En familia con Stefano Garzelli y María Benimeli

En familia con Stefano Garzelli y María Benimeli
Damián Torres

El exciclista piensa en rosa, el color de la 'maglia' que lo coronó como campeón del Giro en 2000 y el que hoy tiñe la crónica de una feliz vida en Valencia junto a María y sus cuatro hijos. Se enamoraron en una cena con amigos en la Malvarrosa

ELENA MELÉNDEZValencia

Han transcurrido ya quince años desde aquella noche de diciembre en que una amiga de María la invitó a que se fuera a cenar con ella, su novio y unos amigos de éste, todos ciclistas profesionales. Cuando llegaron a la casa que ellos tenían alquilada en la Malvarrosa, Stefano bajó a abrirles el portal. «Al verlo dije: ‘Me he enamorado’. Mi amiga se rio de mí, pero luego supe que él sintió lo mismo. Fue recíproco. En ese momento Stefano vivía en Milán y venía aquí para entrenar porque tenía un masajista de Ribarroja», recuerda María. A partir a ese primer encuentro todo sucedió muy rápido: el italiano volvió en febrero, se compró una casa y once meses después se casaban en Santa Catalina. Luego fueron llegando sus cuatro hijos con un intervalo aproximado de dos años entre cada uno de ellos.

Cuando se conocieron María trabajaba como modelo y azafata pero, una vez nacido su primer hijo, quiso dedicarse a ser mamá. «Es una tarea que considero muy importante, aunque parece que últimamente se ha denostado el hecho de entregarse a la maternidad en exclusiva», subraya. Al crecer los niños detectó que era el momento de volver a su profesión pero de otra manera, pues no se veía participando en cástings con chicas veinteañeras. Entonces creó el blog de moda y estilo de vida donde narra sus vivencias. «Es algo muy chulo a lo que hay que dedicar mucho tiempo si lo quieres hacer bien».

Fue en ese momento cuando su hijo mayor manifestó interés por empezar a entrenarse como ciclista y Stefano, que ya tenía una escuela activa en Milán desde hacia doce años, quiso replicar el modelo en Valencia. «Es María la que la gestiona. Ahora mismo tenemos cerca de cuarenta niños entre cuatro y catorce años. Todos tienen la ilusión de ser corredores pero donde yo entrenaba, de dos mil llegamos dos. Es un camino difícil», advierte. La idea es que los niños aprendan a ir sobre la bici, a rodar en carretera y disfrutar del deporte. Subraya además que el ciclismo es un deporte muy duro en el que no basta con tener talento. «Yo empecé con seis años como un juego pero a los diecisiete o dieciocho nunca salía por la noche. Hay que renunciar a muchas cosas. También dejé de estudiar y, aunque me fue bien, para mí fue un error».

Un italiano fallero

Stefano ama Valencia hasta el punto de reconocer que pudo retirarse a los cuarenta años gracias a sus excelentes temperaturas, que le permitían entrenar en buenas condiciones de enero a diciembre. «Es la mejor ciudad del mundo para vivir, grande pero accesible, y el clima la convierte en un paraíso. Me sé toda la teoría de la paella y algo de la práctica. No soy fallero pero siempre que estoy vivo las Fallas. El sueño de María es que me vista con ella y los niños para la Ofrenda».

Stefano ha sido uno de los ciclistas que más tarde se han retirado en la historia de este deporte. Tomó la decisión a los cuarenta años, todo un hito si tenemos en cuenta que lo normal es dejar de competir con 35 o 36. «Cuando terminé el Giro de Italia de ese año me dije: ‘Ya no más’. Siempre aconsejo a los jóvenes que corran mientras puedan y aprovechen, porque están en una burbuja. Es todo muy efímero, en el mundo del deporte cuando acabas todos se olvidan de ti», explica. Su caso, sin embargo, fue diferente. Él colgó la bicicleta un mes de mayo, en agosto lo llamaron de la televisión italiana y en febrero ejercía de comentarista. «Tuve suerte, en Italia me conocen ahora casi más que antes. Trabajo en el Giro y el Tour también como realizador y cada día me ven tres millones de personas. A los que compiten ahora les digo que se hagan todas las fotos que les pidan y firmen autógrafos».

María y Stefano, aunque complementarios, se consideran muy diferentes. Ella, formada en desarrollo personal y coaching, siempre ha sido muy positiva y así ha enfocado su vida. En el blog y sus cuentas en redes sociales nunca faltan los mensajes constructivos que denotan su mirada decidida. Afirma educar a sus hijos con la máxima de que «no importa lo que te pase sino cómo reacciones ante lo que te pasa». Analiza su relación: «Stefano y yo somos como la noche y el día, por eso nos complementamos tan bien. Lo que me puede faltar a mí lo tiene él y al revés. La diversidad ha de ser para sumar», precisa. Le pido que comparta su secreto para mantener viva y en buen estado de salud una relación de quince años. «La clave es el amor, la paciencia y sobre todo el respeto. Es como una silla de tres patas en la que no puede faltar ninguna», responde. Stefano continúa: «Somos muy equipo, sobre todo esas noches en que somos seis en la cama. Por la mañana aparecemos cuatro o cinco, los sábados por la mañana nos gustar permanecer allí viendo la tele todos juntos».

Quince años de relación tienen sus claves. «Amor, paciencia y respeto», enumera María

Ganar el Giro de Italia de 2000 y sólo dos años después ser acusado de dopaje mostró a Stefano los extremos opuestos de una carrera exitosa. Relata cómo pasó de ser una de las personas más conocidas de Italia a que todos los medios abrieran con su positivo, lo que lo dejó en fuera de juego. «Fue por un diurético en un cantidad muy mínima. Sé que esa sustancia no la tomé de manera voluntaria. Yo pensaba: ‘Si algún día tengo hijos y me lo preguntan podré mirarles a los ojos y decirles que no sé por qué di positivo’». Como todo en la vida, aquel episodio también tuvo su parte buena. Tras ser despedido de su equipo, se fue a otro más pequeño en el que corría el novio de la amiga de María. «Con él vine a Valencia. Si no hubiera pasado eso, nunca la hubiera conocido». «¿Y adjudicarte el Giro qué supuso?», me intereso. «Te cambia la vida, aunque al mismo tiempo ganar te exige cada vez más. Lo conquisté en 2000, luego en 2003 quedé segundo, pero para todo el mundo fue un mal resultado, y en 2004 hice cuarto y tampoco se valoró».

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