En familia con Lola y Jaime Fons

Damián Torres

Han llegado a estar a la misma hora, en la misma tienda, con el mismo libro en la mano... pero en dos ciudades distintas. Cómplices desde niños, comparten recuerdos y actividad profesional: el ‘scrapbooking’

ELENA MELÉNDEZValencia

El idilio de Lola Fons con su profesión actual llegó mucho antes de que ella lo percibiera como tal. Tendría unos doce años y, cada vez que hacían una pequeña escapada en familia, la registraba en una libreta de gusanillo. Restaurantes donde comían, visitas a museos, paradas improvisadas por el camino... «Tenía además la costumbre de coger hojas de los parques donde estábamos y las prensaba en la libreta. Entonces no daba importancia al momento, pero con el tiempo cobraba muchísima relevancia», explica.

Más adelante se formaría como ingeniero técnico agrícola y ejercería varios años de paisajista, pero cuando llegó la crisis de la construcción decidió hacer de su hobby un trabajo. Descubrió a través de internet que crear libros con fotos y recortes era una técnica como tal en Estados Unidos y tenía un nombre: ‘scrapbooking’. Fue entonces cuando su hermano, Jaime Fons, ambientólogo de formación, compañero y cómplice de batallas de Lola desde la más tierna infancia, decidió implicarse en la aventura. «Al ver que mi hermana apostaba por hacer de su cualidad personal su trabajo con la tienda y taller lo vi como hermano y como negocio. Nos retroalimentamos y nos compaginamos muy bien, creo que esa ha sido la clave del éxito del proyecto», relata.

Los antecedentes compartidos tienen su origen en los veranos que pasaron en Requena. Cuentan que entonces no había muchas distracciones por allí, por lo que ellos decidieron buscarlas. «Trabajábamos con arcilla, hacíamos velas, elaborábamos nuestro propio papel reciclado, tres meses daban para mucho. Durante esos años fomentamos mucho una creatividad que nos viene por parte de padres y abuelos», recuerdan. Luego adquirieron la costumbre de hacer ellos mismos las felicitaciones de Navidad para la familia y enviarlas por correo. Con el tiempo lo fueron ampliando hasta el grupo de amigos, convirtiéndolo en una tradición para ambos que todavía mantienen. «En verano ya pensamos en el diseño, los colores y materiales de la postal y del sobre. Hay amigos que nos dicen que no empieza la Navidad hasta que la reciben».

Durante su infancia también surgió el amor que ambos profesan por la naturaleza. El responsable es uno de sus tíos, que a fuerza de llevarlos de excursión les mostró que el medio natural es el lugar donde disfrutar y compartir momentos en familia. «Para nosotros representa una válvula de escape, el lugar donde encontramos inspiración. De hecho, una de las características de nuestros trabajos en papel es que están marcados por los elementos naturales», detalla Jaime.

Los dos hermanos se criaron muy unidos pese a los cinco años que los separan. Compartían gustos comunes y una sincronía que les ha llevado a protagonizar destacadas casualidades. «Él vivió varios años en Barcelona. Nos ha pasado llamarnos y estar los dos en la misma tienda, a la misma hora, en dos ciudades diferentes, con el mismo libro en la mano». Para ambos, una consecuencia positiva clave de su profesión es que la gente está volviendo a imprimir fotos gracias al scrap. Alertan de que hay toda una generación de niños que no van a tener memoria fotográfica pues hoy en día acumulamos cientos de imágenes que nunca imprimimos, de manera que si el móvil o el ordenador se estropea las vamos a perder. «Yo aconsejo imprimir aunque sólo sean veinte de cada viaje o momento especial, las más destacadas. Aunque no quieras hacer un álbum, colócalas en fundas, es muy importante para mantener vivo el recuerdo», precisa Lola. ¿Y cómo es trabajar en familia?, me intereso. «Muy sencillo, cada uno de nosotros es como una prolongación del otro. Además, yo en concreto aprendo cada día de Lola. Tenemos nuestras discusiones, como todo el mundo, pero el 99 % de las cosas son positivas», confiesa Jaime.

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