La casa-taller de Eugenia Boscá

LA ANFITRIONA. Eugenia Boscá posa apoyada en la fachada de su casa-taller./Jesús Signes
LA ANFITRIONA. Eugenia Boscá posa apoyada en la fachada de su casa-taller. / Jesús Signes

La suya no debía ser una casa de pueblo cualquiera. Necesitaba espacio para el horno o el taller con el torno. De manera casi inconsciente lo halló todo en Llíria, uno de los referentes de su niñez

ELENA MELÉNDEZ

Cuando Eugenia Boscá se decidió a comprar una casa tenía claro que quería que fuera planta baja. Corría el año 2004 y vio la oportunidad, pero había un hándicap: el espacio tenía que albergar además el horno y el taller con el torno. El enclave escogido fue Llíria, el lugar donde veraneaba de pequeña con su familia. «Ocurrió de manera casi inconsciente. Conocía a bastante gente por aquí, me gusta este tipo de vida. Se trata de un pueblo muy activo, a veinte minutos de Valencia, puedo aparcar en la puerta y se respira una tranquilidad increíble», explica.

Cuando encontró la casa estaba en buen estado, aunque tuvo que hacer bastante reforma. El suelo actual es cemento autonivelante y lo instaló la propia Eugenia. En la entrada había una habitación que quitó porque restaba mucha luz, mientras que lo que era la típica fresquera de la casa Eugenia lo ha convertido en estantería integrada en la pared. A la cocina se accedía por el lado contrario, de modo que los escalones que dan paso al piso superior eran muy empinados. «Decidí cambiar la entrada de la cocina al otro extremo de la casa. Instalé cristaleras que la comunicaran visualmente con la zona de salón y que además dotaran de luz a todas las plantas a través del patio interior».

Puso suelo de cemento autonivelante, hizo una despensa en la escalera y la ‘cambra’ es el dormitorio

El hueco de la escalera lo reconvirtió en despensa, que además está acotada por los dos muros de carga que no pudo tocar y que ha conseguido integrar con estilo en el espacio. Sobre la mesa de la entrada reposan algunas de las piezas que acaba de presentar en una exposición que muestra un diálogo entre su obra y la del pintor José Pla. Una mano que es un florero toma el protagonismo de la selección. La mesa de centro es de madera maciza tallada, fue un regalo y Eugenia ve en ella la joya de la casa. Una gran mesa de reuniones sirve también para comer. La escogió con el objetivo de que la casa fuera lugar de encuentro con amigos. El aparador lo estuvo buscando un tiempo, quería que combinara con la mesa de centro y ahí guarda platos, servilletas y mantales. Además, le sirve de librería. «Me gustaba la combinación del mueble antiguo con cosas más modernas. Es una casa de pueblo, así que los artículos muy sobrios no encajaban». De las paredes penden obras de José Pla, imágenes de Isidro Ferrer y de Chema Madoz extraídas de un catálogo, de Ismael Rumbeo, Susana Balaguer, Eva Mengual, Teresa Cebrián o un cliché de una película francesa de los sesenta que se encontró en un anticuario. «Es gente a la que admiro y también amigos. En Valencia estamos todos relacionados».

La mesa de centro, de madera tallada, es su pieza predilecta

En la primera altura ha instalado su taller, el torno, el horno, el ordenador, la mesa de trabajo, los botes que albergan materiales... Sobre una repisa descansan los jarrones que la firma Chanel le encargó para decorar la presentación de una de sus colecciones. En otra zona unos broches con forma de grifo, elemento cotidiano que representa o integra en muchas de sus creaciones, como las clásicas ‘aixetas’ a las que da una nueva vida en forma de asas para tazas. «El espacio estaba diáfano y le di una habitación en la que tengo el torno. Las vigas son las que había, no de las bonitas porque están hechas a retales, pero me gustan debido a que conservan el carácter de la casa».

En la última altura se abre su dormitorio, con las prendas de ropa a la vista colgadas en un perchero y muchas de sus obras ubicadas sobre un banco corrido. «No es una exposición, sino una forma de aprovechar el espacio -matiza-. Era la ‘cambra’ de toda la vida. El antiguo propietario tenía aquí un taller con un montón de herramientas. Yo instalé la ventana y despejé el espacio».

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