Jandro, viaje mágico de la huerta al plató

juan g. r.r.

Al mago de la televisión que ameniza las veladas con sus trucos plagados de ingenio, le encanta en los ratos libres cultvar tomates, pimientos, lechugas o cebollas. De su chistera no sólo brota la magia. También es coordinador de los guiones de 'El Homiguero' y borda el trabajo con niños

RAMÓN PALOMAR

Le resulta difícil abordar un perfil sobre el mago Jandro porque estamos ante un tipo tan poliédrico que no sabe uno por dónde empezar. Pero en fin, quizá lo indicado para demarrar sea confirmar su condición de valenciano (mucha gente lo ignora) y quizá, de entre sus múltiples talentos e industrias, me gusta señalar justo ahora al principio que le place cultivar tomates, pimientos, lechugas y cebollas... Y precisamente Jandro muestra más capas que una cebolla. Esto de cultivar pimientos y observar su crecimiento hasta que se los pueda comer le sosiega el espíritu y, además, creo yo, revela ese pequeño agricultor que, en general, llevamos agazapado en nuestro interior los valencianos. Experimentamos una notable querencia hacia el sector hortofrutícola porque aquí, quien más y quien menos, tiene un familiar dedicado a las labores de la tierra, ya sea por profesión o por devoción. Jandro, me huele, practica esta modalidad de agricultura liviana por mera devoción.

Jandro arrastra bajo su noble calva un formidable sentido del espectáculo basado en el aprendizaje y el entrenamiento. Aprendió los principios rudimentarios de magia y prestidigitación a temprana edad, cuando el mundo estaba liberado de la tiranía de internet, y esto no sólo le curtió, sino que le espabiló y le obligó a cavilar para inventar sus propios números, sus propios trucos. Le encanta actuar en directo porque así puede relacionarse con el público en la distancia corta y porque sabe que cada representación supone un desafío. Sin embargo, la consagración le traspasó hace ya años gracias al programa ‘El hormiguero’, donde triunfa otro valenciano, Pablo Motos. Jandro es el coordinador de guiones, o sea un currazo del siete pues velar por el ritmo y las palabras de un programa que proyecta un ritmo tan endiablado no es tarea fácil.

Tiene su lado friki: compró un piano de pies y trajo una sauna criogénica a Valencia

Tiene este mago que todavía no ha cumplido los cuarenta las ideas muy claras acerca del medio y el lenguaje televisivo. Para él no existe la telebasura y un programa no debe enseñar, sino entretener, y cada uno entretiene como sabe o puede. Estoy de acuerdo. Damos demasiada importancia a la televisión, y la televisión no es sino el actual circo que escupe colorines y que, encima, ofrece la enorme ventaja del mando a distancia. El poder es nuestro, si algo nos atufa, pues nos largamos y ya está. En este sentido, en los últimos tiempos ‘El hormiguero’ ha recibido un par de linchamientos tuiteros que no termino de comprender. ‘El hormiguero’ no es un programa de crítica cinematográfica, aunque lleve a estrellas de Hollywood. Tampoco enfoca sus energías hacia la sátira política o el análisis de la actualidad. Se limita al entretenimiento para la gente joven y destaca por un humor blanco que jamás pretende ofender. Bueno, pues aun así, algunos se ofenden y montan el lío. No lo entiendo, pero allá cada cual.

De Jandro destacamos también su ingenio a la hora de tratar con niños. Ufff. Qué mano tiene el tipo para fabular y urdir movidas con la gente menuda. En esos terrenos conviene atesorar un don para camelarse a los pequeños, y Jandro lo tiene porque no les trata como a bobos, sino como a iguales. Esa es la gran diferencia y de ahí que se gane su confianza y les exprima para unos divertidos bromazos de cámara oculta que son la repera. Tiene al menos dos libros, su ‘Guía para calvos’ y ‘La oreja verde’. En el primero, y en clave de humor, claro, desgrana las tonterías que realizan los hombres para intentar mantener la cabellera. Él ejerce de calvo porque no tiene más remedio y considera una bendición haber alcanzando la alopecia bien joven, pues así no sucumbió a los traumas y lo asimiló rápido. Rápido y porque tiene personalidad. En el segundo libro se decanta hacia el cerebro y sus posibilidades. Crecimiento personal y esas cosas. Jandro, de hecho, cuando su apretada agenda no lo impide, gusta de ofrecer charlas al respecto.

Naturalmente, entre sus virtudes no podía faltar un cierto frikismo existencial. Por ejemplo, compró un piano para pies y quizá sea el único pianista del mundo que emplea los pinreles en vez de las manos. Sus largas horas le costó dominar este arte de podología melódica... También probó suerte como empresario trayendo a Valencia una sauna criogénica que entona el cuerpo de una manera bárbara, aunque ignoro cómo finalizó esta aventura y me quedo con las ganas de probar esa sauna. Odia a Harry Potter porque considera que, como mago, es una auténtica patata que basa su poder en la tópica varita mágica, que es lo fácil. Adora el cine y la lectura. De hecho, es de los que recomiendan leer a la gente como método para aprender, desasnarse y fertilizar la curiosidad. Le sigue encantando Valencia, considera que Madrid es para trabajar y Valencia para vivir. En realidad hay muchos Jandros en su cuerpo de Jandro y seguro que se me escapan muchos, con lo cual, de nuevo, me resulta difícil acabar esta página porque no sé cómo rematarla... Bueno, probemos con este detalle: se llama Alejandro López García, pero todos le conocen como Jandro. Y cultiva pimientos, lo cual se me antoja un detalle sublime.

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