En familia con Fernando Iturraspe y Odile Garland

En familia con Fernando Iturraspe y Odile Garland
Damián Torres

Ella, francesa criada en los Alpes, le sorprendió con una divertida ensalada de caquis, fruta que confundió con tomates. Él, exfutbolista, siempre le regalaba manzanas. Son los ingredientes de una pareja ideal, unida por la cocina

ELENA MELÉNDEZValencia

La historia en común de Fernando y Odile empezó hace varias décadas en la zona de Cánovas, en los años en que allí se congregaba la juventud de la época. Ella, nacida en Argel cuando ésta era un colonia francesa y criada en los Alpes, aterrizó en Valencia para estudiar castellano en la universidad. Fernando, por su parte, llegaba entonces de pasar una temporada en Ibiza. Allí se había marchado tras concluir el servicio militar y con muchas ganas de ligar. Hijo del futbolista vasco Carlos Iturraspe, que militó en las filas del Valencia CF, pasó las pruebas en la isla y se integró en la plantilla del Ibiza, que en esos años jugaba en Segunda División. «Como nos íbamos mucho de juerga, al final nos dieron la baja a mí y a otros dos -recuerda-. Empecé a trabajar de camarero en uno de los sitios de moda, que se llamaba Clive. Venían clientes como Úrsula Andress o Jean Paul Belmondo. A mí me decían que era ‘hippy pijo’».

Ya con Odile de pareja, vivieron un par de años más en Ibiza y unos meses en Formentera, donde dormían en la playa, en una tienda de campaña. De vuelta a Valencia se montaron un negocio de confección con prendas que se vendían solas. «Teníamos tan buena pinta y éramos tan modernos que al llegar a las tiendas, nada más traspasar la puerta, nos pedían toda la colección», aseguran. Pero Odile tenía una pasión desde niña, la gastronomía. Su madre era una excelente cocinera, al igual que su suegra. Y en cuanto su cuñada Yolanda abrió a mediados de los ochenta el mítico restaurante ‘La Pechina’, ella empezó a ayudarla en los fogones. Un trabajo que alternó con la maternidad tras el nacimiento de sus dos hijos. «Soy completamente autodidacta. Cuando las otras madres se ponían a explicar sus recetas y nadie hacía caso, yo cogía una libreta y me lo anotaba todo con detalle. Me gusta la cocina casera, la que te recuerda a los platos de la infancia», precisa. El sueño se cumplió y con el tiempo se montaron una brasserie, que a su vez dio paso a un restaurante en el barrio del Carmen, local que una década después han trasladado hasta la zona de Aragón.

Entre ambos existe sintonía y una complicidad evidente. Me intereso por el secreto para mantenerse unidos durante tantos años y los dos hablan del sentido del humor y los intereses comunes. «Nos parecemos mucho. Nos gusta cenar, salir por ahí juntos, ir al cine... Nuestra existencia es placentera. Hemos tenido una vida normal y agradable basada en el amor a las cosas pequeñas del día a día», explica Odile.

El primer recuerdo que Fernando tiene de su pareja se remonta al día en que ella le invitó a cenar en la casa que compartía con una amiga y preparó una ensalada. Al probarla, le dijo: «¿Estás segura de que son tomates?». Odile se quedó mirando el plato con gesto de duda y le respondió: «Yo pensaba que había comprado unos tomates muy ‘grasiosos’». Hoy Fernando completa sonriente la anécdota: «Nos comimos la ensalada, que estaba muy buena, pero era de caquis. A partir de ese momento mis amigos empezaron a llamarla ‘tomates grasiosos’». Odile, por su parte, recuerda la primera vez que vio a Fernando. Lo encontró muy guapo y pensó que sería el típico creído. «Pero luego, al hablar con él, me pareció la persona más simpática del mundo. Además, siempre que me veía traía unas manzanas muy gordas que me encantaban».

Estar todo el día cocinando para otros hace que, al llegar a casa, disfruten de comidas tan básicas como las lentejas con costillas, el arroz caldoso o un hervido. Para Fernando, su plato fetiche son las chuletitas rebozadas que empezó a comer en ‘Gure Etxea’. En cambio Odile prefiere la variedad y, si se tiene que quedar con un ingrediente, se decanta por las especies: «Mi favorita es la salvia. Como buena francesa, también me gusta la pimienta en todas sus variedades, el cardamomo y el curry».

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