Iris Lezcano, la prodigiosa mirada del talento

'Sin tetas no hay paraíso' fue el primer trampolín de Iris Lezcano.
'Sin tetas no hay paraíso' fue el primer trampolín de Iris Lezcano.

La vocación interpretativa se le reveló muy pronto, en su Aldaia natal, y supo labrarse una ascensión meteórica en los escenarios. Pero llegó un día en que el camino se puso cuesta arriba y entonces no dudó en marcharse a Londres. El triunfo de esta joven de ojos magnéticos es el de la voluntad

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Iris Lezcano es esa joven actriz valenciana, cosecha del 85, que gasta unos ojazos verdes o verdeazulados que son dos imanes de lujo y esplendor dispuestos para atraer nuestra mirada. Están los ojos de Bette Davis (los de la famosa canción) y los de Iris, muchos más bonitos pero todavía sin pegadiza melodía en plan homenaje. Cuando contemplas a Iris en la pantalla o en el teatro o en la calle o en la vida o donde sea, enchufas el foco en sus ojos porque esas pupilas de Iris nos captan, nos atrapan, nos enamoran, nos asombran. Esos ojos suyos hondos y profundos ayudan, pero sin el resto Iris no habría caminado tanto. Porque de esta actriz, cómo no, valoramos en igual o mayor medida su talento y su determinación. De hecho, tuvo clara su vocación desde temprana edad y se inició en esto de interpretar en la escuela municipal de teatro allá en su Aldaia natal. ¿Y para qué sirven estas escuelas municipales tan criticadas por algunos en demasiadas ocasiones? Pues mira, porque a veces de esos lugares que animan el cotarro del pueblo emergen vocaciones y carreras como la de la protagonista de nuestra página de hoy.

Y si fue en Aldaia donde Iris tuvo clara su vocación y lo que sería su profesión, en la Escuela Superior de Arte Dramático de Valencia se licenció. El actor nace, sí, y desde luego se precisa un don incrustado en los genes, pero el actor también se hace. Iris Lezcano da la impresión de que siempre entendió que esto de actuar no sólo era un juego (en inglés es ‘play’ y en francés ‘jouer’, o sea jugar), sino que también convenía añadirle una serie de técnicas que se convierten en las armas y en las herramientas de los actores. En esto se nota que nuestra paisana forma parte de las nuevas generaciones que saben perfectamente el nivel de competencia que yace agazapado ahí fuera. No se trata de ser bueno, se trata de ser el mejor para luego militar en el bando de los elegidos para la gloria.

Iris apareció en una serie mítica bautizada un poco a lo bruto como ‘Sin tetas no hay paraíso’. A eso se le llama llegar y besar el santo. Desgrana palabras generosas hacia el líder de aquellos episodios de tetas, amoríos, destarifos y drogas, Miguel Ángel Silvestre, otro valenciano de Castellón. También se admiraron sus ojos en capítulos de ‘El comisario’ o de ‘Hospital Central’. Tras esas aventuras de epicentro madrileño, se convirtió en toda una estrella de nuestra Comunitat gracias a su papel de Ana en la no menos legendaria ‘L’Alqueria blanca’. Su popularidad rompió la barrera del sonido y ahí creció como actriz junto a otro grupo de notables actores valencianos. Sólo por eso la serie de producción valenciana ya merece nuestro respeto y veneración. En un futuro no muy lejano imagino que se estudiará el papelón de ‘L’Alqueria blanca’ en el zafarrancho de la raquítica industria audiovisual valenciana. Fue un oasis y una escuela para técnicos, guionistas y actores, y encima demostró que aquí también se puede hacer las cosas muy bien. Claro que, por alguna extraña razón, en esta Comunitat justo cuando parece que por fin vamos a conseguir algo, plas, el asunto se quiebra y regresamos chepudos a la casilla de salida.

El cierre de Canal Nou mandó al paro a todos esos actores (bueno, y a tanta gente) y llegó el exilio, el éxodo, el buscarse la vida como en los viejos tiempos. La tendencia natural fue largarse a Madrid. Pero Iris no. Iris encaminó sus pasos y canalizó sus energías hacia Londres. De nuevo comprobamos su valor y su tesón a la hora de aprender. Viajó con su hatillo a Reino Unido para dominar el idioma y para apuntarse a cursos de interpretación y seguir perfeccionando su técnica. Trabajó de camarera, como sucede en la mejor tradición de las estrellas de Hollywood, que una vez han triunfado, mientras amasan millones de dólares, gustan de rememorar esas épocas suyas de esforzados camareros de medianoche. Luego consiguió protagonizar algún anuncio e incluso algún papel en la tele de allí.

Iris representa el triunfo de la voluntad. Me cuentan que ahora galopa a caballo entre Madrid y Valencia, con escapadas a Londres. Anda enamorada del microteatro y de cualquier opción que le permita dar rienda suelta a su pasión. No está nada mal y desde luego Iris irrumpió sobre los escenarios para quedarse. Uno la recuerda también en aquella miniserie de dos capítulos dirigida por Miguel Perelló y titulada ‘Entre dos reinos’. Un día le pregunté a Miguel y éste me comentó la enorme profesionalidad de Iris durante el rodaje: «Simpática, profesional, amable... Una maravilla trabajar con ella. Tiene talento, te lo aseguro». A Iris le encantan directores como Sánchez Arévalo, Almodóvar o Amenábar. Su referente en cuanto actriz es Marion Cotillard. Mal gusto no gasta Iris Lezcano.

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