En familia con Miguel Alvarado y Laura Rodríguez

En familia con Miguel Alvarado y Laura Rodríguez
Damián Torres

Cuando Laura conoció a Miguel con aquella bata verde, buscando en un cigarro algo de relax tras una cirugía, olvidó su promesa de no salir con fumadores. Esa misma noche quedaron a cenar y una boda sobre la arena de Cancún puso la guinda

ELENA MELÉNDEZValencia

La primera vez que Laura vio a Miguel, él acababa de operar y llevaba puesto el pijama verde. Se encontraba en un descanso entre dos cirugías y sacó un cigarro para relajarse. Laura tenía por norma no salir con alguien que fumara, pero eso no evitó que le gustara de inmediato. Ambos recuerdan aquel día como si fuera hoy, y es Miguel Alvarado quien pone voz a la memoria: «Estudié Odontología en Argentina y cuando volví entré a trabajar en la clínica del tío de Laura Rodríguez. Ella se encontraba de paso, porque se iba a hacer un máster a Manchester, y aquello fue un flechazo. Esa misma noche salimos a cenar y en cuanto se marchó me tuvo yendo todos los fines de semana a Manchester para visitarla».

Laura, por su parte, nació en Venezuela de padres y abuelos gallegos. Estudió Administración y Dirección de Empresas, así como un máster en Marketing. Al terminar se fue a Inglaterra para completar su formación y estando allí le surgieron varias oportunidades de trabajo. «Miguel me propuso venirme a Valencia y una vez aquí conseguí trabajo en una multinacional americana donde estuve ocho años, hasta que decidimos formar una familia. Paré en Valencia porque es una ciudad que siempre me gustó. Mi tío era de La Coruña y se vino aquí buscando el buen clima», explica.

Juntos comparten proyecto vital y profesional. Laura afirma que disfruta de potenciar a su marido y confiesa navegar en el mismo barco y en la misma dirección que él. Trabajar y vivir juntos fue algo a lo que se tuvieron que adaptar y que cada vez llevan mejor. «Miguel es el corazón y la neurona del proyecto y yo el satélite que está pendiente de todo», afirma ella. Miguel añade: «Yo no podría seguir si no tuviera el apoyo que me da. Ella me empuja a hacer las cosas y a continuar».

El valor de la verdad

Tanto Laura como Miguel subrayan que el valor más importante que rige sus vidas es la honestidad. Ambos confiesan detestar la mentira y quieren quesus hijos asimilen la importancia que tiene no ocultarse. «Otro principio fundamental es poder hacer algo que te guste. Al hijo de Miguel, que ya está en edad de meditar a qué dedicarse, le transmitimos que escoja lo que de verdad le apasione. De lo contrario puedes trabajar en algo que quizá te dé dinero, pero eso no te hará feliz», subraya Laura.

Laura admira de Miguel sobre todo su valentía, cómo se embarca en retos que quizá antes no ha hecho nadie, la capacidad para creer en sí mismo, visualizar las cosas que quiere e ir a por ellas. «Tiene una decisión muy fuerte. Cuando aún estaba perfeccionando su inglés se marchó a Montenegro para estudiar un máster e incluso realizó una presentación en público», rememora. El propio Miguel añade, como muestra del interés por quien luego sería su esposa, la anécdota que tuvo lugar durante el vuelo que le llevó en su primer viaje a Manchester para encontrarse con ella. «Yo en el colegio estudié francés y la primera vez que fui a verla no hablaba una palabra en inglés. Aun así conseguí durante el viaje que una señora inglesa me dijera la dirección del mejor restaurante e hice la reserva a la llegada».

A la inversa, Miguel destaca de Laura su empuje, la memoria para estar al tanto del todo, esa sensibilidad especial que compagina con una visión muy pragmática de la vida y la capacidad para llegar a veinte cosas a la vez. «Creo que esa cualidad tiene más que ver con el hecho de ser mujer», matiza ella con una sonrisa.

Ambos tienen un especial recuerdo de su boda en Cancún, sobre la arena y con los pies descalzos. La decisión llegó tras intentarlo primero en Venezuela y luego en España, encontrándose en ambos casos con problemas organizativos. «Miguel me dijo: ‘Para casarse sólo hacen falta dos personas’. Por lo tanto, decidimos irnos a un lugar paradisíaco y contar con las personas a las que les apeteciera y pudieran venir. Había más mariachis que invitados», confiesa Laura.

Si se les pregunta por el futuro, juntos aún tienen pendiente desarrollar un proyecto de odontología solidaria a través del cual ayudarán a personas necesitadas en el campo que tienen a su alcance. «Los dos creemos que hay que ser agradecido con lo que la vida nos ha dado. Es una buena manera de cerrar el círculo».

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