En familia con Patricia y Natalia Restrepo

Madre e hija reciben a Revista de Valencia en su casa, donde repasan toda una vida en común. / damián torres

Patricia cree en el destino, aunque ella lo rebautiza como «la inercia de a vida». Es ese flujo natural el que la trajo a Valencia y la condujo a un proyecto humanitario que marcaría su futuro. En el caso de Natalia, lo hizo el embarazo

ELENA MELÉNDEZ

La casa de Natalia Restrepo huele a aceites esenciales y antes de acceder a ella nos pide que dejemos los zapatos junto a la entrada. Su madre, Patricia Restrepo, acaba de llegar en bicicleta. Es la fundadora y directora del Instituto Macrobiótico de España. Allí Natalia dirige la parte de alimentación para la fertilidad y salud de mujer. Además, trabaja como doula acompañando a las mujeres que quieren tener un parto natural y ambas imparten clases de yoga.

El vínculo de madre e hija con Valencia arranca a finales de los ochenta, cuando Patricia se instaló en la ciudad recién llegada de su Colombia natal, movida por un flujo natural que decidió seguir. «No tengo una memoria del por qué ni el para qué llegué. Siempre me he dejado llevar por la inercia de la vida sin oponer mucha resistencia. Forma parte de mi historia», explica. Una vez aquí, un acontecimiento lo cambió todo. Una amiga suya, Emilia Nacher, recaudaba fondos para ayudar a los afectados por la catástrofe de Chernóbil. Llamó a algunos restaurantes vegetarianos y el presupuesto que le pasaron era caro. Patricia se ofreció para preparar una cena que acabó siendo un éxito. «Yo no soy cocinera, pero me encanta la cocina y soy vegetariana desde siempre. En ese momento entendimos que en casa poseíamos una magia en las manos y que debíamos desarrollarla. Luego llegó el restaurante, el centro de yoga y el instituto macrobiótico», explica.

De ese día, Natalia recuerda quedarse dormida mientras rallaba zanahorias. Era pequeña y su madre ya le parecía una mujer muy trabajadora, dinámica y luchadora, que estaba siempre creando cosas. «Recuerdo que se cruzaba toda Valencia en bicicleta y yo iba detrás de ella. Empezamos con un rallador y con dos ollas y para mí ahora ella es una institución».

La revelación a Natalia le llegó cuando se quedó embarazada hace diez años. Descubrió que tenía muchas dudas, se decía a sí misma que no podía ser tan doloroso y terrible como contaban. «Empecé a buscar alternativas y al final conseguí tener a mi hija por parto natural. Al vivir esa experiencia tan increíble me dije: ‘Yo quiero ayudar a que todas las mujeres se enteren de que los gritos que vemos en las películas son innecesarios’».

Para ambas la alimentación es la base de su trabajo y el pilar fundamental para disfrutar de una vida plena y equilibrada. Explican que estamos en un momento en el que las cosas se han mecanizado y desnaturalizado mucho y, en respuesta a eso, ha surgido un grupo enorme de gente preocupada por la alimentación, que no quiere sentir a través de la tele y las redes sino volver a ser ella misma. «Somos lo que comemos y lo que pensamos», aseguran, y yo les pregunto si hacer este tipo de compra consciente dispara el precio final. «Si eres eficaz y entiendes qué es lo que necesitas no es más costoso, y menos ahora», aseguran.

Recuerdan con especial cariño el viaje que el pasado año hicieron a Filipinas junto a la hija de Natalia. «Fue una experiencia muy bonita porque yo iba con mi madre pero también era madre. Formamos un equipo muy bueno. Dormimos en hoteles de lujo y en hostales con la habitación del tamaño de un sofá», rememora Natalia.

Patricia confiesa haber encontrado el equilibrio a base de realizar cosas que le enriquecen, como la danza, la bicicleta, el gimnasio o caminar por el río. «Tengo más actividades extraescolares que mi nieta», bromea. En la misma línea, Natalia afirma que la clave de su éxito interno es que no para y que, cuando ve que no tiene actividad, se sienta y piensa: ‘Si no tienes nada que hacer ahora, es la oportunidad perfecta para crear algo nuevo’. Desarrolla dicha idea: «Si estás trabajando para buscar el descanso es que no te gusta en lo que trabajas. Aparte, soy lo que llamo ‘madre taxista’. Por las tardes llevo a mi hija a piano, a flamenco o ballet. Además, somos muy viajeras, viajo para morirme sin nada en el banco».

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