Jesús Manzano, el arquitecto que venció su timidez

El monologuista, siepre con la guitarra en la cabeza./LP
El monologuista, siepre con la guitarra en la cabeza. / LP

De uno de los momentos más dolorosos extrajo la lección que marcaría su futuro: no hay que desperdiciar los días en actividades que nos aplastan

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMARValencia

Jesús Manzano, músico, monologuista y guionista de ‘El hormiguero’, siempre albergó corazón de artista y espíritu de farandulero. Lo que en principio no era sino una afición se convirtió, con el tiempo, en su forma de ganarse los garbanzos. Demarró bien pronto hacia los mares y las dulces tentaciones del arte y la comunicación pues con quince años ya gustó de agarrar la guitarra y crear canciones. Y forjó esos primeros grupos que son los balbuceos del futuro artista, y consiguió esas primeras actuaciones, desastrosas en general, que son la verdadera prueba de fuego. Y desde luego le sedujo aquel primerizo contacto con las tablas pero... la realidad, la cruda realidad, eso de conseguir un trabajo digamos oficial y asumido con el sueldecito fijo a fin de mes, se impuso y Jesús, muchacho aplicado y soñador, sacó su carrera de arquitecto técnico y sus energías se canalizaron hacia esa profesión. Las ilusiones faranduleras, en fin, finalizaron el baúl de los recuerdos. De momento. Sólo de momento.

A Jesús esa vida no le colmaba y las sirenas del lirili y del fandango seguían reconcomiendo pertinaces sus entrañas. Recuerda la insoportable mala leche que le impregnaba los domingos por la tarde porque aquello de regresar a su rutina el lunes por la mañana le devastaba. Que no. Que eso no era lo suyo. Y veía que algunas personas, si no eran felices en su trabajo, al menos sí que disfrutaban enormemente, y por eso sus anhelos no cesaban. Por supuesto, como sucede en estas ocasiones, hubo un punto de inflexión, un trance que casi adquirió contorno de epifanía.

Todos los fines de semana regresa a Valencia para gozar de la vida hogareña

Su padre falleció y de entre las brumas de la tristeza Jesús Manzano percibió que ese rudo golpe le trasladaba de repente a la madurez y por eso se formuló las clásicas y trascendentes preguntas que sacuden en algún momento nuestra existencia salvo que seamos unos genuinos y escamosos besugos. ¿Qué rayos estaba haciendo con su vida? ¿Le llenaba su trabajo? Jesús descubrió con la pérdida de su padre la fugacidad del tiempo y el rápido transcurrir de los años. Decidió no convertirse en un amargado. Debía cumplir su sueño o, en su defecto, intentarlo sin remilgos ni medias tintas. Advirtió que incluso esas personas que se nos antojan indestructibles (los padres) fallecen y desaparecen. Por lo tanto, se dijo, conviene aprovechar los días y las noches y no desperdiciarlos en actividades que nos aplastan. Hombre sensato, Jesús se conocía bien y desde luego sabía que necesitaba soltarse, perder su timidez o parte de ella, cimentar cierta seguridad en sí mismo. Se apuntó a una academia de actores situada en el epicentro de Ruzafa para diluir sus miedos. Fíjense si era apocado que el primer día se topó con varios alumnos en la calle y pasó de largo. Al día siguiente ya asistió a las clases y, en efecto, aquella experiencia de Teatro de Bolsillo le templó los nervios.

No olvidó su primera novia, la música, y compaginaba la guitarra con actuaciones de teatro improvisado. Ahí se sintió cómodo hasta el infinito y sufrió un flechazo con la urgencia, la chispa y la rapidez de la improvisación. Y del teatro y el café teatro al monólogo, que en aquella época los monologuistas comenzaban a poblar muchos espectáculos y se notaba que llegaban para quedarse. Durante una misma jornada tuvo dos bolos, uno de música y otro como monologuista. Al concierto acudieron 15 personas y casi podríamos decir que perdió dinero; al monólogo 150 y ganó jugosa pasta. Sus pasos, pues, se encaminaron hacia los monólogos y en ese campo destacó.

Jesús es ahora un guionista consolidado y uno de nuestros mejores monologuistas.
Jesús es ahora un guionista consolidado y uno de nuestros mejores monologuistas. / LP

Ahora bien, ¿y cómo aterrizó en ‘El hormiguero’? Pues por la puerta grande y gracias a sus propios méritos. ‘El hormiguero’ pidió vía redes sociales un guionista. Tenían que mandar un monólogo y sobre eso decidirían. Jesús Manzano venció con su brillante monólogo sobre otros 985 participantes. Tela marinera. Aquello fue como una oposición y Jesús conquistó el número uno. En el célebre programa ha conocido a megaestrellas como Tom Cruise o Will Smith, pero sin embargo el eléctrico pálpito que le produjo tembleque en el alma fue cuando Pablo Motos le entrevistó para brindarle el curro. «No sé cómo explicártelo, Ramón. Fue como si ya hubiese vivido aquella situación y sentí que Pablo podía ser alguien fundamental en mi vida», me cuenta.

Siete años han transcurrido desde aquello y Jesús no sólo se ha consolidado como guionista, sino que es uno de nuestros mejores monologuistas y su agenda luce apretada, congestionada. Ya puestos, ha inventado una historia llamada ‘microcanciones’, o sea canciones que duran un máximo de 30 segundos. Aunque la palabra es su principal herramienta, no olvida la música, y le place aplicarla a sus espectáculos. Las canciones pueden romper el ritmo del monólogo, la microcanción nunca. De hecho, puede estar hablando 30 minutos de la canción que interpretará y que luego sólo dura... 30 segundos. En enero publicará un disco de microcanciones. Estaremos al tanto.

Jesús Manzano retuerce la realidad y tritura el tópico. Todos los fines de semana regresa a Valencia para gozar de la vida hogareña con su mujer y sus criaturas. Y ahora, los domingos por la tarde, ya no le embarga la mala leche. Eso sí, para dormirse precisa del rumor de la radio que le arrulla y le evita cavilaciones, que este paisano nuestro siempre gasta cerebro en fase de combustión.

Fotos

Vídeos