Las Provincias

El triunfador y su larga penitencia

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Chimo Bayo posa tras la presentación de su libro. / IRENE MARSILLA

  • Dio un pelotazo inmortal con la ruta del bakalao, llenó estadios en Japón, vendió millones de discos y el éxito se convirtió en una losa para él. Envidiado hasta el odio por los otros pinchadiscos, sometido al repudio de la tribu rockera, soportó un chaparrón que por fin comienza a remitir

La sentencia de «el que resiste gana» se le atribuye a Cela. Sea o no original de don Camilo la frase, con ese tufo a balazo de un Colt del 45, se ajusta a la realidad. Chimo Bayo, con altibajos, con luces y sombras, lleva resistiendo más de 25 años y ahora asistimos a una resurrección total de su milagrosa vida porque publica junto a la periodista Emma Zafón una novela titulada, ah qué bueno, ‘No iba a salir y me lie’. Con un título así ya se han metido en el bolsillo a buena parte del personal golferas de finales de los ochenta y principios de los noventa. La de veces que no íbamos salir y retornamos a casa a las tantas tras amenas conversaciones a lo Dámaso Alonso con las farolas... Y a veces sospecho que Chimo salió un día de su casa para pinchar música en una discoteca y tanto se lio que todavía no ha regresado al hogar.

Pero este libro que recrea aquel espíritu de la ruta del bakalao con unos personajes atrabiliarios que acusan el paso del tiempo y se reencuentran en un funeral no es sino la bandera que nos indica la definitiva consagración de Chimo Bayo. Todo lo que sube, baja, como bien saben/sabemos los que vivimos aquellos años broncos, disparatados, surrealistas, delirantes, divertidos, electrificados, atronadores, y nuestro paisano consiguió un pelotazo inmortal gracias a su «Extasi-Extano-Exta-me-la-como-yo». Chimo subió una barbaridad. No conozco a muchos valencianos que hayan llenado estadios en Japón. De hecho no conozco a ninguno salvo a Chimo Bayo. Los nipones se rindieron ante sus fogonazos. Vendió millones de discos en todo el mundo y su «uh-ah» adquirió categoría de santo y seña, de himno.

Naturalmente, semejante éxito jamás se lo perdonamos. Chimo no bajó, lo bajamos entre todos corroídos por la envidia. Buena parte de los pinchadiscos le odiaron porque no podían soportar su fama, y la tribu rockera le consideró un hereje, pues los machacones y frenéticos ritmos tecno desafiaban lo establecido. Imagino que Chimo Bayo soportó el chaparrón como buenamente pudo y siguió su camino con desigual suerte. Sin embargo, por fin, justo estos días, logra el respeto porque las nuevas generaciones no le han olvidado, y ahí reside la clave. Primero se convirtió en una figura de los padres, pero luego sus hijos recogieron la antorcha y Chimo Bayo arrasa entre la mocedad porque entienden su lado basado en el instinto. ¿Es músico, cantante, pinchadiscos, showman, escritor, fabulador, testigo o protagonista de nuestra intrahistoria? ¿Es un pájaro o es un avión? Pues es un poco de todo y tampoco conviene elucubrar demasiado. Chimo es un personaje fundamental en nuestra rutina y Javier Bardem, Penélope Cruz y Jordi Mollá bailaron sus truenos en el ‘Jamón jamón’ de Bigas Luna. Otro puntazo para Chimo.

La ruta del bakalao supuso colocar a Valencia en el mapa, desde luego. Acudían autobuses desde Madrid, Barcelona, Albacete, Sevilla, y un caudal de mozos y mozas se instalaba en nuestra ciudad el fin de semana para recorrer las discotecas en curiosa peregrinación que a veces destilaba perfume a impía y laica romería. Como suele suceder siempre que algo funciona en Valencia, los medios se cebaron propagando leyendas negras de drogas abundantes. Claro que había paraísos artificiales, como por cierto en todos los garitos de España, ni más ni menos, pero vapulear a Valencia no sólo no encontraba respuesta por parte de los valencianos, sino que encima una importante porción de ellos ayudaron en la masacre. Nosotros contribuímos al exterminio de aquel fenómeno de una manera cruel, implacable. Faltaron cabezas preparadas para gestionar aquel aluvión. Faltó altura de miras. Sobró chulería y prepotencia. ¿Qué es Ibiza en la actualidad? Pues una ruta de bakalao para ricos. En la isla del pecado sí han sabido recoger lo que sembramos aquí desde la genuina espontaneidad mediterránea. Y Chimo Bayo, a su manera, es eso, puro barroquismo valenciano con aroma a salitre sincopado de caja de ritmos.