Paula Alcón, en sus zapatos

Paula Alcón, rodeada de algunos de los zapatos que tiene en su casa./Damián Torres
Paula Alcón, rodeada de algunos de los zapatos que tiene en su casa. / Damián Torres

Es una apasionada de las bailarinas y regresa de cada viaje con varios pares nuevos para su colección. También le encantan la decoración y la pintura, presente en cualquier lugar de la casa

José Molins
JOSÉ MOLINSValencia

Una habitación entera para su gran afición: coleccionar zapatos. Lo que tiene Paula Alcón en su casa no es un vestidor, sino el sueño de muchos amantes de la moda. Decenas de pares de prendas de calzado de todos los estilos y colores conviven perfectamente ordenados. «Soy coleccionista de cualquier artículo de moda pero las bailarinas me gustan muchísimo porque me resultan muy cómodas, muy femeninas. Me encantan como calzado. De pequeña iba a ballet y siempre me han gustado. Cuando viajo a cualquier ciudad me traigo algunas bailarinas». Son su prenda fetiche. «Las últimas tipo slipper que me compré fueron de una expositora, María Barbería, unas azules. Mi carácter es también bastante extremista, así que paso de unas bailarinas planas al tacón alto, de más de diez centímetros, que me pongo para actos especiales», expresa. «En el día a día casi siempre uso bailarinas, me dan un estilo Olivia Palermo que me encanta. Y me compré unos zapatos de tacón en Londres que utilicé para una boda muy especial».

Disfruta cuando el trabajo le permite un respiro y puede salir a pasear, y siempre acaba cayendo en la tentación: «Al año me compro unas ocho bailarinas buenas, en tiendas de firma, y luego compro mucho un poco más económicas si un día salgo a dar una vuelta. Tengo muchas de calle y si me gustan, las compro iguales en varios colores». Es amante del orden y de recordar qué historia tiene detrás cada zapato. «Allá donde viajo me compro unos y tengo amigos que si van a algún país me traen bailarinas. Intento acordarme de dónde es cada una, incluso a veces me guardo la tarjeta de la tienda y tengo colección de las bolsas de cada establecimiento», que guarda como un tesoro.

También es una apasionada de la decoración y en su casa no queda una pared vacía. «Me gusta el arte en la decoración, en mi casa tengo cuadros en todas las estancias y paredes. Lo aprendí de mis padres. Mi padre -Rafael Alcón, presidente de la Fundación Bancaja- es arquitecto y mi madre tenía un gusto exquisito para la casa. Yo desde pequeña lo he visto y he cogido un poco de los dos. Tengo pinturas de Ripollés, Luque... Las hay incluso en la cocina, el baño y la terraza -detalla Paula-. Los cuadros visten y no creo que sólo tengan que estar en el salón, sino en cualquier parte. La pintura me encanta, la he tenido desde pequeña en casa. Ahora mi hermano se ha comprado un piso y estoy ayudando a decorarlo».

Empresaria

Paula Alcón realiza numerosos cool markets gallery desde hace siete años y también ha sido diseñadora de moda, lo que le permite conjugar en su vida trabajo y pasión.

La familia es otra de sus pasiones, de lo que se dio cuenta tras varios años viviendo en Italia y en Madrid. «Estoy muy unida a mi padre. Al quedarse viudo, paso mucho tiempo con él y aprendo. Descubro cosas del mundo del arte que me apasionan». Además, con sus amigas suele hacer al menos dos viajes al año, «uno siempre a la nieve en invierno». Y adora el mar. «Me relaja, me da vida, me cura muchas penas. Disfruto tomando el sol. Hace años teníamos un barco. Me encantaba conocer islas desde el mar. No tiene nada que ver con hacerlo desde tierra. La afición a la náutica sigue ahí, pero hemos dejado de navegar tanto. Ahora en Benicàssim cojo un kayak y una moto de agua. Allí me encanta dar largos paseos por la playa con mi perro Coco, que me hace mucha compañía y al que quiero mucho».

Le entusiasma la oferta gastronómica de la Comunitat, que le parece «espectacular», como tomar un arroz en Dénia o también saborear la restauración más vanguardista, cuidada y moderna. «Y me encanta una buena paletilla de cordero o un cocido madrileño si voy a la capital, donde me escapo mucho, ya que tengo muy buena relación con el museo Thyssen». Le sedujo 'El diario de Sara' en el cine y lamenta que no se apueste más por la cultura en Valencia. «Estuve yendo muchos años a la ópera en el Palau de les Arts, pero me parecen muy repetitivas. 'Madame Butterfly' la vi durante tres temporadas seguidas, 'Carmen' me encantó, pero me falta más oferta cultural en Valencia. En otras ciudades siempre he disfrutado de mucho teatro».

Cuida su cuerpo con pilates y yoga -«me dan equilibrio mental»- y va al gimnasio ahora que tiene libre algún rato más. Y le gusta evadirse entre páginas. «Desconecto con la lectura, tanto libros como revistas de tendencias y actualidad. Además me relajo con música, en especial bossa, reggae, jazz y pop español». Le está saliendo el instinto maternal con su ahijada Carmencita, de dos meses, «una monada», a quien ya compra bailarinas, y admite que se lo pasa «pipa» conduciendo por la ciudad «y callejeando por el centro». Revela también que es «muy creyente» y le encanta admirar las iglesias. «Disfruté hace poco viendo cómo ha quedado San Nicolás tras la restauración. En la Comunitat hay iglesias y ermitas preciosas». Las visita en pequeñas escapadas.

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