En familia con Gema Payá y Mari Carmen Baldó

Mari Carmen y Gema, una madre y una hija a quienes la distancia no ha hecho más que unirlas./Irene Marsilla
Mari Carmen y Gema, una madre y una hija a quienes la distancia no ha hecho más que unirlas. / Irene Marsilla

Desde que su padre la llevó a una prueba de campo a través, Gema no ha dejado de hacer deporte. Sus seguidores en redes sociales se cuentan a miles, pero ninguno es tan fiel como su madre

ELENA MELÉNDEZValencia

Gema Payá acababa de cumplir los cuatro años cuando, un sábado, pidió a su padre que le llevara a un entrenamiento de carrera campo a través. Su hermano mayor ya corría y ella estaba impaciente por empezar. Ese sólo fue el principio de un idilio con el deporte que le ha acompañado toda su vida copando tanto la faceta personal como la profesional. Su madre, Mari Carmen, habla de la Gema niña: «Hacía siete cosas a la vez. Frontenis, baloncesto, patinaje artístico, atletismo, ping pong… La suerte es que, como en esa etapa yo no trabajaba fuera de casa, tenía disponibilidad para llevarla a todas las actividades». A día de hoy Gema es la persona que está tras la cuenta de Instagram y el blog Misslegginsrun, en el que comparte su día a día como runner, comunicadora y amante de la moda, y que cuenta con 25.000 seguidores. Lo inició hace cuatro años cuando acababa de quedarse en paro.

Tras terminar la carrera de Comunicación Audiovisual en Gandia y cursar un máster de Periodismo en Barcelona llegó a Valencia para trabajar en un medio de comunicación asiático escribiendo sobre economía. Hacía ya siete años que había dejado su hogar familiar en Alcoy, una distancia que reforzó el vínculo madre-hija. «Desde que me fui a estudiar la llamo mucho para contarle mis cosas importantes. Nunca he sido muy cariñosa en cuanto a afecto físico y mis padres tampoco, somos bastante ‘desapegats’. En cambio, siempre estamos cerca unos de otros cuando es necesario», subraya Gema.

Gema es consciente de la responsabilidad que supone servir de ejemplo para miles de personas.
Gema es consciente de la responsabilidad que supone servir de ejemplo para miles de personas. / Irene Marsilla

Mari Carmen, su compañera en la distancia, recuerda el año en que Gema trabajaba en el aeropuerto de El Prat mientras estudiaba el máster. Para entrar a la hora debía levantarse a las cuatro de la mañana, coger un autobús y luego un tren. «Me desperté cada día a las cuatro. Seguía mentalmente la ruta que hacía hasta llegar al trabajo. No necesitaba que me pusiera el despertador», explica, y confiesa ser la fan más fiel pero a la vez más exigente de los perfiles en redes sociales de su hija. «Si a veces veo algún comentario que no me cuadra o un texto que no acabo de entender se lo digo, estoy muy atenta. Normalmente son todo críticas positivas, por eso me extraña cuando veo algo que se sale de tono. Tengo a sus seguidores controlados», revela con una amplia sonrisa.

Mari Carmen dejó de trabajar cuando nacieron sus hijos para dedicarse de lleno a la crianza pero hace nueve años, por una casualidad, le ofrecieron trabajo en una zapatería a media jornada, cristalizando así la pasión que cultivó desde niña. «Siempre he sido una enamorada de los zapatos. A los tres años llegaba a casa y me ponía unos tacones de mi madre y un bolso. Cuando estoy vendiendo procuro no mirarlos para no encariñarme», precisa. Además, aprovecha cualquier rato libre para seguir la actividad de su hija en redes.

La mujer de las dos caras

Para Mari Carmen, la Gema de todos los días es su #niña de siempre, una mujer inquieta, reservada, responsable, perfeccionista y dotada de una determinación inquebrantable. En cambio, la faceta #de su hija que ve en las redes sociales le sorprende muchas veces mostrando una cara mucho más abierta #y directa. «Aunque tenemos contacto casi diario, #a veces me entero de que ha tenido una lesión #o de detalles importante de su vida por su facebook».

Gema es consciente de la responsabilidad que supone servir de ejemplo para miles de personas que siguen al detalle sus consejos y su día a día, buscando la naturalidad y cercanía que transmite. Su ‘target’ está formado por corredores populares, gente que empieza a correr y amantes de la vida sana y del deporte en general. Cuando le pregunto por la clave de su éxito, ella habla de la importancia de ser una misma. «Estás vendiendo algo a la gente y llega un momento en que te vas a topar con ellos. Si tienes una cara en las redes que no es la tuya no va a funcionar». Con el tiempo ha conseguido consolidar su labor a fuerza de constancia y la compagina con el trabajo en una agencia de comunicación especializada en firmas deportivas. Cuenta su secreto. «Creo que lo que uno hace hay que vivirlo con pasión. El día en que deje de disfrutar al hacer esto lo abandonaré. Se trata de un trabajo que hay que mimar», sentencia.

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