Miguel Ángel Escorcia, el rockero precoz

Miguel Ángel Escorcia, rodeado por sus guitarras eléctricas./Jesús Signes
Miguel Ángel Escorcia, rodeado por sus guitarras eléctricas. / Jesús Signes

Las casetes de su madre y la voz de un falso Elvis le animaron a componer, cantar y empuñar la guitarra. Desde que nació, todo en él ha sido puro rock and roll

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMARValencia

Nos acaba de dejar, a los 74 años, Johnny Hallyday, verdadera vaca sagrada del rock francés, auténtico ídolo de masas en su tierra y cantante muy respetado, por su actitud y sus rugidos, fuera de ella. Hallyday pertenecía a la raza de rockeros como Adriano Celentano en Italia o Bruno Lomas en España. Sólo que en Francia, y tal vez en Italia, a sus cantantes se les respeta aunque transcurra el tiempo y superen la barrera de los cincuenta tacos. En España todavía existe cierta ingratitud en este sentido, o pactan con el diablo en plan retrato de Dorian Gray o se les abandona porque están mayores. Como si la edad menguase el talento, en fin...

Miguel Ángel Escorcia, mucho más joven que los anteriormente mencionados, pertenece a la misma estirpe y desde luego es un poco el heredero espiritual en cuanto a doctrina, pureza y actitud, y vuelvo a nombrar esto de la actitud porque en el rock resulta importantísima. Y, precisamente, ¿qué escuchaba su madre cuando él gateaba allá a finales de los sesenta? Pues a Johnny Hallyday, por supuesto, y a Elvis Presley, del cual era fanática. No olvida el virtuoso guitarrista y cantante Miguel Ángel Escorcia cuando, mientras contaba cuatro años y sus hermanos ocho y nueve, su madre les regaló a cada uno una cinta (casete) de Elvis Presley. Escucharon aquellas melodías cientos de veces, hasta que, pasado el tiempo, cuando tenía once años, un amigo ducho en la materia les sacó del entuerto: en aquella cinta cantaba Orion, quizá el imitador más famoso de Elvis. Ironías del rock... Superado este mal trago, descubrió al original y al resto de padres del rock, y unos meses más tarde, cuando sus hermanos llegaron a casa una tarde con un vinilo de los ‘Stray Cats’, supo que deseaba empuñar una guitarra, componer y cantar. Sin ninguna duda.

Ya ha grabado ocho discos y presume de Ruzafa por el mundo

Su precocidad quedó certificada cuando montó con catorce años ‘Los teenagers’, su primer experimento, y asombró cuando con diecisiete años fundó ‘Los Swingers’ y encima ganaron un concurso patrocinado por Yamaha que les trasladó al mero Japón. Descubrió una nueva cultura y disfrutó como un bellaco. Pero al regresar se impuso la realidad. Estudió la carrera de diseño gráfico y durante diez años se dedicó a esa profesión.

Sin embargo, la llamada del rock es ese irresistible canto de sirena que te seduce y te atrapa. Así pues, tras el paréntesis volvió a la carga con los demoledores ‘Cat Club’, con Archie Boogie al contrabajo y Lucky a la batería. Giraron no sólo por España, sino que traspasaron las fronteras y actuaron en Suiza, Italia y Bélgica. Carretera y rock and roll, inevitable y tentador binomio. Pero el acabose les sorprendió cuando un manager de EE UU contactó con ellos para ofrecerles una gira atravesando los estados sureños. Un sueño hecho realidad. Y allá se largaron, y la cosa funcionó, y regresaron para tragar millas una segunda y una tercera vez. Ni les cuento la cara de pasmo que embargaba al público yanqui cuando averiguaba que aquel explosivo combo venía desde Valencia, Spain, concretamente, y como les gustaba precisar, «de Ruzafa».

Y de nuevo, por cuarta vez, otra gira en Yanquilandia. Pero a veces los dioses del rock dan la espalda y la aventura se tuerce... Por un problema con los visados y los permisos de trabajo les detuvieron y les encarcelaron. Miguel Ángel no lo olvida. Estuvieron detenidos 26 horas en una celda. Cada cuarto de hora una voz grabada les recordaba que estaban detenidos. Compartieron chabolo con un chino «muy raro». «Sólo comía y le olían los pies», confiesa Miguel Ángel. Al final salieron tras efectuar una serie de juramentos abracadabrantes y les enchufaron el blasón de los deportados. «Menos mal, al principio pensamos que ya no saldríamos...»

Su último proyecto, un vídeo con Carlos Segarra

En 2015 apostó fuerte y organizó una ‘big band’ con diecisiete músicos uniformados, muy a la americana. Todos luciendo gallardía y manteniendo coreografía en los momentos clave. Un verdadero espectáculo. Recuperó clásicos de Gene Vincent y Eddie Cochran. «Hasta ese momento las ‘big bands’ versionaban a Bing Crosby y Sinatra, pero no se atrevían con otros. Nosotros sí», afirma. También, a modo de válvula de escape de ‘Cat Club’, goza con otro proyecto llamado ‘Scorcia and the Russafians’, donde ha depurado la pureza a su máxima expresión, pues aquí recuerdan los clásicos desde el punto de vista acústico. Contrabajo, caja con escobillas y guitarra acústica así lo confirman.

Por si fuera poco, el pasado sábado 9 de diciembre se estrenó un vídeo (controlen las redes) que comparte con Carlos Segarra (‘Los Rebeldes’) mientras desgranan un tema navideño compuesto por Miguel Ángel que se titula ‘Negra Navidad’. La letra rezuma acidez y la música va a medio tiempo, a caballo entre Elvis, Dean Martin y Bing Crosby. De hecho con Carlos Segarra tiene un proyecto a la vuelta de la esquina que responde al nombre de ‘Scorcia y Segarra’. El rock nunca se detiene y buena prueba de ello es la energía de Miguel Ángel Escorcia. Ocho discos avalan su trayectoria de compositor e intérprete, e incluso conoció el sabor de los calabozos americanos y recibió el marchamo de «deportado»... Si esto no es genuino rock and roll, que baje Johnny Hallyday hasta Ruzafa, Valencia, y que nos lo diga.

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