¿Quién es María Jesús Recio?

La decana, en las instalaciones de su colegio profesional.
La decana, en las instalaciones de su colegio profesional. / Damián Torres

A la decada del Colegio Oficial de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y Ciencias de Valencia y Castellón le apasiona tanto la docencia que ya le ha dedicado cuarenta años de su vida

MARÍA JOSÉ CARCHANOValencia

El bajo que alberga el colegio de doctores y licenciados en filosofía y letras todavía conserva un mostrador y una cristalera para atender a quienes forman parte de la entidad que integra a los profesores de la escuela concertada y privada. Una institución desconocida con un nombre ya desfasado que intenta sobrevivir entre la «ignorancia de la administración». Al frente, María Jesús Recio, profesora de literatura ya jubilada que ha dedicado su vida entera a la educación y que lleva 26 años como decana.

-¿Cuál ha sido la historia que le ha llevado hasta aquí?

-Estudié Filosofía y Letras, una parte en Valencia y los tres últimos cursos en Madrid, especializada en Filología Románica y con profesores como Dámaso Alonso o Alonso Zamora. A mí lo que siempre me ha gustado es la literatura y por ello acepté encantada cuando al volver, empezada otra carrera, la de Derecho, me propusieron ser profesora en el colegio Trinitarias, donde había estudiado. Continué en la facultad pero me iba dejando las asignaturas que no me gustaban porque mi vocación no eran las leyes sino la educación, donde he estado cuarenta años.

-Se dice rápido, cuatro décadas.

-Y eso que me prejubilé pero seguí vinculada al colegio, donde me encargaba del servicio de biblioteca. Continué con mi pasión, los libros.

-Y enseñar.

-Toda la vida me han gustado las personas, no sólo enseñar, sino también el trato con ellas. Por eso siempre he sido tutora, para sacar lo mejor de cada cual. Es muy frío poner una nota y ya está, porque hay veces en que un chico obtiene un cuatro y puede haber problemas atrás que hay que encontrar.

-¿Se los ha sabido ganar?

-Siempre he tenido fama de rígida, pero también de que me he preocupado por los estudiantes.

-¿Ha sabido de ellos posteriormente?

-Tengo cantidad de exalumnos en los whatsapp, y todavía voy a muchos sitios y hay gente que se acerca a saludarme. A lo mejor no recuerdo su nombre pero siempre me suena su cara, a pesar de que han pasado miles por las aulas. Además, todos los años me iba con ellos de viaje de fin de curso, lo que te permite un contacto más directo, conocerles mejor.

-Eso une mucho.

-Es cierto. Años después todavía te recordaban anécdotas de aquellos viajes a Francia o Italia. Cómo les mandaba a dormir de madrugada cuando estaban por los pasillos. Una vez me llevé a dos sobrinos mayores para que me ayudaran y montaron una fiesta en su habitación, decorada incluso con guirnaldas.

-¿Le ha dado tiempo a tener familia?

-No he tenido, y a muchos alumnos los he llegado a considerar casi como mis hijos. Quizás me quede aquello de tener un hijo y escribir un libro, porque tampoco lo he hecho.

-¿Qué es lo más bonito que le han dicho después de ser su profesora?

-Gracias por transmitirme el amor por la literatura. Eso me ha llenado muchísimo, porque quiere decir que he conseguido mi propósito, ya que para mí han sido muy importantes los libros.

-Ahora, ya jubilada, tiene más tiempo libre. ¿A qué lo dedica?

-A viajar y a leer. Disfruto con esas cosas, que intento hacer lo más a menudo posible.

-Lleva 26 años de decana, ha sido directora del colegio... ¿Posee alma de líder?

-No he tenido mucho espíritu de liderazgo, y si he ocupado estos cargos es quizás porque pensaron que por mi dedicación resultaba idónea para ese trabajo. Pero este ejercicio es el último, en las próximas elecciones a decano, dentro de dos años, ya no me presento. Hay que dejar paso a los jóvenes.

-¿Se siente muy unida a Valencia?

-En realidad soy de Teruel, aunque me vine aquí con diez años. En mi casa se respira valencianía, porque mi marido es de Ruzafa y pertenece incluso a una asociación de ‘cant d’estil’. De vez en cuando todavía me doy alguna vuelta por Teruel, pero sin chovinismos.

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