un punto de vista realmente musical, es otra cosa, sólo que la masa muestra tímpano duro y no le van las manifestaciones de puro arte, pues éstas necesitan educación, sensibilidad y cierta reflexión. Uf, qué cansancio.

Voz, auténtica voz, es lo que nos ofrece el barítono bajo de Castellón Pedro Quiralte-Gómez, y apunten este nombre porque está conquistando la galaxia operística y esto no ha hecho sino empezar. Finalizó en su ciudad natal sus estudios superiores allá en el conservatorio y decidió largarse a Roma para ver si le aceptaban en uno de los másteres más prestigiosos en los terrenos de la ópera, el que te consagra, el que te imparten en la Academia Santa Cecilia. Pedro, todavía hoy, luce modestia cuando te afirma: «No sé cómo me aceptaron con el nivel que exigen...» Yo sí lo sé: porque su voz es un prodigio y porque nuestro paisano daba la talla.

Así pues, con 22 añitos se instaló en Roma dispuesto a mejorar sus aptitudes y aquellos años, cuatro nada menos, no sólo le enseñaron un nuevo idioma, sino que le fertilizaron tanto la mente como las cuerdas vocales. Entre el profesorado que le encandiló tuvo a la mítica Renata Escotto. Pocas bromas. Se derrite cuando habla del magisterio de Renata y considera que sin sus lecciones no habría llegado demasiado lejos. Y en Roma, con esos 22 tiernos años, primero vivió en una residencia de monjas que le alimentaban a base de pasta casera y mimos como de madre católica de rostro apergaminado. Otro nombre fundamental en su formación, el de la madre Josefina. En efecto, su hermano estaba de canónigo en el Vaticano y al enterarse de ese cantante de ópera en ciernes entabló con él cierta amistad. Por lo tanto, Pedro Quiralte-Gómez es uno de esos humanos que han disfrutado de la singular experiencia de visitar el Vaticano en privado de arriba abajo. Hoy sigue relamiéndose ante aquella experiencias... Visitar la Capilla Sixitina solo, o la basílica con el perfume de Miguel Ángel flotando por allí, supone un puntazo arrollador. Incluso, sospecho, visitó los sótanos del Vaticano, que diría André Gide. Pedro se emociona al recordar ceremonias con el Golegio Cardenalicio en pleno presidido por el Papa Benedicto. Ellos, con la magnificencia de su liturgia, y él, empapándose de todo aquello. «Y no te imaginas lo que era para un joven de Castellón atravesar varias veces al día la plaza de San Pedro para acudir hasta la academia». Me lo puedo imaginar...

La cafetera y su almohada le acompañan a todas partes, y es poco amigo de dormir en hotel

Considera, pues, Roma como su segunda ciudad tras Castellón. Y desde luego no le podemos llevar la contraria. Pero su paso por aquella academia, además, le encauzó hacia la salida profesional. Reforzó su repertorio, su dicción, su caminar sobre las tablas, su sentido musical. Y desde allí, con catorce roles incrustados en su memoria, las primeras giras y el vértigo de aquella carrera que emergía. Pedro Quiralte-Gómez es conocido de sobra por los buenos aficionados y ha actuado, por ejemplo, por ceñirnos a nuestras fronteras, en todos los teatros líricos de España. ¿En todos? Sí, en todos los más importantes salvo en uno, el Palau de Les Arts. Incomprensible que nuestro barítono bajo de Castellón no haya proyectado su voz desde nuestro primer coliseo. Estas injusticias, acaso funestas casualidades, convendría rectificarlas. De todos modos él esto lo cuenta sin ninguna acritud, el que alucina soy yo porque me encanta que nuestros paisanos preñados de talento sean profetas en su tierra. Ya llegará el momento, desde luego.

Mantiene su cuartel general en un céntrico piso de Castellón. Sin embargo, el 75% de su tiempo anda de gira por todo el mundo. ¿Cómo lo lleva? Pues lo de los hoteles no demasiado bien, se le antojan impersonales en exceso y eso se le atraganta, de ahí que, cuando la estancia se prolonga, pida por favor la posibilidad de apalancarse en un apartamento para lograr cierta sensación de hogar. Eso sí, a lo largo de sus viajes siempre le acompañan su cafetera, su almohada y su... ¡paellero! No, no es broma, Pedro viaja con un paellero que ha recorrido más kilómetros que el baúl de la Piquer y su paella la han degustado compañeros suyos en Canadá o en Israel. Allá donde va para cantar, plas, prepara una paella estupenda que causa sensación. Impresionante. Pedro Quiralte-Gómez, voz de barítono bajo, sí efectúa con nobleza notable promoción de la marca Valencia. Sin embargo, en el Palau de Les Arts todavía no ha cantado. En fin. Ganas tengo yo de escucharle y, claro, de probar su legendaria paella.

Fotos

Vídeos