Sole Giménez, cantante: «Si eres mujer y tienes las ideas claras todo es más difícil, hasta encontrar pareja»

Sole Giménez, artista de éxito internacional que no renuncia al compromiso ni a ejercer como madre./Damián Torres
Sole Giménez, artista de éxito internacional que no renuncia al compromiso ni a ejercer como madre. / Damián Torres

De ahí que se declare feminista, «pero no extremista; los extremismos tiran tanto de la cuerda que parece que quieren romperla»

MARIA JOSÉ CARCHANOValencia

Sole Giménez elige el jardín del Turia, de espaldas al Palau de la Música, como escenario; se siente cómoda en esta ciudad que ya ha adoptado como suya, pese a una infancia en Yecla y un nacimiento en París que poca huella le ha dejado más que en el DNI. La que fuera la gran diva del pop de los noventa con Presuntos Implicados, aquella voz única con la que creció toda una generación, sigue publicando discos, un trabajo que combina con su puesto en el Consell Valencià de Cultura y también, por qué no, con el de ejercer como madre. Vive algo alejada de la ciudad. «Tengo animales, por supuesto, incluso aparecen por allí dos puercoespines a comer», comenta. Ya entrado el mes de noviembre, pasado el mediodía, el sol aprieta y Sole se queja. «Tendremos que salir en procesión para que llueva», bromea. Conserva la elegancia que la ha caracterizado siempre en los escenarios a pesar de que en su época dorada triunfaran los pelos cardados de colores, con esa belleza clásica que no la ha abandonado.

-Justo esta semana pasada la vi dos veces en televisión. Una de ellas en el programa ‘Tu cara me suena’, imitando a la vocalista Annie Lennox.

-Me reí muchísimo. Tenía ganas de ponerme a hacer el payaso, verme en otra tesitura menos seria, yo que siempre he parecido una persona formal, pero que no es tan así.

-Quizás se deba a esa imagen de artista con una trayectoria muy coherente.

-Supongo que he intentado que mi carrera tuviera mucha coherencia y lo he conseguido, pero qué aburrimiento, ¿no? Así que dije: «Ya basta, vamos a intentar hacer otras cosas». Me veía el otro día y pensé: «Qué cara de marciana que tengo». Aunque la verdad es que fue una experiencia increíble.

«Somos el producto de lo que hemos sido, no reniego de mi historia»

-También la vi en el programa ‘Cachitos de hierro y cromo’, en un recopilatorio de temas pop de los ochenta, con Presuntos Implicados.

-Qué pena que el único programa de música que existe en la actualidad en la televisión sea de refritos.

-¿Está reconciliada con su pasado, con el camino que ha recorrido hasta llegar aquí?

-Yo creo que somos el producto de lo que hemos sido, no reniego de mi historia; de algunas cosas quizás me siento más orgullosa, otras me gustó menos hacerlas. Pero en general el camino, como decía antes, ha sido muy coherente, y después de dejar Presuntos también tengo unos discos que cuando los escucho ahora digo: «Olé, qué canciones más bonitas, qué buenos músicos me rodean». Me siento afortunada, muy privilegiada, doy gracias todos los días. Y como alguna amiga me dice, «algo bien habrás hecho, que estas cosas no pasan por casualidad».

-¿Cuánto cree que hay de talento, de perseverancia, de tener las ideas claras, o de inteligencia emocional, que tan de moda está ahora?

-No sabría decirle, aunque creo que la inteligencia emocional a la hora de trabajar con personas es absolutamente imprescindible. Desde luego me di cuenta en un momento dado de que lo que yo quería era hacerlo en armonía. Con gente con la que me sintiera a gusto, con la que hubiera buena comunicación. Y llevo once años trabajando en solitario pero prácticamente con los mismos músicos.

-Quizás porque era lo que no tenía en Presuntos Implicados. Alguna vez ha asegurado que le costó mucho dejar el grupo, incluso más que divorciarse.

-Es que me lo pusieron mucho peor, fue más difícil por eso.

Sole Giménez repasa su vida junto al Palau de la Música, el lugar que ella misma ha elegido para la entrevista,
Sole Giménez repasa su vida junto al Palau de la Música, el lugar que ella misma ha elegido para la entrevista, / Damián Torres

-Y eso que uno de ellos, Juan Luis Giménez, es su hermano. ¿Resulta más complicado cuando se trata de familia?

-O no, depende del talante de las personas y de cómo acepten las realidades. Hay gente que lo acepta y que dice: «Con lo que hay vamos a tirar para adelante». Mientras, otros no lo asumen y ponen todas las trabas del mundo. Pero para todo, para separarse un grupo, para divorciarse, aunque también para trabajar y para el día a día. Y yo busco personas con un talante parecido al mío, de concordia, de armonía, de hablar las cosas. Por supuesto que siempre puede haber conflictos, y malos entendidos, pero es muy fácil solucionarlo.

-Supongo que le han preguntado muchísimas veces por ello. ¿Volvería a formar parte del grupo si surgiera la oportunidad?

-Aquello ya pasó, no tiene ningún sentido volver la vista atrás. Estuve veintitrés años en Presuntos y le aseguro que fueron muchas más las cosas buenas que las malas; si no, no hubiera estado tanto tiempo. Pero dije adiós a esa formación y me han costado mucho estos casi doce años, con ocho discos en solitario, como para perder el camino emprendido.

-Además de una voz muy reconocida, usted ha sido una persona que se ha implicado en diferentes causas. En su día participó en aquel movimiento de apoyo a Zapatero que se conoció como los artistas de la ceja. ¿Se arrepintió de implicarse tanto tras las críticas que recibieron?

-No me arrepentí, pero me entristeció pensar que la democracia es sólo una palabra vacía para mucha gente porque nos insultaron públicamente, nos amenazaron, y yo dejé de tener trabajo en la mayoría de los ayuntamientos de esa formación política (se refiere al Partido Popular). Estuve años sin poder actuar en sitios de mi propia ciudad (levanta la vista al decir esas palabras; delante de ella se alza el Palau de la Música). Hay gente que no sabe que la democracia es que otros opinen de forma diferente a ti y no por ello vas a ponerlos entre la espada y la pared, a quitarles trabajo o ir a por ellos, como a mí me pasó.

«No ando con medias tintas; si me preguntan respondo con dulzura, pero respondo»

-Luego hubo quien renegó de Zapatero.

-A mí me defraudó que el PSOE no sacara adelante unas medidas concretas que paliaran el problema que en ese momento teníamos con la piratería en España.

-¿Se sintió utilizada?

-Me sentí entristecida, porque yo creo en el compromiso, en el mío propio y en el de los demás.

-Los artistas son muy criticados cuando se manifiestan políticamente en España. Ha sucedido también ahora por ejemplo con Joan Manuel Serrat, que hizo unas declaraciones en contra del independentismo.

-Dijeron cosas horribles de uno de los grandísimos referentes que tenemos. Son personas absolutamente ignorantes. Que a Serrat, que sufrió la dictadura en este país, le tilden de facha... Es que no doy crédito. Por eso me alegré muchísimo cuando la Generalitat le concedió la Alta Distinción, sobre todo después del trabajo que ha hecho con uno de nuestros poetas más importantes y comprometidos, Miguel Hernández.

-Sé que además es uno de sus artistas preferidos. Que le emociona hasta las lágrimas.

-Es que a mí Serrat me rompe todos los esquemas. Yo creo que la cultura tiene que emocionar, llegar al sentimiento, hacernos cambiar las energías, darnos cuenta de que las cosas son diferentes. Debe ser un revulsivo.

«Para dejar Presuntos Implicados me lo pusieron mucho peor que para divorciarme»

-Hablábamos de lo difícil que es alzar la voz. El otro día la filósofa Adela Cortina, recién premiada tanto por la Generalitat como por LAS PROVINCIAS, incidía en el valor de que hablen aquellos que tienen un discurso conciliador.

-Desde el Consell Valencià de Cultura también quisimos premiar la labor de Adela Cortina. Es que creo que la noticia siempre está más donde alguien llama la atención, y por ello se da tanta voz a gente que no lo merece. Mi último disco se titula ‘Los hombres sensibles’ precisamente por eso, porque las noticias destacadas sobre hombres siempre son en negativo, que ha maltratado, que ha pegado, que ha matado... Y a mí me hace falta mucho oír la voz de los hombres que no hacen eso, que lo repudian. El problema es que no se les escucha, parece que no están. Y ha sucedido lo mismo con el tema catalán. El discurso de la mayoría, el conciliador, el armónico, no interesa a los medios, quizás también porque no está con el suficiente compromiso.

La artista reconoce que si no fuera cantante le hubiese gustado estudiar sociología.
La artista reconoce que si no fuera cantante le hubiese gustado estudiar sociología. / Damián Torres

-¿Se reconoce usted a sí misma en ese discurso?

-Por supuesto, a cualquier nivel tienes que escuchar a las partes y que el sentido común mande, porque la confrontación y el conflicto no llevan a ningún sitio. Yo soy feminista, pero no extremista, ya que los extremismos tiran tanto de la cuerda que parece que quieran romperla. He oído un discurso feminista radical que pone al hombre como enemigo, y eso lo único que hace es dar más armas al machismo. No podemos ser rivales. El otro día hablaba con una amiga, una periodista colombiana que se llama Jineth Bedoya y que fue secuestrada, violada y casi asesinada, y coincidíamos en que el discurso feminista lo tiene que decir un hombre. Tanta tradición machista ha llevado a que, tal y como han demostrado algunos estudios, el cerebro de un hombre no escuche a las mujeres (ríe). Y eso es terrible. Les ha quedado hasta en la genética. Pero es que además hay un repunte del machismo entre los jóvenes porque se les está diciendo: «Tú quítate de ahí porque ocupas mi espacio». Y no es eso.

-Su discurso se ha escuchado, no sé si porque en la música de aquella época era una de las pocas mujeres que había. ¿Se ha sentido sola, adelantada a su tiempo, y por ello le ha interesado incidir en ese tema?

-Me hubiera encantado hacer sociología o antropología, son los estudios que a mí me gusta leer. Primero, porque creo que mi madre me ha dejado una rebeldía interesante, pese a que ella no ha sido todo lo que hubiera querido. Aunque como en todas las casas el machismo estaba a flor de piel, desde el minuto uno me dijo: «Tú puedes conseguir lo que quieras». Lo mismo que les digo a mis hijos, que no por pertenecer a un sexo o a otro tienes que renunciar a nada. En esta vida hay que conseguir lo que uno desea. Y segundo, evidentemente la música es un territorio muy de hombres, con actitudes masculinas para todo.

-¿En qué sentido?

-A mí me han acallado en más de una ocasión.

«Tras el apoyo a Zapatero nos insultaron, nos amenazaron y yo dejé de tener trabajo»

-Pero ni siquiera ha sido sólo una voz. Usted ha compuesto algunos de los temas más conocidos de Presuntos Implicados.

-Pues precisamente por eso yo era molesta. El discurso de: «¿Por qué hablas tanto? Cállate». Siempre me he sentido una persona incómoda para determinadas personas por el simple hecho de ser una mujer con las ideas claras. Eso dos conceptos juntos, ‘mujer’ e ‘ideas claras’, hacen que nuestra vida sea un poco más difícil. Incluso nos cuesta encontrar pareja.

-¿Le pasa a usted?

-Me pasa a mí y les pasa a muchísimas de mis amigas, personas muy potentes, de las que aprendo, que nos encontramos en la vida.

-La exministra Carmen Alborch me hacía una confesión en ese sentido.

-(Ríe) Es que estamos cocidas en el mismo fuego. Igual no somos lo cándidas que mucha gente esperaría que fuéramos, pero es que a mí alguien me pregunta una cosa y no me ando con medias tintas; respondo con toda mi buena voluntad y mi dulzura, pero respondo. Nunca he creído que debiera quedarme al margen, aunque ni siquiera he tenido voluntad de liderar un grupo ni de ser protagonista de nada.

-Pero sí se le ha escuchado.

-Igual porque mucha gente opina lo mismo que yo. Y para eso se necesita valor.

«Mis hijos tienen padre alemán y madre española. Todos somos una mezcla. No soy nada nacionalista»

-Quizás haya gente que piense que por ser artista no debe opinar de nada más.

-Como si yo no fuera persona o no pagara impuestos. Como si no me doliera ver determinadas actitudes horribles que están ocurriendo en la política o no tuviera que ir a la Seguridad Social. Socialmente creo que hay que implicarse, y soy de las que piensan que si a los demás les va bien a mí me irá bien. Yo quiero lo mejor para todos.

-Usted forma parte del Consell Valencià de Cultura a propuesta del PSPV. ¿Le hubiera gustado implicarse más en política? ¿Integrarse en un partido u optar a algún cargo?

-Nunca me lo han propuesto pero si lo hicieran diría que no. En ese sentido soy muy rebelde, no entiendo que hay que callar cuando un partido equis defiende una cosa y yo no estoy de acuerdo, aunque me encuentre en ese partido. No soy lo suficientemente disciplinada en ese sentido.

La cantante defiende el derecho al compromiso. «Socialmente hay que implicarse», recuerda.
La cantante defiende el derecho al compromiso. «Socialmente hay que implicarse», recuerda. / Damián Torres

-¿Qué le ha dado el Consell Valencià de Cultura?

-Primero unas buenísimas amistades, porque hay gente de la que aprendo y a la que admiro mucho, y también un conocimiento del estado de la cuestión muy interesante y descorazonador. Queda mucho por hacer. De todo tipo. De patrimonio, ciencia, historia, cultura… La Comunitat es fiel reflejo de esta querida España nuestra, donde la cultura es el patito feo, a pesar de que tenemos un talento del que deberíamos sentirnos orgullosos. Y me duele mucho que la cultura o la universidad siempre deban pasar por el prisma económico.

-Antes hablaba de Valencia como su ciudad. ¿Hasta qué punto la lleva dentro? Es francesa de nacimiento, criada en Murcia...

-No soy nada nacionalista. Mis hijos tienen padre alemán y madre española. Todos somos una mezcla, aunque he adoptado esta ciudad como mía porque llevo más de treinta años.

-¿Le queda algo de París?

-Es una ciudad preciosa donde además tuve la suerte de nacer. Algunos amigos, el sitio donde vivieron mis padres… Poco más. El lugar al que sí me siento vinculada es Yecla, donde está mi familia y viví mi infancia y parte de la adolescencia. Y cuando vuelvo a Murcia inmediatamente me desaparecen las eses. Pero es que luego he estado en tantos sitios que me hablan de nacionalismos y no lo entiendo. Sé de dónde soy, que pertenezco a una cultura latina, y estoy muy apegada a México, donde me voy la semana que viene, y a toda Latinoamérica. Allí me siento en casa. Por eso creo que esas fronteras que nos ha dejado la historia deberían ir desapareciendo porque son heridas demasiado tristes. Y mucho menos crear otras.

«No llevo del todo mal el paso del tiempo. Hay que encontrar alicientes para seguir con una sonrisa»

-¿Cómo es su día a día?

-Pues depende, si estoy en casa ayudo a mi hijo a prepararse el desayuno, lo llevo a clase, y luego hago las tareas domésticas, contesto mails, organizo mi agenda… Cuando viajo no puedo hacerlo, y eso suele ocurrir mucho entre ensayos, conciertos y grabaciones.

-¿Se considera muy madraza?

-Todo lo que me deja la vida. Creo que es importante estar ahí pero tampoco obsesionarse. Mis hijos son ya mayorcitos y siempre he sido de la idea de que uno da vida a seres humanos absolutamente libres; no son míos. Eso es importante porque han de tener su vida, su independencia, su espacio y sobre todo el derecho a equivocarse. Saben que pueden contar conmigo pero no soy una madre obsesiva. Y no quiero ser así porque creo que no sería bueno para ellos.

-No es fácil combinar un mundo tan poco rutinario como el de un artista con la crianza, y más en su caso, siendo madre divorciada.

-No ha sido sencillo porque voy de aquí para allá y compaginarlo con esa vida ordenada que creo que necesitan los niños, con el colegio, los amigos, las actividades como el fútbol, y estar con ellos. Pero he tenido la gran ayuda del padre de mis hijos, que ha estado siempre muy presente y sigue estándolo. No ha sido como esos padres que se lavan las manos. Aunque estemos divorciados da igual. Sabemos que esto de la crianza es una cosa que compartimos al cincuenta por cien. Gracias a eso hemos sacado adelante a nuestros hijos. Además, él es alemán, tampoco tenía su familia aquí, como yo, y ha sido complicado pero ahora ya podemos decir que lo hemos conseguido. Cuando mi hijo se saque el carné de conducir me liberaré del oficio de taxista que sigo teniendo, y aunque todavía dependan económicamente de mí ya no es lo mismo.

-¿Le cuesta sobrellevar el paso del tiempo?

-Creo que no lo llevo del todo mal, pero también estoy convencida de que hay que hacer un esfuerzo para que no pese demasiado, y encontrar alicientes para seguir con una sonrisa. No me cuido demasiado últimamente porque tengo la agenda muy completa y no encuentro tiempo para dedicarme. Ese es uno de mis grandes problemas.

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