En familia con Ismael Teira e Iris Bonora

Ismael Teira e Iris Bonora, en su estudio de Na Jordana./Irene Marsilla
Ismael Teira e Iris Bonora, en su estudio de Na Jordana. / Irene Marsilla

Ismael llegó a Valencia con una beca de estudios, en las aulas conoció a Iris y ahí se inició una nueva vida para los dos. Decidieron transmitir su vocación artística al público infantil, pero sin renunciar a sus creaciones personales

ELENA MELÉNDEZValencia

En 2011 Ismael Teira llegó de Galicia a Valencia con una beca de estudios para cursar un máster en producción artística en la Facultad de Bellas Artes. No hacía mucho había terminado la carrera de Historia del Arte y quería completar su formación antes de ponerse con el doctorado. En una de las clases, una materia a la que acudía junto a un grupo reducido con un profesor cercano y vital, conoció a Iris. «En ese momento se inicia toda mi historia valenciana. Empezamos a salir tras un viaje a ARCO que hicimos con los compañeros de clase», recuerda Ismael. En su entorno no había antecedentes artísticos, aunque su padre siempre tuvo la inquietud de pintar, y pasados los sesenta años empezó a hacerlo por afición. Iris Bonora, por su parte, nació y se crió en Manises. Algunos familiares se habían dedicado a la cerámica antes de que ella naciera, siendo ésta su única conexión con la creatividad. «Me llevaron a una academia de pintura desde pequeñita. Al terminar el colegio me metí en Bellas Artes y mi hermano está estudiando Arte Dramático. Mi padre es contable y mi madre administrativa, les hemos salido los hijos artistas pese a que los dos son de números», explica.

Cuando ambos terminaron el máster, la crisis arreciaba, y más todavía para la gente que se dedicaba al mundo del arte. En vista de la complicada coyuntura decidieron que, ya que no había trabajo, podían inventárselo ellos. «Abrimos nuestra propia escuela de pintura, empezamos poco a poco. Se trata de una labor muy gratificante y la relación con los alumnos es tan cercana que hace unos meses algunos de ellos vinieron a nuestra boda en representación del resto», relata Iris.

La pareja no ha abandonado la creación artística personal.
La pareja no ha abandonado la creación artística personal. / Irene Marsilla

Ismael destaca la primera cosa que le quedó clara trabajando con el público infantil: que quien piense que los niños son tontos no sabe de lo que habla. «Se ha demostrado que la plástica y la creación artística en ellos hace que aumente su capacidad de pensamiento y su cultura visual». Pese a dedicarse a la docencia, ninguno de los dos ha abandonado la creación artística personal. En el caso de Ismael en formato pintura y fotografía, centrando gran parte de su trabajo en el paisaje y el fenómeno de caminar y sus diferentes enfoques trasversales. «El nexo entre los gallegos y el entorno natural es muy estrecho. El paisaje de la Comunitat Valenciana me influyó por contraste, es justamente lo contrario a mi tierra. El antiguo cauce del río Turia es un fenómeno que ha inspirado algunos de mis trabajos». Iris se dedica a la pintura pero desde una vertiente más visceral, ya que trabaja con el recuerdo y los retratos en formatos muy grandes. «Es algo que necesito, si no puedo hacerlo noto que me falta algo».

Arte escolar

Ismael reclama una mayor atención por parte de los colegios hacia las materias relacionadas con el arte. «El impulso primario de un niño es dibujar. Cuando crece sigue fomentando la escritura aunque no vaya a dedicarse a escribir de mayor, y continúa fomentando otras disciplinas, pero de repente lo plástico se corta de manera radical. A un niño no puedes pedirle que te haga una redacción de diez páginas o un discurso. En cambio, a través de la pintura sí que va a poder expresarse».

Recuerdan con especial cariño su luna de miel en Japón. Como en cada viaje que realizan no dejaron pasar la oportunidad de visitar todos los museos de arte contemporáneo que pudieron. Allí se sorprendieron de la manera muy diferente que tienen de concebir el arte. «Son tan respetuosos y tienen tanto sentimiento de colectividad que la intimidad la reducen al ámbito de lo doméstico. Como son tan numerosos, en los museos hacen fila y van parándose delante de cada cuadro sin adelantarse», detallan. Pese a que compartir vida y profesión no es sencillo, Ismael e Iris han dado con el equilibrio que les lleva a compensar las dos facetas. «Digamos que en común tenemos pocas cosas pero nos complementamos, lo que me falta a mí lo tiene él y lo que le falta a él lo tengo yo», concluye Iris.

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