¿Quién es Paula Crespo?

Paula, en la sede del colegio profesional que preside. /Irene Marsilla
Paula, en la sede del colegio profesional que preside. / Irene Marsilla

La vocación por la medicina llevó al mundo de la nutrición a esta mujer que presume de saber escuchar y maneja las claves de la vida sana

MARÍA JOSÉ CARCHANOValencia

Llama la atención la cara de niña de Paula Crespo cuando abre la puerta de la sede del Colegio de Dietistas-Nutricionistas de Valencia. Pero si alguien puede objetar algo por su juventud, esta investigadora del Hospital La Fe lo barre al minuto con una ilusión y una determinación fuera de lo común. Lleva apenas unas semanas al frente de la institución y tiene muy claro que esta es una profesión de futuro, que algún día dispondrán de su espacio en la sanidad pública. Porque, además, no entiende lo de quejarse y no hacer nada. Así que está dispuesta a luchar.

-Debe de ser de las personas más jóvenes que están al frente de un colegio. ¿Por qué dio el paso?

-Hicimos un equipo que tenía muchas ideas y muchas ganas. Pensamos que era el momento y se convirtió en un reto. Como es algo que me gusta, la persona que se ofreció para liderar la candidatura fui yo. Trabajo bien en equipo, sé escuchar y creo que eso se puede extrapolar a otros ámbitos.

-¿Ya era delegada de clase?

-(Ríe) Estudié Nutrición Humana y Dietética y luego Ciencia y Tecnología de los Alimentos y sí, era delegada de clase. En el colegio también. Mis amigos dicen: «En el fondo no nos sorprende». Cuando había que ir a pedir algo me lo decían a mí, y yo iba.

Paula admite que trabaja bien en equipo y sabe escuchar, cualidades imprescindibles para su profesión.
Paula admite que trabaja bien en equipo y sabe escuchar, cualidades imprescindibles para su profesión. / Irene Marsilla

-¿De dónde le viene ese alma reivindicativa?

-Mis padres dicen que físicamente me parezco a uno y he salido peleona como el otro, pero es cierto que soy la suma de los dos. Mi hermano siempre me comenta: «No sé cómo puedes, ni quieres». No es que en mi casa haya vivido la participación de la forma en que yo la entiendo, pero nunca me han limitado en ese sentido. Siempre me animaron.

-Y tiene claro que esto es altruista.

-Sí, es algo de lo que antes de entrar fui muy consciente porque requiere una obligación. Pero es que yo ya estoy en muchas sociedades científicas y me puede más la aspiración de hacernos un hueco. Si no estuviese en el colegio me habría buscado otra cosa, también altruista y en pro de la profesión. Es verdad que en mi casa no me quedo.

«Como bien pero cocino mal, cuando vuelvo al pueblo recargo los tuppers»

-¿Y la decisión de formarse como nutricionista?

-Me gusta contarlo porque es el claro ejemplo de que nunca sabes lo que te va a deparar la vida. Siempre quise estudiar Medicina, lo tenía superclaro. En cada universidad de España puse esa carrera de primera opción. Y la segunda Nutrición, porque era una profesión sanitaria. Y pensé: «Si no me gusta lo puedo volver a intentar con Medicina». Siempre digo que creo que sin quererlo ha sido la mejor elección de mi vida, porque una vez estuve dentro jamás me planteé cambiar.

-¿En qué momento se dio cuenta de que no se había equivocado?

-Quizás fue al iniciar las prácticas, porque a mí no me gusta nada la monotonía y fue precisamente lo que no encontré. Esto te obliga a estar en continua formación. Además, comemos cada día, es muy importante para todas las personas, lo que significa que ayudas a la gente en algo esencial en su vida.

-¿Lo aplica en sí misma? ¿Come bien?

-Como bien pero cocino mal. Sé cómo tengo que alimentarme pero los fogones son para mí la asignatura pendiente que en la carrera no tenemos. Por otro lado, no estamos todo el día contando calorías, como a veces se dice, pero comer de forma saludable se hace incluso de forma inconsciente.

Una espina clavada

El sueño americano

Para una investigadora como Paula Crespo, la formación se convierte en uno de los pilares esenciales de la vida. «Me hubiera gustado hacer una estancia más larga en Estados Unidos». No lo descarta esta mujer que con su equipo ha desarrollado una aplicación móvil dirigida a niños enfermos de fibrosis quística gracias a un proyecto europeo. «Todavía no descarto irme, pero soy consciente de que cada vez resultará más complicado», admite.

-Concréteme. ¿Qué desayuna?

-Cafe con leche y sacarina, tostadas de pan integral con aceite y un kiwi si tengo mucha hambre. Lo mismo cada día, de lunes a domingo.

-No me diga, además, que hace deporte.

-Por supuesto, sobre todo me gusta salir con la bici. Además, prefiero ir sola, soy mala compañera de deporte, porque es mi momento de desconexión. También practico natación. Valencia tiene las condiciones perfectas para hacer ejercicio al aire libre.

-¿Qué otras aficiones tiene?

-Estuve muchos años tocando la guitarra y lo fui dejando. Ahora debería ir a clase porque lo tengo olvidado. Y volver a mi pueblo, Motilla del Palancar, en la provincia de Cuenca.

-Donde toda la vida han parado los autobuses de camino a Madrid.

-Sí, aquí en Valencia todo el mundo lo conoce porque siempre ha sido lugar de paso. Intento ir a menudo, pues es otra de las cosas que me sirven como vía de escape. Y, de paso, recargo los tuppers, porque no puedo competir con mi madre en la cocina. Aunque no haya estudiado Nutrición, todo lo que hace es sano y bueno. Y es una auténtica pena, porque he tenido una buena maestra pero he sido mala alumna.

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