La casa de Mariano Moret y Emilio Jimena

Jesús Signes

Construída en una antigua alquería musulmana, la vivienda permaneció cerrada durante más de un siglo y gracias a ello preservó toda su esencia. Los dueños, un coleccionista y un artista, sienten que Puçol es Marrakech

ELENA MELÉNDEZValencia

El tiempo se detuvo en nuestra casa de hoy. «Lo bueno de ella es que, como permaneció cerrada más de cien años, estaba casi intacta, hecha polvo y llena de mugre, pero con los elementos estructurales de origen», explica Mariano Moret como primera aproximación al hogar que comparte cerca de Puçol con Emilio Jimena. Dieron con ella en el año 2000. La manzana en la que se integra era una antigua alquería musulmana y la superficie de la vivienda comprende tres casas juntas. Primero compraron la parte de abajo, luego la de arriba y más tarde el lateral. «Lo hemos ido integrando. De origen era una única casa, pero fueron haciendo particiones. Estos muros datan de la época árabe, las vigas son antiguas, aquellos azulejos góticos son originales de la vivienda del siglo XV...», dice mostrando las piezas expuestas. Una selección cerámica ampliada con adquisiciones en subastas.

Mariano se confiesa un fanático de las antigüedades y le gusta mucho combinar cosas con historia, como un mueble comprado en Houston con una pieza franciscana, cerámica china, japonesa, cerámica alemana de los años 40 y 50 o piezas de Manises. Mariano es coleccionista; Emilio Jimena, artista. Juntos fundaron el estudio Bomarzo, con el que llevan años creando escaparates de grandes tiendas en Valencia y en ciudades como París o Nueva York. «Son pequeñas obras de arte, los llamamos arquitectura efímera», describe Emilio. La gran pasión de Mariano es la colección de grabado antiguo formada por quinientas obras, que está considerada como la muestra más importante de España en su sector.

La última intervención en la casa la terminaron hace unos cinco meses. Hicieron la piscina nueva, una suerte de alberca que sirve para bañarse y también como elemento decorativo. Además, unieron los dos patios, pues querían recuperar la volumetría de la casa y los materiales originales. «Las arcadas estaban, la puerta también, se han podido rehabilitar los elementos de origen. La rehabilitación está tal cual estaba: una zona de hall, una de salón, cocina-comedor... Aquí tenemos un espacio polivalente con la colección de azulejos que también utilizamos para reunirnos con los clientes que vienen». Les gusta combinar lo muy antiguo con lo moderno, también ubicar las antigüedades de forma contemporánea, pocas cosas y muy bien colocadas. «Contamos con la experiencia de muchos años haciendo escaparates o bodegones para catálogos, tenemos intuición para situar las piezas».

La casa pertenecía a una familia de carpinteros. Un pasado que ha dejado su huella en forma de puertas trabajadas y elementos en madera especiales. La escalera que sube a la primera planta estaba inutilizada y al piso de arriba se accedía por una portezuela exterior. En esta altura se ubica la amplia habitación principal y una zona de estar. Tras el cabezal de la cama han dejado el hueco por donde se comunicaban las dos casas, que además les sirve de lucernario. En la última planta está el despacho y la zona de biblioteca.

La pasión por lo antiguo se refleja en cada rincón

El gran protagonista estival es el patio mediterráneo, donde han incluido estatuas romanas junto a la alberca y una habitación mora para la siesta o leer. Lo que más les atrae de la vivienda son las perspectivas y la asemejan a una casa de Marrakech, con una sencilla pared encalada que no llama la atención ni da pistas sobre la amplitud interior, espacios despejados donde se impone el menos es más. «La gente me dice: ‘Para gustarte tanto el arte hay pocos cuadros colgados’. Y es cierto. Como estoy todo el día viendo catálogos y estudiando piezas, en casa me apetece desconectar», revela Mariano.

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