Las Provincias

La casa de Belén López

  • Quería llevar la sostenibilidad a su vida y qué mejor forma de hacerlo que a través de una casa bioclimática. «Si tienes una buena orientación puedes ahorrar hasta el 70% de energía», indica

El sueño de Belén López era tener una casa bioclimática que supusiera el mínimo impacto medioambiental y preservara a las personas del efecto de los materiales nocivos y contaminantes. Dieron con ella hace ocho años, cuando su hijo estaba a punto de llegar y la pareja decidió buscar un espacio más grande. Por aquel entonces Belén conoció a Marta Guillén, la que hoy es su socia y con la que se embarcó en el proyecto de un estudio de interiorismo sostenible. «Es la primera casa que hicimos. Estaba llena de tabiques, era angosta y oscura, y la distribución se había planteado al revés de cómo está ahora. Hace casi una década las cosas eran diferentes, la sostenibilidad no estaba de moda», explica Belén. Para Marta, la clave está en saber jugar con la orientación. Así, afirma que en Valencia lo idóneo es colocar la parte más social donde se hace la vida, a sur, y el resto a norte. «Si tienes una buena orientación puedes ahorrar hasta el 70% de energía. Al situar de manera correcta las ventanas, éstas ejercen de ventilación natural. Por lo tanto, en verano estás fresquito y en invierno caliente». Aconseja materiales que tengan inercia térmica, como la piedra o la madera, con el fin de que en los meses cálidos absorban el calor por el día y lo desprendan por la noche.

Cuenta Belén que cuando el edificio se construyó daba a un parking de camiones y la vista era horrible, de ahí que el reparto del espacio estuviera planteado justo a la inversa. Mantuvieron toda la carpintería en la parte sur y en la opuesta la pusieron nueva para que preservara mejor la temperatura. Utilizaron corcho natural como aislante y pintura ecológica transpirable. «Las acrílicas hacen que el espacio esté envuelto como por un impermeable. Este revestimiento no es yeso normal, sino cal mezclada. Los porcelánicos que están tan de moda provocan muchos problemas de humedad porque no dejan que respiren las paredes», advierte.

Ambas hablan de conciencia a la hora de escoger los materiales y las piezas constructivas. Además, defienden la colaboración con profesionales y artesanos de la zona. «La mesa está hecha por un herrero de aquí y la cocina por un carpintero, al igual que los módulos. Por ejemplo, si nos gustan unas ventanas maravillosas de madera que tenemos que traer de Alemania no nos compensa el impacto medioambiental».

Una de las cosas que más llaman la atención en la casa es el número y la disposición de los enchufes. No es casualidad, pues en sus proyectos es importante que no haya ningún cable eléctrico en la zona donde se descansa o cerca de la cabeza. Hablan del boom que hubo hace unos años, en los que cuantos más enchufes se ponía, mejor. «Se puede instalar un conmutador que corta la electricidad en las zonas de descanso. Se programan para ello, pero cuando tú vas a hacer uso de la luz se conectan».

A nivel decorativo hay muchos recuerdos de su paso por Londres, donde vivieron una temporada, o Barcelona. «Una de las cosas que más me gustan son las vistas. Es como tener un jardín dentro de casa». Pese a su filosofía de vida, Belén se ha permitido alguna pequeña concesión a lo «no consciente», como las sillas de polipropileno del salón, escogidas por su necesidad de que se pudieran limpiar con jabón. «El impacto es mínimo porque son reciclables. La idea es compensar. La gente cada vez está más concienciada, pero todavía hay mucho camino por recorrer. En un futuro ideal, la construcción debería plantearse así de base», detalla.

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