Las Provincias

Una 'it girl' en la corte

Andrea, en un desfile de la diseñadora Isabel Núñez en Madrid.
Andrea, en un desfile de la diseñadora Isabel Núñez en Madrid. / ELENA BAU
  • Genéticamente elegante, Andrea Pascual ha hecho de la discreción su filosofía de vida hasta que la relación con su hoy marido Beltrán Gómez Acebo la arrojo al valle de la chismografía. El dominio de la moda la ha convertido en 'influencer'

La gente bien, la gente realmente bien de toda la vida, ese combo que forma parte del círculo patricio de nuestra divina pomada, sabe levantar de manera instintiva y nada estridente un muro blindado e invisible a su alrededor, porque el rasgo fundamental de la gente realmente bien, por si no lo sospechaban, que yo creo que sí, es su discreción. Funcionan discretos y aterciopelados porque sólo desde el anonimato se consigue la verdadera elegancia que te traslada hacia las esferas alejadas de la caspa y los ámbitos de los nuevos ricos. Por eso cuando me llegó la hora de investigar un poco la vida y milagros de Andrea Pascual, matrimoniada recientemente con un Borbón que, a su vez, antaño esposó con una modelo juncal, choqué contra esa pared. «Mmm... No sé, no te puedo contar gran cosa...», me repetían mis fuentes habituales cuando mendigaba hebras de información para rascar algo donde poder agarrarme. Aun así, algo he averiguado y, desde luego, uno valora el personal discreto en este valle de chismografía rotunda.

Andrea Pascual es hija del que fue notario de referencia en nuestra ciudad y más allá, Carlos Pascual, y una mujer, Mariel Vicens, historiadora, extremadamente culta, de la que me hablan maravillas pero que no tengo la suerte de conocer. Con el padre, don Carlos, sí he coincidido aquí y allí y me parece uno de los tipos más educados de Valencia. Le suelo soltar una frase y luego nos reímos con la ocurrencia: «Carlos, cuando te vistes de sport vas mucho más elegante que yo cuando intento arreglarme así como para una boda». Vista como vista, este hombre que igual ha pactado con el tiempo en plan retrato de Dorian Gray luce una facha impecable. A cualquier hora y en cualquier situación.

Imagino que algo de esa clase, de ese estilo, ha heredado Andrea, pues me soplan que ya de jovencita se veía que los genes (naturalmente también de la madre) depuraban su físico. No es muy alta, pero se la considera una verdadera preciosidad y así lo corroboran las fotografías. Digamos que lo suyo corresponde a la categoría de eso que se denomina un poco maripili como ‘belleza serena’. Habla inglés fluido, pues estudió en un colegio bilingüe, y luego marchó a Madrid para ampliar sus horizontes. Ya estamos con lo de siempre, con el eterno éxodo de nuestras mejores piezas hacia la capital. Cineastas, actores, aspirantes a presentadores de tele y también una parte de esa mocedad refulgente que percibe que en Madrid es donde se cuecen las habas.

Laboralmente se inició con Fiona Ferrer en una agencia, creo, pero no estoy seguro, de comunicación relacionada con la moda. Fiona y Andrea trabaron sólida amistad, Fiona se casó con otro pez gordo, Jaime Polanco (luego se separaron, me cuentan), y fue precisamente durante aquellos risueños esponsales tinerfeños cuando Andrea conoció al que hoy es su marido, Beltrán Gómez Acebo, primo de Don Felipe. No me lo puedo creer... Al final va y es verdad lo que reza el tópico tontorrón de ‘una boda lleva a otra boda’. Esperemos, en fin, que la norma no extienda hacia el reverso y lo de que una separación no arrastre otra ruptura, que las sentencias de sabiduría popular las carga el diablo...

Andrea y Beltrán se ennoviaron y mantuvieron su historia de amor, como comentábamos más arriba, en la estricta intimidad. Perfecto. Esto les honra ahora que la gente gusta de ventilar sus amores, sus desamores, sus zafarranchos y sus jolgorios desde las redes empleando contundencia impúdica. La gente realmente bien no publicita su existencia privada en las redes, faltaría más, pero utiliza las tecnologías para su trabajo, y así Andrea usa las redes, Instagram, y se ha convertido en eso que se llama ‘influencer’ con ribetes de ‘it girl’.

Sin embargo, la quietud de la pareja se quebró cuando anunciaron su boda. El morbo estalló y los rumores de las comadres se dispararon de una manera repugnante. ¿Estaba Andrea embarazada y de ahí la súbita boda? El runrún de las especulaciones fertilizó el lado cotilla de los mezquinos habituales. Ni sé ni me importa si Andrea estaba o no embarazada. ¿Y qué? Por supuesto me entristece que en pleno siglo XXI todavía algunos paladares pacatos finjan escandalera con esto temas que sólo atañen a la pareja. Pero claro, casarse con alguien emparentado con nuestros monarcas levanta suspicacias y provoca envidias, celos sarracenos, de ahí que algunos y algunas derramen ponzoña de baba de dragón de Comodo.

Lo que ignoran en Madrid es que el suertudo es él, porque intuyo que Andrea supone el premio gordo para cualquiera. En este sentido, les chivo también, si mis escasas fuentes no me han fallado, que el matrimonio mora en un piso de Andrea enclavado, cómo no, en el barrio de Salamanca. O sea que no llegó descalza nuestra paisana. Andrea sigue en el campo de la comunicación y la moda pero ahora ya no va de la mano de Fiona Ferrer y vuela sola. Y aseguran que es muy buena en lo suyo. Andrea Pascual, ya tenemos una valenciana en el epicentro de la pomada y en la mismísima corte del reino. ¿Quién da más?