¿Quién es Cecília Gelpi?

Cecília Gelpi, en la sala de meditación de la asociación./Damián Torres
Cecília Gelpi, en la sala de meditación de la asociación. / Damián Torres

La Presidenta de la Asociación Española de Mindfulness se beneficia del yoga y de la «paz interior» que le da la psicología, profesión por la que se decantó para ayudar a la gente

MARÍA JOSÉ CARCHANOValencia

Detrás del mamotreto inacabado del nuevo Mestalla y los altos e impersonales edificios de oficinas, allá donde Benicalap todavía conserva su definición de barrio, tiene la Asociación Española de Mindfulness su sede. Cecília Gelpi abre la puerta con una gran sonrisa; «estamos solas», dice, porque a las ocho y media de la mañana ni siquiera los niños han llegado a la escuela. Pero la presidenta de esta entidad, que nació en Valencia porque su gran impulsor, Vicente Simón, es de la tierra, lleva horas levantada. Tiene esta mujer, que ocupa el cargo desde hace sólo unos meses, la mirada transparente de quien transmite tanto que en cualquier momento se le van a leer sus pensamientos y emociones, marcados por una serenidad envidiable.

-¿Cómo me convencería para que hiciera meditación?

-Primero le preguntaría sobre cuál es su razón para hacerlo, por qué siente que tiene que pararse, ser consciente, ya que eso es en realidad el mindfulness.

-Se levanta de madrugada. Si tengo que persuadir a alguien para que haga meditación a esas horas igual es más difícil.

-Absolutamente. Yo soy extremadamente diurna y a mí me va fantástico levantarme por la mañana, sobre las cuatro y media. Practico meditación y yoga a esas horas porque el ritmo de mi cuerpo me lo pide así. A mí no me pongas a hacerlo a las nueve de la noche porque no me va.

A Cecília le gusta levantarse sobre las cuatro y media de la mañana para meditar.
A Cecília le gusta levantarse sobre las cuatro y media de la mañana para meditar. / Damián Torres

-¿Ha transmitido a la familia, a los amigos, esa práctica?

-Siento que de alguna manera contagias, y mis hijas, por ejemplo, han pasado por diferentes periodos. La pequeña desde muy temprana edad lo ha hecho y todavía ahora se levanta conmigo, medita un rato y luego se vuelve a acostar. La mayor, que está en plena adolescencia, ha tenido épocas en las que lo ha hecho y otras en las que no quiere saber nada. Mi marido también.

-¿Como familia les ha cambiado?

-Eso se lo debería preguntar a ellos, pero yo creo que sí.

-Porque si hablamos de familia, la crianza nos pone muchas veces a prueba.

-Sí, lo puede decir, en situaciones límite. Por ejemplo, la adolescencia es muy dura para ellos, pero también para los padres, porque nos ponen en cuestión continuamente, un proceso natural y al mismo tiempo un choque de trenes. Y a mí la meditación me ha servido, me ha dado tranquilidad.

-Así que en su casa no hay gritos.

-No soy de gritar mucho, es cierto, creo que con una mirada se me entiende bastante bien, pero de vez en cuando nuestra hija mete un grito, sí. Hay que permitirlo, porque es la expresión de una emoción, otra cosa es que se convierta en un sistema de relación en la familia. Eso claro que no.

Una espina clavada

Afrontar la vida con naturalidad

Exhibe Cecília Gelpi esa serenidad de quien acepta las cosas que le toca vivir. «Por eso no experimento la sensación de tener ninguna espina clavada», sentencia. Cree que ha atravesado cada acontecimiento «como sentía que tenía que vivirlo», y piensa que, al menos en lo que se refiere a su contribución a la sociedad, está «tranquila y contenta».

-Vayamos hacia atrás. ¿Por qué se decantó por la psicología?

-Porque realmente sentía que quería reducir el sufrimiento de la gente. Veía situaciones desiguales, injustas, que provocaban angustia. De hecho mi madre me decía que tenía que ser maestra pero yo lo tenía muy claro.

-Hay veces en que suceden cosas en nuestra vida que nos obligan a cambiar de rumbo. ¿Fue su caso cuando se metió en el mundo de la meditación?

-Yo llevaba muchos años trabajando en temas sociales, de cooperación internacional, siempre atendiendo a las personas. A base de escuchar, de vivir con ellas lo que estaban pasando, te va llegando a ti. Y un día dije: «Esto es demasiado».

Cecília se dedica a la psicología para tratar de reducir el sufrimiento de la gente.
Cecília se dedica a la psicología para tratar de reducir el sufrimiento de la gente. / Damián Torres

-¿Cómo le cambió a usted como persona?

-Yo creo que me dio una paz interior que no tenía, la de estar tranquila, porque me ayuda a vivir y a experimentarlo todo de otra manera.

-¿Incluso las experiencias más duras?

-Por supuesto. Me ha ayudado sobre todo a no identificarme y a no meterme dentro de lo que estoy viviendo. No lo sufres, sino que adoptas el papel de observadora. Tanto lo bueno como lo malo. No hay una receta mágica, por supuesto, que con ocho sesiones ya está, sino que se trata de una filosofía de vida. Siento que a mí me ha dado la capacidad de poner el foco en lo realmente importante.

-¿En qué momentos, lugares, situaciones, dice: «Que se pare el mundo»?

-Cuando veo que hay una disminución del sufrimiento humano, durante una comida con amigos, una charla con mi hija pequeña, al ver cómo les revierte en una tranquilidad interior. Y dices: «Esto vale la pena».

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