La casa de Rafael Sánchez

Rafael Sánchez, con una sudadera de su firma.
Rafael Sánchez, con una sudadera de su firma. / damián torres

Las constantes alusiones al mundo de la moda caracterizan una casa bañada por la luz de Ruzafa. Tras sus viajes profesionales por Europa y América, el diseñador afrontó una afortunada reforma

MARÍA JOSÉ CARCHANOvalencia

Junto al retrato de Kate Moss con la nariz anillada, a punto de salir a pasarela en el backstage del desfile de Vivienne Westwood, figura una foto muy especial. Corresponde a una publicidad de Steven Meisel y en ella cuatro modelos miran a cámara en Central Park. Van vestidos con tejanos y camisas estampadas diseñadas por el hombre sonriente e inquieto que acaba de abrirme la puerta. Se trata de Rafael Sánchez, diseñador, director creativo y amante de lo bello y singular. Su casa, situada en el corazón del barrio de Ruzafa y repleta de alusiones al mundo de la moda, fue su vivienda durante los primeros años de estudiante en la Escuela de Artes y Oficios. «Cuando terminé conseguí una beca para estudiar en la Domus Academy de Milán. Mi primer trabajo fue con Dolce & Gabanna diseñando las colecciones de ropa interior», explica, y a continuación muestra el calzoncillo negro enmarcado con goma en la cintura que homenajea aquella primera colaboración.

Después de Milán se instaló en Londres para trabajar con Vivienne Westwood. Pasó allí seis años y se encargó de la dirección artística de la revista ‘Vanidad’; luego se fue con Francis Montesinos a Cuba e hizo el vestuario del ballet ‘El lago de los cisnes’; recaló más tarde en Bolonia para incorporarse a una empresa de bordados que trabajaba con Valentino o Jean Paul Gaultier, y terminó en Los Ángeles como diseñador de una firma de tejanos. Cuando recaló de nuevo en Valencia para volver a trabajar con Montesinos llevó a cabo la reforma de la casa. «El techo estaba de origen. Saqué la base de cañas y escayola y lo dejé al natural con la idea de respetar la esencia. Si salía una grieta no la tapaba. Lo toqué lo menos posible, lo barnicé y coloqué estas lámparas antiguas», explica.

El techo, con la base de cañas y escayola al aire libre, se ha convertido en elemento diferencial

A continuación cambió la distribución para dar espacio a la zona del salón y la cocina, ganando amplitud y luminosidad por los dos extremos. Por el camino incorporaba todas las cosas que le gustan: un retrato de Alberto García Alíx, una obra pintada sobre cartón de Manolo Rodríguez, una foto del Ché de Alberto Korda que compró en Cuba, un cuadro de la primera serie de Ana Vernia... Una de las paredes está dedicada a los años 80 y de ella pende una obra de Ouka Leele, una instantánea de su primer desfile con Sybilla y otra del desfile de Montesinos en Las Ventas. En un marco reposa el primer dibujo que hizo para Dolce & Gabbana y que ilustró una colección de camisetas para verano, mientras que una muñeca que representa a Lola Flores se erige dentro de una urna de cristal junto a algunos bocetos de la colección que elaboró inspirada en ella. «La mesa de comedor la hice yo mismo con unos tablones que encontré en el chalet. La vitrina es antigua y el mueble bajo de madera de los años 50 lo compré en internet», detalla.

Recorrer la casa de Rafa Sánchez es pasear por sus vivencias y pasiones. En su estudio se gesta el proyecto al que ahora dedica todo su tiempo, una colección de prendas de streetwear que ha diseñado junto a un amigo y que están a punto de lanzar. «Se llama Nocturne, son básicos para hombre y mujer que hemos reinterpretado desde nuestro punto de vista».

La luz del mediodía invade el salón desde dos grandes ventanales que ofrecen una bonita perspectiva del barrio. El reencuentro con Ruzafa le produjo grandes satisfacciones. «Estuve a punto de vender la casa cuando vivía fuera y el barrio pasaba por horas bajas. Me gusta cómo ha evolucionado. La calidad de vida y estar cerca de la familia es lo que me ha impulsado a quedarme en Valencia».

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