¿Quién es Marita Espejo?

Marita Espejo sonríe en las instalaciones de su clínica./Damián Torres
Marita Espejo sonríe en las instalaciones de su clínica. / Damián Torres

La ginecóloga halló el camino en sus muñecos, inventando enfermedades que luego curaba. Ningún antecedenete médico en una familia de empresarios. Pura vocación que la ha llevado al origen de la vida

MARÍA JOSÉ CARCHANOValencia

Una sonrisa, una mano cálida, una confesión. «Estoy nerviosa». Marita Espejo, ginecóloga, especialista en medicina reproductiva, se saca el corazón del pecho y lo pone a hablar encima de la mesa de su clínica blanca inmaculada, límpida. Y pronuncia frases como la del privilegio de trabajar en el principio de todo. Y se emociona cuando recuerda los niños que han nacido gracias a su intervención. La rodean las fotografías de algunos de ellos, ocupando así espacios que en otros despachos se reservan a los hijos propios.

-¿Por qué se hizo médica?

-Tengo una imagen en mi mente, desde que era pequeña, en la que yo trataba de curar a todos los muñecos. Y recuerdo haber pasado con mis padres por delante de la Facultad de Medicina, siendo muy pequeña, y haberles dicho: «He de venir aquí». ¿Por qué me hice médica? No lo sé, lo que sí sé es que quería serlo desde que tengo uso de razón. Y puse todas mis energías en conseguirlo.

-No tenía antecedentes familiares.

-Somos una familia de empresarios y he sido la única que se ha decantado por la medicina. Mis hermanas han seguido con la empresa familiar, y una estudió Económicas, otra Matemáticas. Ahora sé que no sabría hacer otra cosa.

«Cuando consigues un test de embarazo positivo el subidón es increíble»

-Qué bien tenerlo tan claro.

-Esto es un 90% de vocación y también de sacrificio, porque afrontar esta carrera es muchísimo tiempo invertido y no acabar de estudiar jamás.

-¿Por qué medicina reproductiva?

-Durante mi periodo de formación en la facultad iba más encaminada hacia la cirugía, pero también me gustaba la medicina asistencial, y la ginecología unía las dos. En el General viví, desde que era residente, el nacimiento de la unidad de reproducción asistida y ese gusanillo se me metió dentro.

-Pero no se quedó allí y decidió instalarse por su cuenta.

-En los centros públicos muchas veces te quedabas un escalón por debajo, sabías que había una solución pero tenías que derivarlos a la sanidad privada. Y, a pesar de que los médicos somos muy malos empresarios, hablé con mi familia y me dijeron: «Adelante, sabemos que lo vas a hacer bien, te apoyamos». Tengo la suerte de que formamos un equipo sólido, son mis pilares en la vida, mis hermanas me transmitieron confianza y me sentí muy respaldada, porque este proyecto no es fácil.

Una espina clavada

Tras la pintura llega el plano

SIente que la sensibilidad de un médico humanista la hace muy afín a las artes. A Marita le gusta la pintura. «Algunas veces pinto para relajarme, pero mi obra es de aficionada». Tiene alguna enmarcada en su clínica de Alzira, «y si alguien se para a verla me siento orgullosa de haber captado su atención con un cuadro que he pintado yo». O la música. «Me queda aprender a tocar el piano».

-¿Por qué cree que esos vínculos son tan fuertes?

-Han sido nuestros padres quienes nos han inculcado la imagen de una familia unida. Pero, además, al ser la mayor siempre he tenido la sensación de que yo las protegía a ellas. Ahora he descubierto que mis hermanas no lo necesitan, porque son dos grandes mujeres capaces de llevar empresas adelante. Esa fortaleza ha hecho que ahora sienta que soy yo la protegida. Hemos cambiado los roles.

-Qué bonito.

-Ese apoyo me permite hacer medicina. Y que mi familia se ocupe de los números.

-Rodeada de tanto niño, tanto instinto maternal, no ha tenido hijos.

-A mí me encantan los niños y, aunque no he sido madre, tengo tres sobrinos que son mi devoción. Desde que nació la mayor, hace 16 años, el hecho de estar tan unidas siempre hace que los perciba como míos. Con sus ventajas e inconvenientes, porque no me he levantado a las cuatro de la madrugada a darles Apiretal, pero la unión que tenemos como familia hace que los sienta muy cerca. Además, fui yo la que las asistí en los partos.

«Hacer la cesárea a tu propia hermana es lo más estresante que puedes vivir»

-¿Se lo pidieron?

-Estaba implícito. Y es uno de los momentos más estresantes que puedes vivir, decidir hacer la cesárea a tu propia hermana. O atender un parto complicado. Llega un momento en que has de olvidar quién está en la camilla y ser sólo profesional.

-¿Siente que ha renunciado a mucho?

-Me gustaría pasar más tiempo con mi familia, aunque aprovechamos cualquier minuto que tenemos, estar reunidos los fines de semana, viajar... En definitiva, compartir nuestras inquietudes. Eso me llena.

-¿Qué siente cuando una mujer se queda embarazada?

-Cuando consigues un test de embarazo positivo el subidón es increíble. Compartes esa felicidad, porque no entiendo la medicina de otra forma. Siempre nos habían hablado de trazar una línea, pero no lo puedo evitar, me llevo los casos a casa, les doy vueltas y más vueltas. Saber cómo puede sentirse una persona al otro lado de la mesa es un acto de humildad que debemos hacer todos los médicos para un buen tratamiento.

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