La casa de Marie-Lou Desmeules

La casa de Marie-Lou Desmeules
Juan J. Monzó

La terraza de inspiración teatral, obras propias en cada rincón, una atmósfera transfresora y abundantes plantas. La artista canadiense ha encontrado la felicidad en el corazón de Valencia

ELENA MELÉNDEZ

La obra de Marie-Lou Desmeules llena las paredes de su hogar e impregna el espacio de una atmósfera transgresora que contrasta con el ambiente relajado de la casa. Artista plástica, fotógrafa, escultora, dj ocasional y en el presente formándose como acupuntora, la vida de esta mujer inquieta nacida en Quebec y afincada en Valencia por amor está marcada por su instinto creativo. «Esa obra es una performance en vivo hecha en Estrasburgo en una residencia. Es un tatuador con cabeza de cerdo, me gustan mucho los detalles. Ese es Andy Warhol realizado encima de mi marido», me explica delante de las impactantes piezas. Sigo tras ella el recorrido por la vivienda que nos lleva hasta una pintura inspirada en Eva Mendes, otra en Isabella Rosellini, una foto de su suegro convertido en Gadafi y otras obras inspiradas en Eminem, Marilyn Manson, Karl Lagerfeld o un mix entre Madonna y Berlusconi. «En estas cirugías plásticas trabajo con papel de cocina, pintura, pelo, masa de pan, acrílico, spray, barniz… Intervengo sobre las personas y luego hago la foto. A veces es gente cercana a mí y a veces modelos. No hay reglas, es más importante la energía que la estructura del rostro», confiesa.

La casa la encontraron en Internet. Dieron con un anuncio que rezaba: «Chalé en Ruzafa». Llamaron pese a que creían que se trataba de una broma por lo poco habitual de la oferta. Cuando la visitaron, Marie-Lou y su marido tuvieron claro desde el primer minuto que habían dado con el que sería su hogar. «La estructura es la que estaba. Me gusta mucho este balcón con la barandilla curva, es muy teatral y me recuerda al ambiente de Romeo y Julieta. Además, yo tengo fascinación por las plantas y aquí ellas tienen su espacio». La intervención que llevaron a cabo se ha basado en decoración, pintura, convertir en blanco lo que antes era gris, llenar de vida al jardín y, en definitiva, «darle un aire fresco».

La vida social se centra en la cocina, cuyos muebles se desplazan con ruedas

A Marie-Lou le gusta rodearse de arte, de cosas raras, bizarras, que tengan una parte que dé miedo y otra divertida, de objetos que produzcan alguna emoción. En la casa hay algunas piezas del rastro, una gran mesa en cristal y hierro de la firma de muebles propiedad de la familia de su marido, sillas tapizadas por Patrice, un restaurador francés que vive en Valencia... Cuando le pregunto por algún objeto singular me muestra dos: un altavoz antiguo de madera maciza hecho de manera artesanal en Quebec, regalo de un grupo de amigos de Canadá, y una escultura de Madagascar que recibió como presente en su boda.

Gran parte de la vida social de la casa tiene lugar en torno a una cocina de curioso diseño, con los muebles repartidos en módulos movibles gracias a unas ruedas integradas. «Como nos gusta mucho recibir a amigos, podemos trasladarla por toda la casa o la terraza. Me encanta cocinar y me gusta experimentar con alimentos que no suelen gustar mucho a la gente, como por ejemplo la coliflor. Siempre improviso».

La artista vive en la ciudad desde hace seis años y lleva tres en este pequeño oasis de Ruzafa. A su marido, que es valenciano, lo conoció en Berlín, donde residió casi una década. «Alemania es muy distinta de esto, allí básicamente vivía de noche. Aquí se vive fuera, mientras que allí estás más en el interior. De Valencia me gusta por supuesto el clima, pero también el hecho de que te puedes tomar tu tiempo para hacer las cosas».

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