En familia con Ana y Laura Albiol

«Le cogí un poco de rabia», admite Laura. Su hermana Ana era odiosamente perfecta: estudiosa, con una vida de éxito en Londres y gracias a internet también famosa. Pero el destino las unió y hoy son inseparables

ELENA MELÉNDEZ

Me cito con ellas en el jardín de Ayora, el frondoso parque cercano a la vivienda familiar testigo de sus juegos de la infancia. Cuando estamos con los saludos, una chica se aproxima tímida. «Disculpa, ¿eres Ana Albiol, verdad? ¿Puedo hacerme una foto contigo?» Ana saluda amable y posa. Su rostro es conocido en las redes, donde tiene un blog en el que habla de maquillaje y belleza femenina seguido por más de 40.000 personas. En la actualidad vive en Londres, pero se encuentra de visita en España, ya que tiene cerrados unos cuantos talleres en distintos puntos del país. Su hermana Laura observa sonriente y, cuando le pregunto por la notable afinidad que les une, me explica que se trata de algo relativamente reciente. «Yo fui la oveja descarriada. Mi hermana estudiaba mucho y era muy perfecta. Yo tenía mucho nervio, necesitaba canalizarlo y no encajaba; sentía que debía hacer lo que ella y le cogí un poco de rabia. No hemos tenido muy buena relación hasta hace tres años», explica sincera.

La vida de Ana se aceleró a los diecisiete años, cuando empezó a trabajar en una conocida cadena de perfumerías de Valencia con la idea de compaginarlo con la universidad. «Me gustaba mucho pintar y comunicar, y las dos cosas se unieron en el maquillaje. Ya llevaba un tiempo trabajando cuando me di cuenta de que me faltaba algo. Decidí abrirme el blog, desde bien pequeña me había gustado escribir. Al poco tiempo llegó el canal de Youtube», relata. Por su parte Laura, tras superar unos años escolares marcados por la insatisfacción, descubría que lo que le gustaba es ayudar a la gente. «Estudié integración social y me encantó. Estuve una temporada de voluntaria en la cárcel y con inmigrantes en Cruz Roja, aprendí muchísimo», relata.

Fue entonces cuando llegó un punto de inflexión para las dos que unió sus caminos de nuevo. Ana llevaba un tiempo viviendo en Londres tras ser fichada por una firma internacional de maquillaje y le picó la vena del desarrollo personal, área por la que siempre se había sentido atraída. «Aunque la psicología estaba en todo momento en mi foco de interés, hace un poco más de dos años empecé a centrarme en esa faceta. Dio la casualidad de que mi hermana se encontraba en un momento semejante y llegó un punto en el que hablaba con ella más que con mis amigas», revela. Continúa Laura: «Las dos queremos crecer a nivel personal, compartimos títulos de libros, vídeos de coaches... Tenemos previsto ir las dos juntas a ver a Borja Vilaseca a Barcelona y nos encantaría hacer un master en crecimiento personal».

Respecto a su infancia recuerdan que, pese a que Ana era un poco ‘Rottenmeier’, cuando se juntaban les unía la vena gamberra. «Un día persiguiéndonos por la casa hicimos un boquete en la pared y se nos ocurrió pintar una hoja con lápiz Alpino marrón simulando la madera». Luego llegó la época de maquillarse y Laura no olvida cómo Ana le pegaba broncas porque ni se esmeraba ni se cuidaba la piel. «Ahora sigo su blog a diario», afirma cómplice. Ana confiesa que su labor como blogger es una gran responsabilidad, que antes de subir un post piensa en la cantidad de personas que lo verán y su repercusión. Como ejemplo pone la visita sorpresa que realizó el otro día a una niña de nueve años que le imita: «Hay un montón de niños que quieren ser ‘youtubers’. Hice un llamamiento para que la gente que comunicamos a través de internet creemos un contenido sensato y coherente para las nuevas generaciones».

Les pregunto cuál es el siguiente reto en común que tienen planeado. «Queremos hacer un viaje a India», contestan casi a la vez, y Ana añade: «Y seguir creciendo a nivel personal. Es la mejor manera de poder mejorar en el resto de facetas de tu vida».

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