En familia con Clara y Rodolfo Castro

Clara y Rodolfo, junto a uno de los puestos de flores de la plaza del Ayuntamiento./Damián Torres
Clara y Rodolfo, junto a uno de los puestos de flores de la plaza del Ayuntamiento. / Damián Torres

Una rueda de prensa y una chica con chubasquero amarillo, un viaje a la nieve sin perder de vista el noticiario, la responsabilidad de ser madre, periodismo, cine y un saquito de canela. Padre e hija viajan a través de los recuerdos

ELENA MELÉNDEZValencia

Rodolfo y su hija Clara Castro comparten profesión y una curiosidad natural por el mundo que les rodea que los convierte en comunicadores de excepción. Rodolfo dejó Cádiz para estudiar Periodismo en Madrid. Al terminar le surgió la oportunidad de cubrir una plaza en la delegación de la agencia EFE en Valencia y se instaló en la ciudad para cinco años. Durante ese tiempo conoció a la que hoy es su mujer y madre de sus tres hijos. Recuerda aquel momento. «Yo tenía un amigo que me había hablado de una chica que había estudiado Periodismo con él, que se llamaba María y era preciosa. Una tarde vi en una rueda de prensa a una chica que llevaba un chubasquero amarillo y pensé: ‘Es ella’. Lo era», recuerda. Al poco tiempo María empezó a trabajar también en el mismo medio y se hicieron novios. De aquí les trasladaron a Murcia, luego a Sevilla, después a Madrid y de nuevo a Valencia, donde Rodolfo empezó a trabajar como profesor en el CEU.

En ese hogar de periodistas creció Clara, quien admite que la experiencia deja huella. Como ejemplo relata la anécdota del primer viaje que hizo a esquiar con el colegio a los doce años. Cuando sus compañeras la avisaron para bajar a cenar, ella las miró extrañada y dijo: «¿No vamos a ver las noticias?». Por aquello de los genes siempre le gustó comunicar y, al terminar el colegio, estudió Comunicación Audiovisual. «Mi padre me aconsejó que nunca fuera periodista porque se trabaja mucho y se cobra poco. Hice mis pinitos en el cine, en producciones, y cuando me planteé ser madre empecé a trabajar en la agencia de comunicación de la que mi padre era socio», detalla. Hace cuatro años la carrera de Clara dio un giro cuando decidió abrir su blog ‘Saquito de Canela’, centrado en el mundo infantil, la maternidad y la belleza. Aunque tiene 40.000 seguidores, reconoce que vivir de un blog en España es complicado. «Soy rigurosa e igual que tengo un respeto hacia la marca lo tengo a mis seguidores. Si escribo sobre productos o experiencias me desborda la cantidad de mensajes que me llegan. Entre madres hay gran demanda de información».

Padre e hija reconocen que es duro trabajar en familia.
Padre e hija reconocen que es duro trabajar en familia. / Damián Torres

Reconocen que trabajar en familia es duro, pues se difuminan las líneas de lo personal y lo profesional. Con los años han aprendido a hacerlo juntos poniendo cada uno de su parte. El primer recuerdo que Rodolfo tiene de su hija se remonta a antes del nacimiento de ésta, en concreto a la noche del 23-F. «Nos acabábamos de enterar de que mi mujer estaba embarazada. Yo en aquel tiempo estaba muy expuesto, recuerdo perfectamente el impacto que me produjo ese momento». Algo parecido le ocurrió a Clara al enterarse de que iba a ser madre. Por primera vez sintió miedo al asimilar la responsabilidad que supone traer al mundo a otra persona. «¿Cuál dirías que es la clave para que te salgan tres hijos normales y trabajadores?», pregunto a Rodolfo. Él lo tiene claro: «Hablar mucho con ellos, contarles siempre la verdad y tener respeto por la persona que hay delante. Para mí es fundamental que los niños tengan todos los días su ración de ‘no’».

Olfato para el nombre

Benito Castro, tío y padrino de Clara y uno de los nombres más relevantes de la ‘blogosfera’ a nivel nacional, fue clave para que ella se interesara por el mundo digital. El nombre de su blog tiene un origen familiar. «Cuando mi abuela dio a luz a mi madre perdió el olfato. Decidió mantener los olores que habían sido característicos para ella. Siguió usando el resto de su vida el mismo perfume y detergente. Y en los armarios ponía saquitos de canela».

En el presente Rodolfo, que está jubilado, acaba de lanzar una guía sobre la comunicación en el mundo del vino en España y Clara reparte su tiempo entre la agencia, el blog y el cuidado de sus dos hijos. «Eso y seguir aprendiendo, yo nunca dejo de formarme, es algo que hemos visto en casa. Mi madre ha sido una luchadora nata, nunca se ha mordido la lengua, nos ha hecho leer e investigar inculcándonos la pasión por saber».

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