¿Quién es Esther Ponce?

¿Quién es Esther Ponce?
Damián Torres

La madre de la bailarina Esther Ponce está encantada de que regrese a casa tras una larga etapa en el extranjero. «Las valencianas de pura cepa son como las gallinas, quieren que los hijos estén siempre a su alrededor», explica la artista, quien dio clases de baile en la calle junto a Diego ‘El Cigala’ y ha compartido escenario con muchos grandes

MARÍA JOSÉ CARCHANOValencia

Ha actuado con grandes artistas españoles como Raphael, Rocío Jurado, Alfredo Kraus o Joaquín Cortés. Esther Ponce viajó además por todo el mundo con su arte flamenco en una carrera que empezó cuando ni siquiera tenía la mayoría de edad. Unas décadas después ha vuelto a su Valencia de origen con la idea de abrir una escuela de flamenco. Pero la vida de esta bailaora no ha sido, ni mucho menos, un camino de rosas; algunos momentos duelen tanto que prefiere callárselos para sí, orgullosa de haber salido adelante.

-¿Se acuerda del día que empezó en el baile?

-Tengo un ligero recuerdo de cuando con cuatro años me metí en clases de gimnasia deportiva. Mis padres, al venir a recogerme, me veían intentando hacer una voltereta hacia atrás sobre una barra de pocos centímetros y pensaron que aquello era muy peligroso para una niña tan pequeña. Así que un día pasamos por delante de la sala de ballet, donde sonaba Chopin y que ahora tanto me gusta, y mi madre me convenció para cambiar la gimnasia por el baile. Pero yo en realidad lo que quería era ser actriz. Llegué a estudiar Arte Dramático en Nueva York, porque creo que en la vida hay que proponerse metas y cumplirlas.

«Necesitaba cambiar mi vida y me fui a EE UU con cien dólares en el bolsillo» ESTHER PONCE, BAILARINA

-Ha viajado por todo el mundo. ¿Dónde se ha sentido más a gusto?

-Unas navidades mi hermano me dijo: «Mira, un viaje a Los Ángeles, piénsatelo». Tardé un año pero me marché, y allí fui muy feliz, acompañada de la Virgen de los Desamparados, esa que te pone tu madre en el aeropuerto, pero es que yo abro el bolso y siempre está ahí, me la colocan mis tías, que quieren que vaya conmigo.

-¿Cree que le ha funcionado?

-Uf, claro que sí. En aquel momento, después de dejar una relación fuerte, importante, necesitaba cambiar mi vida y me fui a Estados Unidos con cien dólares en el bolsillo. Demostré a mi familia y a mí misma que si quieres puedes salir adelante, pero yo creo que he tenido siempre un ángel de la guarda.

-¿Ha pasado momentos muy duros?

-Si yo le contara… Lo que pasa es que mi torito (se refiere a su hijo) es el motor de mi vida, y por él vale la pena todo. He vivido situaciones complicadas, incluso estuve dos años desconectada del mundo, pero soy una luchadora y salgo adelante. Y después lo veo todo color de rosa.

-¿Ha sido su sueño montar esta escuela de baile?

-Primero lo intenté en París y allí me tocó vivir los dos atentados terroristas. Tengo mucha intuición y algo no me cuadraba pero seguí. Estando allí me invitó el embajador a la recepción en el primer viaje que iban a hacer los Reyes a París. Recuerdo que estaba contándole a mi madre por teléfono que me iba a comprar una falda y ella me contestó: «Déjala, los Reyes han cancelado el viaje, un loco ha estrellado un avión en los Alpes». Ahí pensé: «Basta, me voy de aquí». Me fui a Miami pero llegó Trump y tuve miedo por mi hijo, porque pensé que como su padre es norteamericano, quién sabe qué podía pasar. Y volví a Valencia.

UNA ESPINA CLAVADA

Perdida con el amor
«Con el amor tengo muchas espinas clavadas porque yo ahí me pierdo». Esa es la razón por la que Esther Ponce va ahora con mucha cautela en este terreno. «Me divierto lo que quiero y necesidades ninguna». Las cuentas pendientes se han quedado todas en lo sentimental, porque en la danza siente que lo ha conseguido todo. «He sido la niña bonita desde que tenía quince años».

-¿No está con el padre de su hijo?

-En realidad nunca estuve, porque él es diplomático y pasa mucho tiempo en países en conflicto, como Afganistán, el Líbano, Irak... Yo no me veía con un hijo y siempre rodeada de guardaespaldas militares armados hasta arriba. ¡Que yo soy bailarina! Pero nos llevamos muy bien y somos muy amigos.

-¿De qué se siente más orgullosa?

-Quizás de haber podido bailar en el Opera House de Sídney. O de que Diego ‘El Cigala’ me diera unas clases de baile en la calle. De actuar con los grandes. Siempre he sido muy rebelde, desde pequeñita, y una esponja que quería aprenderlo todo. Ah, y también estoy muy orgullosa de empezar esta nueva etapa. Después de tantos años en Estados Unidos, me voy a tener que adaptar a la forma de trabajar española, donde los jueves por la tarde ya están pensando en el fin de semana. Y vivir más tranquila, quizás. Porque yo nunca paro.

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