Manuel Bartual, quien tiene una idea tiene un tesoro

Manuel Bartual./El Correo
Manuel Bartual. / El Correo

Nunca se sabe de dónde parte el camino del éxito. Media docena de cortos, un largometraje, elogiadas viñetas... El currículo de este diseñador gráfico es sólido. Sin embargo, su catapulta fue mutar en un Alejandro Dumas del siglo XXI para publicar una historia por entregas que las redes sociales convirtieron en tendencia mundial

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

El primer día de clase del primer curso, allá en la facultad de Filología, ya nos comentó el profesor y poeta César Simón (ahora precisamente andan vindicando su obra) que, desde los griegos, estaba todo inventado y, por lo tanto, sólo nos repetíamos. No lo dudo, pero conviene adaptarse y evolucionar para seducir al público ávido de buenas historias. Los griegos no disponían de telefonillos móviles, por ejemplo. Interesa también recordar que Alejandro Dumas y Edgar Allan Poe, entre otros, publicaban sus narraciones por entregas en la prensa del momento. Este último verano asistimos a un fenómeno harto curioso que se basaba en ese mismo principio de publicar por entregas, pero en esta ocasión cambiaba el soporte y el tono, aunque se mantenía la intriga que enganchaba a los lectores como si estuviesen leyendo en uno de aquellos diarios de papel ‘Los crímenes de la calle de la Morgue’. Manuel Bartual, valenciano del 79 y afincado desde 2001 en Madrid, fue el responsable de una idea en verdad brillante que cautivó a cientos de miles de personas. Seguramente conocen este extraordinario caso.

Yacía Manuel laxo de cuerpo pero fresco de mente mientras gozaba de sus vacaciones cuando decidió narrar una historia vía tuiter por entretenerse y por ofrecer vidilla a sus 16.000 seguidores. Siete jornadas duró esa aventura suya y, más o menos, entre el tercer y cuarto día aquello explotó, se convirtió en tendencia mundial y alcanzó picos de 500.000 seguidores.

Un pie en la modernidad y otro en la tradición. Le encanta leer tebeos y comer un buen arroz

La viralidad rotunda traspasó la obra de Manuel y, de repente, muchos ojos se posaron sobre su chepa. ¿Y quién era ese Manuel Bartual recién coronado por un pelotazo veraniego? Pues conviene precisar que Manuel Bartual no es un tipo que irrumpiese desde la nada y que lo suyo fuese fruto de la mera casualidad. En absoluto. Las casualidades o no existen o son pirotecnia efímera. Manuel es un cinéfilo de pro y un lector voraz de los que acumulan varios libros sobre la mesilla de noche, de los que sufren ante una nueva mudanza porque tienen que desprenderse de libros por falta de espacio y eso siempre duele. Estudió diseño gráfico en la Escuela de Artes y Oficios de Valencia y, al finalizar, aceptó un empleo de diseñador en una empresa afincada en Madrid. Naturalmente su corazón farandulero serpenteaba dividido, pues él albergaba la necesidad de narrar por placer y con la férrea convicción de dedicarse en exclusiva a la actividad creativa si la convertía en rentable. No practicó, pues, el quietismo. Dirigió más de media docena de cortometrajes. Dirigió incluso un largometraje de bajo presupuesto y mucho ingenio donde el espectador observaba desde el punto de vista de los telefonillos de los nueve protagonistas. Ganó un premio en el festival de Málaga y su obra se pudo ver gracias a una plataforma televisiva.

Alternó su querencia audiovisual de última generación con otro vehículo del que siempre estuvo enamorado: las viñetas. Durante siete años publicó sus dibujos en ‘El Jueves’ y, tras esa experiencia, él y otros dibujantes del mismo medio fundaron otra revista de historietas bautizada como ‘Orgullo y Satisfacción’. Este diciembre cerrarán el quiosco justo al cumplir 40 números y se despedirán como unos señores con un libro recopilación de ‘Grandes Éxitos’. Por si fuera poco redondeó su lado digamos artístico trabajando como maquetador para la editorial Astiberri. ¿Quién ha maquetado los tebeos de Paco Roca para esa editorial? Pues Manuel Bartual. A estas alturas de la película, adivinarán ustedes que su labor en aquella empresa madrileña ya había pasado a mejor vida pues se ganaba el jornal con lo que de verdad le apasionaba.

Y, por fin, la consagración gracias a su historia tuitera. Frente a las escasas críticas recibidas, precisemos que él nunca pretendió elaborar literatura y se impuso una regla: sólo emplearía el móvil para su aventura. Así, las fotos y los vídeos que acompañan el breve texto los realizó desde su chisme. Tampoco dejó amplio hueco a la improvisación. Lo tenía todo meditado y se fundamentaba en una escaleta (un guión esquemático). No imaginó la formidable cifra de seguidores que iba a conquistar con su creación, y confiesa que este éxito le ha «cambiado la vida». Para bien, claro. De repente se le han abierto todas las puertas y le reclaman desde muchos frentes. ¿Habrá novela, serie, película? Manuel se muestra discreto y prudente. «Habrá algo y estoy muy contento, pero no puedo contar nada de momento. Es que no puedo...» Respetamos su silencio pero estaremos al loro. Me barrunto que se prepara algo potente. Desde luego. El triunfo de Manuel se debe a su talento, a su constancia y a su capacidad para entender hacia dónde van los tiros en los tiempos de internet. Y aunque sea un hombre desenvuelto entre los cachivaches tecnológicos, no olvida el formato del tebeo, tan tradicional, y su admiración hacia el gran Vázquez, aquel genio del género. La carrera de Manuel Bartual despega imparable. Acude hasta Valencia frecuentemente para visitar a la familia y zampar genuino arroz. Un pie suyo reposa en la tradición y el otro en la modernidad. Ha nacido una estrella y yo me alegro.

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