Juan Miguel Aguilera, la culpa es de Neil Armstrong

Juan Miguel Aguilera posa para Revista de Valencia./Damián Torres
Juan Miguel Aguilera posa para Revista de Valencia. / Damián Torres

La vida le cambió cuando el hombre pisó la luna, trance que contempló junto a su padre, los dos con la nariz pegada contra el televisor. La humanidad daba su gran paso #y a él le atrapaba la ciencia ficción

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

La crisis supuso un maremoto que barrió un sinfín de tradiciones consolidadas por ejemplo en el mercado laboral. En España tu entrabas a trabajar de cajero en una sucursal bancaria y te jubilabas en ese puesto o, en todo caso, ascendías en el escalafón. Los puestos duraban para toda la vida y la mentalidad de funcionario más allá de los límites del funcionariado se había instalado entre nosotros. Pero eso se acabó y debimos aprender a reinventarnos, a reciclarnos, a mudar de piel y a desviar nuestras energías hacia otros territorios.

El valenciano Juan Miguel Aguilera estudió diseño industrial y durante varios años se enfrascó sobre todo en el mundo del mueble. Diseñaba muebles. Detalle curioso, hace un par de décadas estuvo asociado en el mismo estudio con Paco Roca. Paco ejercía el diseño gráfico y Juan Miguel el diseño industrial. Pero antes de que la crisis mostrase sus orejas y sus colmillos estos dos artistas valencianos se olieron la tenebrosa tostada y saltaron del barco que naufragaba para ponerse a salvo. Paco Roca es hoy nuestro dibujante de tebeos más exitoso, y Juan Miguel siempre había llevado el demonio de la literatura en su interior, especialmente en el género de la ciencia ficción. De hecho, hace treinta años publicó una novela, su primera novela, que hoy es de referencia entre los aficionados y que ya anda por la sexta edición en España y la tercera en Francia. ‘Mundos en el abismo’, se titula esa primera novela que editaron en formato de coleccionista cuando cumplió veinticinco años.

¿Y de dónde le viene a Juan Miguel Aguilera esta querencia hacia la ciencia ficción? Pues existe una explicación realmente jugosa... Juan Miguel no olvida el instante en que el hombre pisó la luna. Observó aquel trance junto a su padre, los dos con la nariz pegada contra el televisor. Aquello le impactó. Se rompían las fronteras conocidas y se conquistaba el espacio. Siempre fue un chavalín espabilado, ducho en lecturas de autores como Karl May, Emilio Salgari o Mark Twain, sin despreciar preciosos cómics como los protagonizados por Flash Gordon. La aventura, eso es lo que le chiflaba, la pura aventura. Y entendió que la aventura puede fructificar mientras exploras una tierra ignota o mientras viajas a bordo de una nave espacial pues, al fin y al cabo, romper las barreras y encontrar nuevos caminos es lo que marca esa aventura.

El valenciano Juan Miguel Aguilera.
El valenciano Juan Miguel Aguilera. / Damián Torres

Pero Juan Miguel, además, evolucionó la ciencia ficción al dotarla de un poso científico poco fomentado. Gozar del tutelaje del biólogo Javier Redal durante el proceso creativo fue fundamental. Juan Miguel no le olvida. «Era inteligentísimo, un verdadero sabio, y aprendí mucho con él». De hecho, a Juan Miguel le respaldaron primero en Francia y desde allí su editorial revendía las novelas a España. La crítica de Francia afirmó que él había creado un género nuevo que bautizaron como ‘historia especulativa’, algo que consiste en escribir novela histórica muy documentada que se desliza progresivamente hacia los terrenos del fantástico. Buena prueba de ello sería ‘La locura de Dios’, con Ramón Llull de protagonista y una misteriosa ciudad perdida donde prima la ciencia que alumbró el famoso fuego griego de consecuencias devastadoras en las batallas navales.

Sus veinte novelas le han abierto un hueco en la enciclopedia norteamericana del género

Juan Miguel ha escrito veinte novelas, todas originalísimas y exquisitas, y quizá por eso aparece en la gran enciclopedia norteamericana de la ciencia ficción. Sólo nos topamos con dos autores españoles en esa biblia que recoge a los mejores de la galaxia, uno es el mítico Enguídanos por su ‘Saga de los Aznar’ (un clásico nacido en los años cincuenta) y el otro es nuestro Juan Miguel Aguilera. Por algo será. No me resisto a nombrarles otras obras suyas como ‘Rhila’, ‘El sueño de la razón’ o ‘La zona’, incursión en el universo zombi desde un planteamiento científico (virus de la rabia mutado) que se ambienta en los invernaderos de Almería, con lo cual florece un toque de trasfondo social. Por si fuera poco recibió el año pasado el Premio Europeo de la Ilustración y quedó finalista en el mismo ramo en los premios ingleses. Consiguió también, por su literatura, el Grand Prix de l’Imaginaire en Francia y el premio Bobmorane de Bélgica. Como suele suceder en estos casos, le prestan mayor atención en Europa que en España o en nuestra Comunitat.

Aquel pequeñuelo que devoró antaño el desembarco en la luna es una verdadera figura allende nuestras fronteras y con los golosos adelantos que le conceden las editoriales francesas sigue aprendiendo, investigando, escribiendo, disfrutando. Por supuesto el cine llamó a su puerta, y firmó el guión de la película ‘Náufragos’, rodada entre Los Ángeles y Lanzarote, con Vincent Gallo, María de Medeiros, Joaquín de Almeida y Johnny Ramone de protagonistas. Los trajes de cosmonautas de aquel largometraje se habían usado primero en ‘Space Cowboys’, de Clint Eastwood. Y Juan Miguel allí, en mitad de aquel zafarrancho. Cinéfilo empedernido, su película favorita es ‘La noche del cazador’, pero los fines de semana, verdadero cocinillas, prepara paella para los amigos. Cualquier día inventa una síntesis de la paella que se pueda exportar al espacio exterior... Es capaz de eso y de mucho más.

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