Ismael Quintanilla, un sabio entre viñetas

El profesor Quintanilla, en un local ubicado frente a su casa.
El profesor Quintanilla, en un local ubicado frente a su casa. / Irene Marsilla

Su inteligencia pentrante y chisposa, embutida en un cuerpo enjuto y fibroso, no le conduce a la pedantería. Este profesor de Psicología al que ahora quieren jubilar adora el cómic y los libros en general. Es lector compulsivo. Y escritor, con 31 obras publicadas. Pero destacan sobre todo sus dotes de gran conversador

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

La próxima temporada nos van a jubilar de la facultad al profesor de Psicología (especializado en Psicología Social) Ismael Quintanilla. Una pena, porque el cerebro del profesor Quintanilla carbura bastante mejor y más fluido que la mayoría de las seseras que conozco. Hemos creado entre todos una sociedad tan papanatas que desperdiciamos a nuestros docentes justo cuando los necesitamos con urgencia teniendo en cuenta el mediocre percal que nos rodea y la estulticia que nos invade. Si las meninges de un enseñante, o de un cirujano, por ejemplo, comienzan a derrapar, pues perfecto, esa persona se merece el descanso de la jubilación y nuestro reconocimiento, pero esto de apartar a la gente que mantiene intactas sus virtudes y sus energías se me antoja un despilfarro insoportable. Cuando le alcance la jubilación, el profesor Quintanilla seguirá con innumerables actividades. Por lo tanto, la merma la asumirán sus alumnos, la facultad y nuestro sistema. Un pena, insisto.

Ismael Quintanilla sospecho que ya desde pequeño debía de mostrar una curiosidad insaciable y una electricidad huracanada. Todo le interesaba y todo le interesa. Lector infatigable, se inició en esta saludable actividad con los legendarios tebeos del Capitán Trueno. De hecho, supremo amante del cómic, coloca en el mismo pedestal las obras del Capitán Trueno y las de Hugo Pratt y Paco Roca. A Hugo Pratt, el padre de Corto Maltés, le conoció en un festival del cómic en Barcelona. «Oye, ¿nos vamos Barcelona y saludamos a Hugo Pratt?», le dijo hace años a un amigo. Y esa misma tarde se largaron hasta Barna y estuvieron de palique con el guionista y dibujante. De Paco Roca es amigo íntimo. En esta ocasión al menos no tuvo que recorrer tantos quilómetros.

Una parte de las paredes de su casa la ocupan originales de cómics, pero la mayor superficie de los muros está festoneada por libros. Miles y miles. Y mires donde mires, desde cualquier ángulo, ves libros. Por arriba y por abajo. A derecha e izquierda. Novelas, biografías, ensayos, en fin... Con tanto leer, claro, no sólo se cultiva la mente, sino que se evoluciona hacia la escritura. 31 obras publicadas llevan la firma de Ismael. Abundan los ensayos y los estudios relacionados con su materia, pero de vez en cuando se lanza a los relatos cortos de literatura para desengrasar los músculos y por aprovechar el tiempo.

Conoce la calle y alternó sus clases de la facultad con el asesoramiento a empresas

Pero el profesor Quintanilla, siendo un sabio, no es el clásico tipo que vive encerrado en su torre o flotando en su nube, en su microcosmos preñado de teoría. Colabora en medios de comunicación, conoce la calle y el mundo de la empresa privada. Durante años alternó sus clases de la facultad con el asesoramiento a empresas pequeñas e incluso multinacionales. ¿Tenemos un problema? Llamen a Quintanilla, plis, y que nos haga un diagnóstico. Así quizá progresamos o evitamos el naufragio. A él le debo una sentencia gloriosa que explica a la perfección el éxito exportador de muchas pequeñas empresas que jalonan nuestra Comunitat: «En esta tierra, y los tíos de las universidades americanas se volverían locos si lo descubriesen, amigo Ramón, durante mucho tiempo el modelo funcionó gracias a un triángulo formado por el amo, el fill del amo i l’encarregat, y con esos tres pilares conquistaron medio mundo». Tiene razón.

Ismael, inteligencia penetrante y chisposa embutida en un cuerpo enjuto y fibroso al borde del farallón de la hiperactividad, ha ofrecido conferencias y charlas por todo el planeta y ha participado en infinidad de congresos. Infatigable en esto del aprendizaje, antes de encaminarse definitivamente hacia la psicología estudió Matemáticas, Física, Química y Filosofía. Pero estudiando de verdad, ¿eh?, sin quedarse en coqueteos. Así como algunas personas charlan sin cesar y sólo emiten filfa, alfalfa y, sobre todo, tedio, con Ismael bien podemos afirmar lo contrario: todo lo que dice interesa, todo. De hecho, si coinciden con él durante alguna cena les recomiendo que intenten sentarse a su lado. Aprenderán, se distraerán y querrán hacerse amigos suyos. Puedes hablar con él de lo que sea: música, cine, libros, tebeos, la vida, la muerte, el consumo compulsivo, las supersticiones, el cosmos, la crisis del petróleo del 73, Trump, la tecnología, los populismos, el marxismo, el capitalismo... Y nunca cae en pedanterías porque sabe transmitir sin apabullar con un curioso tono entre sosegado y apasionado que te atrapa. Hoy estaría forrado si hubiese seguido asesorando allá en la galaxia empresarial. Sin embargo, prefirió centrarse en la docencia porque ofrecer formación al prójimo le encanta. Los miles de alumnos que han recibido su magisterio lo pueden confirmar y, por cierto, en este sentido nunca me he encontrado a alguno que arroje pestes contra su osamenta. Nos van a jubilar al profesor Quintanilla y la facultad perderá a un erudito. Con lo difícil que es encontrar a un buen profesor y nos fundimos nuestros cráneos privilegiados a golpe de calendario. Nosotros salimos perdiendo. Somos así de listos.

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