La casa de María José Martínez

María José Martínez, junto al interiorista Vicente Montañana./Jesús Signes
María José Martínez, junto al interiorista Vicente Montañana. / Jesús Signes

ELENA MELÉNDEZValencia

María José Martínez buscaba una casa esquinera en Moncada, el municipio donde se crió y en el que vive toda su familia. El motivo es que este tipo de ubicación recibe más luz a lo largo del día. Además, quería que fuera una construcción típica de pueblo, con sabor y regusto clásico. «Me llevó tres años encontrarla. Esta casa la conocía, la veía bonita y sencilla, y dio la casualidad de que durante mi búsqueda me enteré de que la vendían. Pese a que estaba en muy mal estado cuando la vi, me dije: ‘Es ésta’. Mi intención siempre fue mantener su esencia», explica.

La estructura cumplía con el estándar de la típica vivienda de pueblo ‘a dos manos’ y la distribución es muy similar a la que había. La puerta de la entrada es la original, al igual que las del resto de la casa, que restauraron y lacaron en negro. La cocina es en azul art decó, color fetiche para María José, que además guarda sintonía con el estilo imperante en el resto de la vivienda. «El espacio está dividido en zona de entrada con cocina y habitación, y a continuación el comedor y el salón, que va en torno al patio con una cuadricula muy marcada. El suelo del patio es terrazo con un decorado de los años cuarenta», explica Vicente Montañana, artífice del proyecto.

Para elaborar las barandillas estudiaron vestigios de la época hasta crear el dibujo afrancesado que se integra con el resto de elementos. Lo mismo ocurrió con los techos, con una altura destacada que se conservó, pero cuyas tallas hubo que reinterpretar buscando similitud con las de origen. En la entrada marcaron una gran alfombra con mármol en blanco y negro que se repite en el resto de estancias. Ésta da paso a la habitación principal, comunicada con el vestidor y con el cuarto de baño, que guarda un punto muy femenino potenciado por los colores neutros y los mármoles naturales. «Esta casa es ‘muy María José’. He sacado más cosas de mí que las que yo sabía», reconoce la propietaria.

Uno de los puntos fuertes del proyecto es la elección del papel que cubre las paredes

Uno de los puntos fuertes del proyecto es la elección de los papeles que cubren las paredes, que aportan el carácter singular a la vivienda. Para la zona de la entrada escogieron un estampado más tranquilo y geométrico, el comedor lo vistieron con aires palaciegos y en el salón optaron por aires selváticos para representar un jardín. «La idea era darle el punto sofisticado que quería María José. En el salón se utiliza el terciopelo en el mobiliario y en las cortinas linos naturales que contrastan con la frialdad del mármol.

Aires selváticos en el salón

Terciopelo y lino son los materiales dominantes en una estancia cuya decoración pretende evocar un jardín.

Se trata de un clásico actualizado», afirma Montañana. Precisamente el papel escogido para la zona del comedor, salpicado de aves, le sirvió a María José para hacer un guiño a una de las grandes aficiones de su padre: «De siempre ha sido amante de los pájaros y lleva años enseñándoles a cantar; es su pasión». Otra referencia familiar se hace presente en el salón en forma de pequeños cuadros enmarcados que ocupan la pared principal. «Son dibujos obra de mi tío Francisco Martínez Ibáñez, que cursaba estudios de arquitectura. Aunque murió joven, cuando yo era pequeña, siempre tuvimos muy buena relación».

El azul art decó es el color fetiche de María José y preside la cocina

Uno de los elementos clave de la casa es la espectacular puerta-vitrina de estilo art decó que encontraron en el patio tirada y en muy malas condiciones. «Hicimos una labor de documentación de arquitectura de la época para luego poderle aportar un plus renovado y sofisticado. Ahora separa dos de las grandes estancias principales y se ha convertido en una pieza muy representativa de la vivienda», precisa el interiorista.

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