Màxim Huerta: «La edad ayuda a que los miedos se hagan más pequeños y te importen menos»

Huerta vuelve al lugar donde comenzó todo para él para presentar su última novela 'Firmamento'./Txema Rodríguez
Huerta vuelve al lugar donde comenzó todo para él para presentar su última novela 'Firmamento'. / Txema Rodríguez

Ni el rastro de una infancia dura ni aquella temprana necesidad de coger un tren y marcharse a Madrid evitan que cada regreso a Buñol sea una fiesta

MARÍA JOSÉ CARCHANOValencia

Esta es la historia de un hijo. Se llama Màxim Huerta y el día que le entrevistamos ha hecho un alto en el camino en Buñol, su pueblo. Promociona su última novela, 'Firmamento', pero se nota que aquí ha parado, básicamente, para estar con los suyos. «Vuelvo a casa», dice. A cinco metros de la tarima improvisada donde se sienta, bajo una carpa portátil en una feria de comercio, abarrotada pero muy alejada del glamur de otras presentaciones, está su madre. La mujer mantiene en brazos a la perra de su hijo, Doña Leo, y mantiene la vista fija cara al público. Sabe que si se vuelve hacia a él, a quien escuchan todas esas personas que ella conoce tan bien, no podrá contener las lágrimas. En su mirada no cabe más orgullo, porque Maxi, como le conocen aquí, vuelve convertido en una celebridad. En esos ojos hay, además de mucha emoción, algo de tristeza, porque hace menos de un año murió el padre del escritor valenciano, víctima del alzhéimer. Le entrevistamos media hora antes de subir a esa tarima, sentados en un banco al que hemos huido para buscar algo de tranquilidad entre tanto saludo, tantas felicitaciones, tantos abrazos y algunos pésames.

-En su currículum pone que es de Utiel.

-En cuanto cumplí un año me vine a vivir a Buñol, y aquí tengo la infancia, la EGB, la comunión, los primeros amores y el instituto. Es decir, toda la parte importante de la vida, que es hasta los veinte años, pertenece aquí.

Justo durante la presentación, al otro lado de un biombo que divide la carpa, se celebra una cata de vinos. «Lo habéis hecho bien los organizadores, ahí detrás está mi nacimiento, en Utiel, aquí mis recuerdos». Tiene al público entregado y él alimenta el cariño con ese control de las emociones que le ha dado ser presentador de televisión durante veinte años. Y con mucho humor. «Mientras escuchaba las palabras de la concejal recordaba que mi madre le hizo el vestido de la comunión». Su discurso se atropella, él mismo lo reconoce, y en algún momento tiene que parar por la emoción. Se ha tenido que dar con el Ventolín antes de empezar, y ahí ha mirado a su madre. No hacen falta palabras.

El escritor repasa sus vivencias en Buñol, minutos antes de recibir un nuevo homenaje de de la localidad a la que pertenece la parte más importante de su vida.
El escritor repasa sus vivencias en Buñol, minutos antes de recibir un nuevo homenaje de de la localidad a la que pertenece la parte más importante de su vida. / Txema Rodríguez

-Dicen que uno es del lugar donde transcurre su adolescencia, principalmente.

-Cuando descubres la vida, cuando tropiezas, cuando te alegras, cuando te enfadas, todo pertenece a Buñol. Pero la infancia es muy dura. Debería ser maravillosa pero no siempre es así. Nadie pregunta a un niño si es feliz, porque parece obligado a serlo. Yo no la recuerdo de esa forma, aunque he de decir que eso no tiene nada que ver con el pueblo.

-¿Y a qué lo atribuye?

-Nadie te enseña a ser niño, y para los que somos de la generación de los setenta, ochenta, expresar sentimientos era muy complicado. Mi padre fue un hombre de campo, muy serio, que se quedó con todos los 'te quiero'. No era de expresar mucho cariño.

-Pero usted no ha renegado de su pasado, de sus raíces.

-Yo soy muy de pueblo. Somos afortunados los que nos consideramos de pueblo, porque tenemos unas raíces más fuertes, el hogar es más potente, los recuerdos más puros, porque has jugado en la calle, te has hecho polvo con la bici, has visto cómo esto era una balsa de riego y ahora una especie de lago. Pertenecer a un pueblo es más sano porque el microcosmos de la tienda, el horno, el colegio, la iglesia, el ayuntamiento, es casi como un cuento. Vivir aquí, con los defectos que pueda tener, atesora muchas virtudes, y todo resulta mucho más cercano.

«Mi padre se quedó con todos los 'te quiero'»

-Sin embargo, tuvo claro que su futuro no estaba aquí.

-Como periodista sabía que debía escapar, para la profesión que escogí yo había que coger un tren y salir. Además, esa necesidad de volar creo que la sienten todos los adolescentes, y para mí Madrid era como Oz, un sueño de ser más libre, más feliz, y de crecer profesionalmente.

-¿Lo entendieron sus padres?

-Sí, sí. Nunca fueron nada protectores en el sentido de decirme «quédate en casa» o «no hagas esto, no viajes». De hecho, mi madre siempre ha dicho que los hijos deben vivir lejos de los padres porque la suya es otra vida y no nos pertenecen. Eso es lo que oí desde pequeño. Así que en mi primer año en la universidad yo ya viví en un piso en Moncada. No me inculcaron el miedo y siempre escuché que había que volar. Eso sí, sabiendo dónde está tu casa.

Una mujer se acerca. Quiere hacerse una foto con él y parece realmente feliz de verlo. Màxim le pregunta por su familia, recuerdan algo de la infancia, del colegio que todavía está ahí, a la vuelta de la esquina.

El escritor y presentador asegura que sigue siendo un vecino más en Buñol.
El escritor y presentador asegura que sigue siendo un vecino más en Buñol. / Txema Rodríguez

-Usted forma parte de su vida.

-Y por eso Buñol no se asombra, porque me ha visto presentando fallas, en los conciertos, vestido de fallero por las calles. Soy un vecino más.

-¿Nota el cariño?

-Todo lo que recibo es cariño y, de hecho, siempre me dicen: «Quédate más». Aquí está mi casa, mis recuerdos, me siento orgulloso del pueblo y de cómo me reciben.

«En televisión eres solamente una pieza de un puzle gigantesco»

En la presentación habla de los sueños de la infancia. «Cuando quería ser escritor, desde ese balcón de un edificio de la avenida de la Música que ahora me parece mucho más pequeño. Será, quizás, como me han dicho esta mañana, porque me he puesto más gordo». Una mujer del público ríe, mientras sujeta en sus manos un ejemplar de 'Firmamento' lleno de post it de colores. Su madre sigue intentando contener las lágrimas. Andrés Perelló, exalcalde de Buñol, al que antes de empezar la presentación saluda efusivamente y llama 'padrino', recuerda cómo le recomendó a un directivo de Tele 5. «Había estado de becario en el Ayuntamiento. Era un pimpollo recién salido de la universidad».

Màxim Huerta firma un ejemplar de su última novela.
Màxim Huerta firma un ejemplar de su última novela. / Txema Rodríguez

-Estuvo usted un tiempo en LAS PROVINCIAS.

-En efecto, mis primeras colaboraciones escritas pertenecen a LAS PROVINCIAS. Eran crónicas de Buñol que enviaba desde aquí. Lo recuerdo perfectamente, mi jefe era Baltasar Bueno.

-Hace ya mucho de aquello.

-Es que hace ya mucho tiempo de todo.

-Luego vinieron veinte años en la televisión, en programas diarios donde la tensión es máxima. ¿Cómo logró sobrevivir a la autoexigencia de escribir, de crear su propio día a día?

-Yo soy muy solitario, así que quedarme en casa a escribir y luego salir con los amigos me parece un plan perfecto. Al ser hijo único, estoy acostumbrado a aprovechar el tiempo al máximo, a marcarme metas, horarios. La tele me robaba un montón de horas y me daba mil quebraderos, mientras escribir era ser libre y decidir qué es lo que quiero hacer, qué es lo que quiero componer. Con el libro decido todo, personajes, lugares, recorridos…

«He tenido miedo a crecer, a la libertad. A fallar, a ser una persona totalmente autónoma»

-Es que en la tele se elige poco.

-En realidad eres solamente una pieza de un puzle gigantesco, en el que muchas veces te conviertes en una marioneta de todo lo demás. Y quien afirme lo contrario está mintiendo. Dicho esto, la tele me encanta, es un medio que me fascina y, en ese sentido, tengo propuestas interesantes para volver, algunas muy jugosas, con grandes productoras. Pero me tiene que emocionar, porque es muy esclavo y exige mucho, emocional, física, profesionalmente. La tele es transparente y se te notan todos los sentimientos.

-Justo Inés Ballester decía el otro día que hubo una época en que sentía que defraudaba como presentadora.

-Al presentador de televisión se le carga con la responsabilidad de la cadena, como si tú, por una parcela que tienes, fueras el representante de un gobierno. Un presentador sólo es eso, un presentador.

El escritor reconoce que se adaptó muy «poco a poco» a la vida de famoso.
El escritor reconoce que se adaptó muy «poco a poco» a la vida de famoso. / Txema Rodríguez

-¿Se adaptó bien a esa vida de famoso?

-Yo es que me adapté muy poco a poco, porque no fui un conocido por la televisión de golpe. Primero estuve en Canal 9, luego aterricé en Telecinco como presentador de informativos regionales, así que viví la llegada de la fama sin agobios, de manera discreta.

-Lo que hace ahora es un sueño para muchos, vivir de la escritura.

-Cualquier periodista sueña con ser escritor, porque en el fondo todos los periodistas trabajan con la palabra, y todos los escritores han sido antes periodistas, de García Márquez a Larra. ¿Quién no desearía perder las prisas para sentarse a escribir?

-¿Se ha sentido privilegiado por ello?

-Me he sentido privilegiado porque escribí, gustó y hay muchos lectores esperando la novela. Eso me hace estar muy satisfecho con mi trabajo; yo, que soy de naturaleza inconformista, nervioso, culo inquieto, miedoso, siempre pienso que no va a gustar y que cada novela es un nuevo reto, y a ver qué dicen de ésta. De hecho, siempre es una exposición, aunque más que la del 'iceberg' nunca la va a haber.

-Habla de la novela 'La parte escondida del iceberg', un relato en primera persona donde se expone muchísimo.

-Es que habla de una infancia dura y un desamor.

-Y de muchos miedos.

-He tenido miedo a crecer, a la libertad. A fallar, a ser una persona totalmente autónoma, feliz. Es una sensación que siempre me ha acompañado, y reconozco que me ha entorpecido mucho.

«Soy muy solitario, así que quedarme en casa a escribir y luego salir con los amigos me parece un plan perfecto»

-¿Ha aprendido de sus miedos con el tiempo?

-Algunos se quedan, pero ya les presto menos atención. La edad ayuda a que los miedos se hagan más pequeños y te importen menos.

-¿No le asustó desnudarse tanto?

-Sí, pero creo que es un acto de generosidad que han hecho otros, como Rosa Montero, que hablaba de la muerte de su marido en 'La ridícula idea de no volver a verte', Muñoz Molina cuando se enamoró de Elvira Lindo y lo pasó entre bien y fatal en Lisboa, Dominique Lapierre… Todos los referentes que tuve en una época eran escritores que se abrían en canal para narrar episodios personales. Me apetecía dejar la ficción a un lado y hablar desde la verdad, desde la realidad. Me desnudé con la novela y creo que los lectores lo agradecieron, aunque lo pasé mal escribiéndola y hablando de esa novela. De hecho, no me gusta hacer ni referencias en entrevistas.

-Porque siempre ha intentado mantener su intimidad a salvo.

-Hay que reservarse el nombre de las personas con las que duermes, qué es lo que haces y lo que pase de puertas para adentro. Lo demás yo no tengo problema en mostrarlo.

-Quizás es lo primero que uno se pregunta, quién era la persona de la que habla en el libro, la del desamor.

-Una maravilla (ríe). Pero creo que ese era un dato innecesario para el lector, porque cada uno entendía su iceberg, o su recuerdo. Si yo ponía nombre, o cara, a un amor lo único que hacía era alejarme del lector. Quería que mi desamor fuera también el suyo. Esa era la idea.

-Le han preguntado muchas veces cuándo va a tener un hijo…

-(Interrumpe) Qué pereza, no estoy preparado para un hijo.

«Los que nos consideramos de pueblo somos afortunados, tenemos unas raíces más fuertes»

-...y ha contestado que su vida no tiene por qué fracasar por el hecho de no tener descendencia, o una pareja estable.

-Mi vida es completa, porque en realidad es todo lo que hacemos a lo largo de un montón de años, incluso lo que esperas, ya que los sueños también forman parte de ella. No me he planteado un hijo, ni siquiera un amor para siempre. Eso son consecuencias del amor romántico.

-Es muy activo en redes sociales, donde sí muestra amistades. Se me ocurren personas próximas a usted como Bibiana Fernández, o Paco Tomás.

-Paco Tomás es periodista de RNE, escritor, y Bibiana hace el instagram más vivo que existe en redes. Ella cuenta si le han puesto los dientes, si a la perra hay que cortarle el pelo, si está hasta el coño, si se va de fiesta, si tiene sueño, si se ha tomado la pastilla. Bibiana es la persona con más vidas que conozco, una pila alcalina.

-¿Qué le ha dado ella?

-Algo de lo que no me daba ni cuenta: que la vida es ya, lo del pasado no existe, ni lo que vayas a hacer mañana. De Bibiana he aprendido que todo es ahora, y que la casa eres tú y lo que vayas disfrutando y viviendo, y que ya dormiré cuando esté muerto, y que si puedes hacerlo hoy mejor. Me ha regalado una forma de vivir y muchas claves para entender la vida.

Màxim se define como un enamorado de París, por ello la ciudad está siempre presente en sus novelas.
Màxim se define como un enamorado de París, por ello la ciudad está siempre presente en sus novelas. / Txema Rodríguez

-Ella, que lo ha pasado tan mal.

-Tan mal y tan bien, Bibiana es una mujer en tránsito y ahora yo también me considero una persona que no sabe adónde va pero que quiere vivir.

-¿Que no quede nada pendiente?

-Es que morirte sin haber gastado la vida es una putada, una tristeza. Me gusta la gente de la que pueden decir que no ha muerto, sino que ha vivido. Y en eso Bibiana es… Un poco en exceso, quizás.

-Muchas de sus novelas se sitúan en París. ¿Qué significa para usted, después de todos estos años?

-El lugar en el que me siento cómodo, diferente, donde me pongo en la calle a escribir o a pintar, donde no te conocen. Es una ciudad que me genera muchas emociones positivas, me encantaría vivir allí y estar enamorado en París. De hecho, tengo casa y voy y vengo cuando quiero. Desde niño ha sido como un sueño, ese lugar en el que yo imaginaba que me iban a pasar cosas buenas.

-En su última novela la gran influencia es, en este caso, el mar. Sin embargo, no hay mar en Buñol, ni en París.

-El mar representaba otro sueño. Los domingos eran sinónimo de subir al coche con la familia y las tarteras y pasarlos en El Saler. El mar era fiesta, escapada, libertad, y siempre lo he buscado, quizás porque soy de tierra de secano. Además, mi familia vive ahora cerca de la playa.

«A mí me inspira un café y escuchar una conversación que no debería. Todos tenemos vidas de novela»

-¿Le cuesta volver a sentarse frente al papel en blanco, pensar en la próxima novela?

-Yo voy planificando una novela incluso esta mañana, mientras estaba en mi casa de Buñol, donde hacía tiempo que no venía, y sacaba casetes de Parchís. He puesto la foto en redes sociales y alguien ha dicho: «Algo estás planeando». Y es verdad, porque me apetece volver a los ochenta, a 'La noche soñada', que es una novela que tuvo mucho éxito, y me apetece recuperar esa parte de nuestra memoria. Además, es que las novelas están en cada cafetería, en una charla con tu madre.

-Un arquitecto me dijo una vez: «Es que a mí me inspira una esquina».

-A mí un café y escuchar una conversación que no debería. Todos tenemos vidas de novela.

-Leí en su blog una historia preciosa que le pasó en una firma de libros, donde un chico se le acercó con la novela para que, con su dedicatoria, le pidiera casarse con su chica.

-Es lo más maravilloso que me ha pasado en una firma de libros, ejercer casi de cura, y casar con un libro por medio a una pareja… Me pareció un momento de película, un acto muy generoso por parte del chico convertir una firma en un escenario de novela.

-¿Le sigue emocionando lo que le dicen los lectores?

-Cada cosa que me dice cada lector me pellizca, porque ha leído la novela y con ella ha disfrutado, ha imaginado, y me ha visto a mí ahí dentro.

Terminamos. Mira el reloj. Tiene ganas de volver con los suyos. Mañana sigue su viaje.

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