Las Provincias

«Se han burlado de mí por usar zapatos dorados, pero no me importa lo que piense la gente»

fotogalería

El diseñador, inmerso en su hábitat, rodeado de ropa en la tienda de la avenida Barón de Cárcer. / JESÚS SIGNES

  • El triunfo en Barcelona convierte en uno de los diseñadores del momento al setabense Miquel Suay, que desde niño adora la moda y derrocha personalidad

  • No teme llamar la atención, como demostró con el singular atuendo que su madre, «una loca creativa», le confeccionó para el día de su comunión

Miquel Suay llega corriendo a la entrevista. Parece estresado ya a primera hora de la mañana, cuando las tiendas que tiene en la avenida Barón de Cárcer de Valencia todavía no han abierto sus puertas. Pero es que este diseñador de Xàtiva es mucho más que esos vestidos de novia. En un rincón del local de hombres cuelgan las creaciones que han triunfado en la pasarela 080 de Barcelona hace apenas unas semanas. Colores chillones, telas perforadas, prendas imposibles que no duda un segundo en ponerse, aunque hoy vista de una forma mucho más ‘normal’. Se define como artista, pero también es un empresario.

-Representa usted la segunda generación de una familia dedicada al mundo de la moda. Seguro que sus recuerdos de infancia discurren entre telas, ese mundo que después ha tomado como propio.

-Me he criado en este entorno. El taller, las conversaciones familiares, el ruido de las remalladoras, las máquinas de coser... Son elementos con los que he convivido a la llegada del colegio o los fines de semana. De pequeño, cuando mis padres tenían mucho trabajo o se hacía tarde, he hecho más de una siesta sobre la mesa de corte, entre ropa. Al final interioricé ese sueño, esa lucha colectiva y esa necesidad de realizar cosas bonitas, bien confeccionadas, y de que la gente las use.

-¿Es el ejemplo que ha seguido?

-Mis padres me han inculcado que hay que ser honesto, coherente, comprometerse con lo que uno hace y sobre todo no tener miedo. Es una ventaja tremenda, porque ellos realmente lo lograron. Luego nosotros hemos transformado muchas cosas, ya que el mercado cambia muy deprisa y tienes que ser prácticamente sociólogo para analizar tendencias y actitudes. Y ahí estamos, construyendo el futuro.

-Viene de triunfar en la pasarela 080 de Barcelona, donde consiguió el premio a la mejor colección. ¿Se lo esperaba?

-Cuando haces el trabajo quieres que guste, que marque una diferencia. Me inspiré en la arquitectura de Zaha Hadid, cuya filosofía constructiva da para tanto… Yo me lo paso bomba creando diseños. Es verdad que sufres, porque hay fechas concretas, pero recuerdo que esta vez, cuando empezamos a enseñar la colección, notamos que gustaba. Al acabar el desfile, la ovación fue tremenda.

-¿Imaginaba aquel niño que dormía encima de la mesa de corte que sus diseños desfilarían sobre una pasarela?

-Me acuerdo de acompañar a mi madre, que ha sido siempre el alma creativa de la empresa, a escoger tejidos y estar junto a ella cuando llegaban los comerciales con nuevos materiales. He heredado esa búsqueda permanente de la belleza. Siempre ha innovado y prima el riesgo, apostar, crear algo diferente, por encima del coste. Eso lo hemos continuado haciendo. A veces tengo que decirme a mí mismo que no me he ‘fumao’, que lo que estoy haciendo es fantasear y luego ya lo implementaremos a la realidad. Soñar es gratis, y yo siempre he soñado con desfilar. Con dieciocho años acompañé a mis padres a un pase internacional de ceremonia infantil, que era a lo que se dedicaban ellos, y al vivir aquello lo vi claro.

-¿Fue ese el momento en que sintió que éste era su mundo, que su futuro estaba unido a la moda? ¿Notó el apoyo familiar? Muchas veces no queremos para nuestros hijos lo mismo que hemos elegido nosotros.

-Ellos me dijeron: «Piénsatelo bien, tienes la posibilidad de hacer otras cosas. Esto es muy duro, hay muchas horas». Porque la realidad es que, aunque delegues, todo tiene que pasar por tu filtro y a veces piensas: «Vaya una vida que me he montado». Esto es lo que me gusta pero en ocasiones estás completamente harto.

-¿Tiene días de querer dejarlo todo?

-Hay momentos en que recibes cuatro puñetazos seguidos y te dices a ti mismo: «Con lo comprometido que estoy, con todas las renuncias que hago para poder seguir con mi proyecto creativo, ¿realmente vale la pena?» Pero al ratito se te pasa y te das cuenta de que es cansancio nada más. Estoy ya muy seguro de que necesito vivir en la centrifugadora permanente que es este mundo.

-A las personas inmersas en procesos creativos les cuesta hacer ese clic que permite descansar la mente. ¿Cómo lo logra?

-Es simple. Disfruto con mi familia, en la playa, navegando. No hacemos grandes travesías, pero la sensación de salir por la mañana al mar y gozar de ese silencio sepulcral del amanecer me relaja mucho, me carga las pilas. Además, viajo bastante. Nos tomamos fines de semana y aprovechamos para ir a museos. Hace un mes estuvimos por la Costa Brava y fuimos al museo Dalí, a la Fundación La Caixa, a la Fundación Miró, donde yo ya había ido con mis padres...

-¿Le quedó algo en la memoria? ¿Registra detalles que luego aplica en sus colecciones?

-Yo creo que una de mis aptitudes es una memoria visual tremenda. Así como a veces con los nombres soy un desastre, registro cada imagen.

-Alguien me dijo en una ocasión que una esquina, un tejado, una sombra, le inspiraba. ¿A usted también le pasa?

-Yo estoy en un restaurante con mi mujer y empiezo a tocar una silla, o cualquier cosa, para ver de qué material está hecha. Ella me dice: «Miquel, por favor, que la gente va a pensar que se te va la cabeza». Y yo le respondo que no lo puedo evitar. Es una prioridad para mí y de manera instintiva voy buscando. Con el móvil no paro de hacer fotos, a lo que sea.

-¿Pertenece su mujer a este mundo?

-Ella coordina las tiendas y es un apoyo muy grande. Mi hermana también está en el equipo, en el departamento técnico de desarrollo de producto y patronaje. Yo digo que es mi maga. Trabajamos alma con alma.

-Tiene también sus inconvenientes compartir negocios con la familia, supongo.

-Tiene partes muy fáciles y otras en las que todo salta por los aires. Cuando hay tensión es así, pero a la hora de construir con muy poco nos entendemos. Somos almas gemelas, sobre todo cuando están claros los roles. Nos llevamos de cine, y eso que está harta de mí, que siempre estoy cambiando cosas, que es difícil ir a mi ritmo.

-Y en la comida de Navidad acaban hablando de telas.

- Hace un tiempo pactamos de manera explícita no tocar el tema los fines de semana. El objetivo es obviar el trabajo para descansar.

-¿Le gustaría que todo esto que usted ha creado le sobreviviera?

-Mis hijos son pequeños todavía pero me gustaría que continuaran con el mundo creativo porque a mí me da mucha vida. Que siguieran con la creación de cosas, la búsqueda artística, la creatividad... Me da igual que sea en la moda o en cualquier otra disciplina, porque yo al final intento ser artista. Para mí se trata de canalizar esa sensibilidad que puedo tener mediante la ropa.

-¿Por qué se decantó por la moda masculina? Es mucho más minoritaria sobre la pasarela.

-Recuerdo que siendo más joven iba a Milán, me ponía mi americana blanca y la gente se dirigía a mí como si fuera un local. Entonces pensaba que había acertado. Sin embargo, llegaba aquí y escuchaba: «Mira qué disfraz lleva ese». O te llamaban marica. Desde entonces tengo claro que hay una asignatura pendiente en España con la cultura del vestir masculino, porque seguro que mucha gente ve las cosas como yo.

-Para eso hay que estar muy seguro de uno mismo.

-Es la única forma de construir cosas. Nadie puede crear algo pensando en que no lo va a conseguir, dudando de si saldrá. Hay que estar convencido, y eso que no en todas las colecciones la gente fue tan elogiosa como en este último desfile.

-¿Duelen las críticas?

-Ahora duelen menos.

-¿Ha tenido alguna vez dudas por ese motivo?

-Hice un desfile con zapatos dorados y me pusieron bonico en Valencia, pero años después hemos visto marcas muy prestigiosas haciendo lo mismo que yo entonces. Se me criticó y probablemente la crónica del periodista valenciano aquí habría sido diferente si aquel desfile se hubiera presentado en París. Siempre hay gente que hace propuestas para que todo cambie, que abre caminos. Y siempre habrá quien lo vea como un disfraz.

-¿Usted se ha puesto zapatos dorados? ¿Le ha importado en ese sentido lo que dijeran los demás?

-Por supuesto que me los he puesto, y nunca me ha importado lo que pensara el resto de la gente, a pesar de que incluso se han burlado. Hay quienes intentan agradar, pertenecer a la masa para recibir consideración, y luego están los que tienen personalidad propia.

-¿Era su caso?

-Yo lo he averiguado después, con el paso del tiempo. He comprendido más tarde por qué iba con una camisa de flores un sábado por la noche.

-¿Y cuándo empezó a diferenciarse?

-¿Sabe qué pasa? Que yo me diferencié siempre. Mi madre siempre ha sido una loca creativa. El día de la comunión parecía un príncipe. Llevaba unos pantalones bombachos azul celeste, con calcetines calados, unos zapatos de charol en punta con flecos, una camisa con piqué y una lazada. Todo eso rodeado de marineritos en Xàtiva. Imagínese lo que pasó en esa comunión. Los calificativos fueron innumerables.

-Está claro que tiene mucho de ella.

-He heredado su actitud valiente. Eso no quiere decir que siempre haya que ser el centro de atención, sino incluir pequeños detalles y cambiar poco a poco la indumentaria masculina. El artista es un difusor cultural de estética.

-¿Todavía vende algún traje de novia?

-Hacía mucho tiempo que no estaba atendiendo pero al abrir la tienda en Barcelona, donde voy dos días a la semana, he vuelto a sentarme con los clientes. A veces pienso: «¿También tengo que hacer de psicólogo?» Pero luego me doy cuenta de que todo es aprendizaje. Porque la mayoría de las personas no son modelos, a los que le pones un moco encima y están guapos, sino gente real.

-¿Y aconseja a su mujer con la ropa?

-A veces, y también ella a mí, aunque tengo que decir que tiene un gusto exquisito y es muy autónoma en ese sentido.

-Vive en Valencia pero usted nació y se crió en Xàtiva. ¿Vuelve a menudo? ¿Siente esa pertenencia a un lugar?

-Xàtiva es una ciudad bellísima. Me acuerdo de cada monumento, de cada edificio, de cada calle maravillosa. Hemos tenido a la familia Borgia, gran impulsora del renacimiento europeo, y me siento muy de allí.

-¿Todavía se permite disfrutar de su ciudad?

-Allí está la familia, pero además en la Fira nos reencontramos con los amigos de la infancia, muchos de los cuales, como yo, viven fuera. Reconforta volver.

-Como ha dicho antes, ha abierto tienda en Barcelona. Ha triunfado allí. ¿Se plantea marcharse en algún momento?

-(Medita la respuesta) Valencia es una ciudad genial pero Barcelona me ha acogido de manera tan maravillosa… Valora mucho mi trabajo y desde muy pronto me ha dado buenos horarios en la pasarela. Colaboro con otros artistas y cada vez estoy más atrapado allí. De momento puedo compatibilizar el trabajo en las dos ciudades y es genial.

-¿Le da envidia Barcelona?

-Envidia no, rabia. Me da rabia que en Valencia seamos siempre como el perro del hortelano, porque tenemos cosas muy potentes, infraestructuras buenísimas, y no sé por qué no somos capaces de hacerlo. En Barcelona la gente se mueve y no mira tanto al vecino. Aquí deberíamos tener una visión más internacional y aprovechar nuestro sustrato, que no tiene nada que envidiar a nadie.