Las Provincias

Josita Boluda, la vocación que surgió entre falleras

  • La explosión colorista de los pasacalles encendió la chispa y así fue como esta valenciana de exquisita estirpe agarró los pinceles para llevar el folclore al lienzo. Vivió un año en Nueva York, ciudad a la que todavía la trasladan sus sueños surcando ese mar que tanto adora, como todo Boluda que se precie

Josita Boluda Fos. Los Boluda. Máxima pomada y formidable ringorrango. Alta sociedad valenciana. Baile de millones. Poderío a tutiplén. En esta nuestra ciudad algunos apellidos pesan. Cuando pensamos en grandes estirpes valencianas asociadas a fortunones nos salen los Roig, los Lladró y los Boluda. Si seguimos hurgando en nuestra memoria irrumpen otra vez los Roig, los Lladró y los Boluda. No importa el rato empleado en las cavilaciones, siempre aparecen los mismos. Josita Boluda, cabellera negra, tez morena y ojos almendrados de sultana o de princesa de la morería. En su familia son armadores y con la flota de remolcadores bajo su bandera bien podríamos repetir el desembarco del día D. A todos los Boluda, es inevitable, les envuelve un halo como de remolcador capaz de arrastrar un portaaviones. Los Boluda y el mar y los galpones portuarios y la estiba y la desestiba y las chimeneas humeantes de aquellos paquebotes de antaño que ya trajinaba algún remolcador de la familia. Onassis era armador y su amigo/enemigo del alma Niarchos también. Los ricos con verdadera pinta de rico basan su capital sobre el agua. Hay algo místico y mágico en todo esto, en cualquier caso algo literario y peliculero. Vicente Boluda, su hermano, maneja el timón de la empresa, Josita tiene sus acciones y la cuarta generación ya anda incorporándose al negocio. Si los Boluda fuesen catalanes, por ejemplo, babearíamos destacando la ejemplaridad de la empresa y lo potente, lo oceánico de su tinglado. Como son de aquí los celos abundan. Algunos paisanos sienten rabia profunda ante las empresas valencianas que triunfan. Qué le vamos a hacer.

Josita Boluda inaugura exposición el martes en ‘El rincón de la cerveza’, un local situado en las entrañas del Mercado de Colón, y el dinero de las ventas se destinará a Casa Caridad. Su vocación pictórica es tardía y la historia de esta pulsión destila chicha y miga. En 2010 la nombraron fallera mayor de Conde Salvatierra. En consecuencia, tuvo que currarse el asfalto con los pasacalles; el fallerismo ya sabemos que es callejero. Al ocupar la última posición se acostumbró a observar a las compañeras falleras desde atrás. Flipaba con la explosión de colorido, con esa apoteosis que le traspasaba el cerebro. Terminaron aquellas Fallas y, mientras disfrutaba de la calma que sigue a la tempestad, una tarde, zas, el arrebato, la ilumación, la chispa... Agarró los pinceles y se puso a pintar falleras, pero siempre desde aquella óptica trasera. A mí esto de pintar la parte posterior del personal se me antoja una frikada muy original. Pero no sólo de falleras se nutre la obra de Josita. Su cosmovisión se encuadra en el folclore y en sus obras abundan los toreros (desde atrás, no lo olviden), las sevillanas y la Virgen de los Desamparados. Y por supuesto el color. Qué no falte el color.

Pero Josita padece un grave handicap que le impedirá triunfar en el mundo del arte. Me explico: no cultiva la bohemia, ni pimpla absenta, ni fuma opio, ni lleva mala vida de artista maldito. Además, detalle que nunca le perdonarán, a Josita se le supone pasta gansa, con lo cual jamás le reconocerán los méritos o los deméritos, simplemente la ignorarán. Si fuese una muerta de hambre, si forjase una performance enseñando las tetas, si regresase a su casa de madrugada tras sostener charlas con las farolas, le prestarían atención. Como es una Boluda del clan de los armadores, para muchos esto la invalida a perpetuidad, aunque tampoco creo que esto le preocupe, la verdad.

Su infancia pasa por aquellos veraneos con toda la familia en el casoplón de Navajas. La gente bien de Valencia huía del calor y se largaba al fresquito de Navajas. Navajas era nuestro Biarritz o nuestra Segovia. El nivelazo de hace un siglo se aposentaba en Navajas. Sin embargo, ella prefiere el mar y mantiene una relación sentimental con el líquido elemento pues no sólo viven gracias al mar, sino que le gusta navegar con su marido y sus hijas hacia las Columbretes y tal y tal. Veranea, en consecuencia, en Benicàssim, en ese reducto exclusivo de Playetes, sí, donde Aznar, y es que ya les he explicado que hoy andamos metidos en máxima pomada con Josita Boluda. Imborrable la imagen de su madre en la suntuosa boda de la hija de Aznar. Boluda madre salía de una operación y portaba una muleta a juego con el vestido. Una muleta tuneada de violeta o algo así que causó sensación. El gen original intuyo que Josita lo ha sacado de su madre.

Josita está licenciada en Derecho y vivió un año en Nueva York encantada de la vida. Recuerda sus primeros viajes a Yanquilandia con sus padres. Todo le asombraba en aquel mundo y le gusta imaginarse de pintora en Nueva York. Es autodidacta aunque desde pequeña le gustó pintar. Creció en un ambiente decorado por buenas pinturas y eso le forjó desde pequeña el paladar. Sobre el noviazgo entre su hermano Vicente y Esther Pastor prefiere no opinar. ¿Hubo tsunami familiar? Ni idea, pero no creo, son gente educada. Josita vive y deja vivir, respeta al prójimo y no husmea en la intimidad ajena. Josita Boluda, sus cuadros de toreros culones me gustan porque son de un frikilondio suculento. Y durante estas Fallas acudirá al coso, que para eso tiene un abono.